Detalle de cubierta de 'Desaparecer'
`Desaparecer': alegoría de la identidad rusa en fuga
La escritora rusa disecciona la violencia del poder y la responsabilidad individual ante la guerra
La publicación de Desaparecer, de María Stepánova representa un acontecimiento crucial dentro de la literatura contemporánea del exilio. En un momento histórico marcado por el desplazamiento forzado de intelectuales rusos tras la invasión de Ucrania en 2022, la voz de la poeta y ensayista rusa emerge como una de las más lúcidas y desafiantes. Abiertamente opuesta al régimen de Putin y a la violencia de Estado que sustenta su proyecto imperial, transforma su escritura en un espacio de interrogación ética, donde el lenguaje se vuelve la última frontera de la responsabilidad individual.

Traducido por Jorge Ferrer
Acantilado (2025). 152 páginas
Desaparecer
La novela se articula en torno a M., una escritora exiliada en Berlín que comparte numerosos rasgos biográficos con la autora. Intelectualmente inquieta y analítica, M. encarna la tensión de quien no puede escapar de su origen sin cargarlo consigo. La trama, en apariencia sencilla, se inicia cuando la protagonista viaja a un festival literario en Escandinavia. Sin embargo, una serie de percances –cancelaciones de trenes, pérdida de contacto con conocidos, agotamiento de la batería del teléfono– la deja varada en la ciudad fronteriza de F. (Flensburg). A partir de ese accidente trivial se desencadena su «desaparición», tanto física como simbólica.
El argumento, deliberadamente mínimo, funciona como catalizador de un proceso introspectivo. La verdadera acción se desplaza del plano externo al interior del pensamiento de M., donde se libra una batalla moral y lingüística. La escritora se pregunta hasta qué punto lleva dentro de sí la violencia de su país: «¿Qué parte de la bestia habita en mí?», parece interrogarse en cada página. Esa «bestia», nunca nombrada directamente, se erige como metáfora central. No designa solo al presidente o al aparato estatal, sino a una fuerza arcaica y colectiva –un Leviatán hobbesiano– que encarna la corrupción del poder y la deshumanización que la guerra engendra. La elusión de nombres concretos –ni Rusia, ni Ucrania, ni Putin aparecen– no responde a la ambigüedad, sino a una estrategia poética. Stepánova opera por desplazamiento y alusión: el mito sustituye al referente político, y la bestia reemplaza el lenguaje oficial. Así, Desaparecer se inscribe en una tradición que combina alegoría moral y reflexión existencial, recordando tanto a Kafka como a los relatos de exilio de Brodsky o Nabókov.
En el trasfondo de la novela late la cuestión de la responsabilidad. Para Stepánova –y para M.– no basta con declararse disidente para liberarse de la culpa colectiva. El hecho de ser rusa se convierte en una marca indeleble que el exilio no logra borrar. La autora es consciente de que, ante los ojos del mundo, seguirá siendo parte del «nosotros» nacional, ese sujeto colectivo al que ahora se asocia con la agresión y el totalitarismo. Desde esa posición ambigua, M. se ve forzada a explicar lo que sucede en su país, como si cada palabra escrita por una autora rusa en el extranjero debiera servir de testimonio o alegoría del colapso moral de la patria. Stepánova denuncia así la imposibilidad de la vida privada para el escritor ruso contemporáneo: incluso el silencio se vuelve político.
El extravío de M. en Flensburg, más que un accidente, se convierte en un gesto de resistencia. Al quedar desconectada del mundo –sin teléfono, sin destino, sin público–, experimenta una forma de libertad inesperada. La desconexión le permite suspender los papeles que la definen: el de escritora, el de exiliada, el de portavoz involuntaria de un país que la avergüenza. Por un breve instante, M. puede dejar de ser «rusa» para simplemente desaparecer.
Esa fuga alcanza su punto culminante cuando M. se incorpora, casi por azar, a un circo ambulante. El episodio, de tono surrealista, opera como metáfora del desdoblamiento identitario: la pista del circo deviene escenario de metamorfosis, donde la protagonista abandona su nombre y su biografía. Stepánova recurre a la imaginería del espectáculo y del disfraz para mostrar cómo el sujeto exiliado busca reinventarse a través de la ficción. Sin embargo, la liberación es efímera: incluso en el exilio, la «bestia» reaparece bajo nuevas formas, en el lenguaje, en los objetos, en los signos triviales de la vida cotidiana. Un simple nombre de hotel o una carpa de circo pueden evocar la maquinaria propagandística de la patria perdida.
Desaparecer es una reflexión sobre el exilio, y también sobre el acto mismo de escribir. Stepánova, reconocida por su maestría poética, convierte la lengua en un territorio en disputa. M. percibe que cada palabra está contaminada por la violencia del contexto: el idioma ruso, antaño refugio espiritual, se ha transformado en campo minado. Nombrar equivale a exponerse; callar, a ser cómplice. De esa tensión surge una escritura fragmentaria y a veces errática, donde el ritmo poético intenta resistir la corrupción del sentido.
La brevedad de la novela no resta densidad a su propuesta estética. Su economía narrativa potencia la intensidad reflexiva. Stepánova combina un tono lúdico y una estructura alegórica con una hondura ética poco común en la narrativa actual. Su estilo –a medio camino entre el ensayo, la prosa poética y la fábula moral– permite que lo político se filtre a través de lo íntimo, y que lo íntimo adquiera resonancia universal.
Desaparecer puede leerse como un testimonio sobre la fragilidad del yo frente a la historia. En el exilio, la identidad deja de ser una pertenencia y se convierte en una carga que se intenta soltar sin éxito. Pero también es un libro sobre el poder de la palabra: sobre cómo la literatura, incluso en tiempos de oscuridad, puede seguir siendo un acto de resistencia. Stepánova demuestra que escribir –en ruso, en el exilio, en medio de la vergüenza colectiva– no es una huida, sino una forma de asumir la responsabilidad moral del testigo.
En un panorama donde la guerra ha reconfigurado el mapa cultural europeo, Desaparecer se erige como una obra indispensable para comprender el nuevo marco ético y estético de la literatura rusa del exilio. Su lectura revela cómo, ante la imposibilidad de hablar en nombre de una nación, todavía es posible hablar desde la conciencia individual, aunque ello implique, paradójicamente, desaparecer.