Batalla de Moscú (1812)
Que no fue el invierno, que fueron los rusos
Dominic Lieven desmonta todos y cada uno de los mitos en torno a la guerra de Rusia contra Napoleón. Un importante ensayo de historia militar de una solvencia difícil de igualar
Todos los temas históricos cuentan con una amplia colección de tópicos, errores y, a grandes rasgos, inexactitudes y generalizaciones que no favorecen el conocimiento histórico, sino, más bien, la perpetuación y propagación de bulos. Que si los romanos luchaban en testudo, que si en la Edad Media la gente no se lavaba, que si la Inquisición mató a Galileo, que si el oro azteca de Tenochtitlán robado por Cortés (que, como todo el mundo de cierta edad sabe, caería en manos de la tripulación de la Perla Negra), que si la Guerra de Independencia de los Estados Unidos fue una lucha de la libertad contra la tiranía, etc. Tópicos, tópicos y más tópicos. Por supuesto, las Guerras napoleónicas tampoco se libran de ellos. No sólo se ha pasado por alto que las guerras de 1792-1815 fueron el último ejemplo del gran conflicto que, a lo largo de todo el siglo XVIII protagonizaron Inglaterra y Francia por la hegemonía mundial. Además, se han aquilatado tópicos especialmente manidos como el de que «a la Grande Armée la venció el invierno en la campaña de 1812». Este tipo de afirmaciones osadas y no contrastadas no aguantarán el embate del recientemente publicado en español Rusia contra Napoleón. La batalla por Europa (1807-1814), que la editorial Acantilado ha tenido a bien acercar al público hispanohablante dieciséis años después de su publicación en inglés (lo que manifiesta la vigencia del contenido, y, de paso, el desfase de la historiografía española al respecto). Así, señala Dominic Lieven, «Tolstói abonó las interpretaciones occidentales de 1812, según las cuales la derrota francesa se debió a las nevadas o al azar. Que su novela concluya en Vilna en diciembre de 1812 también ha contribuido en buena medida a que tanto rusos como extranjeros olviden el inmenso logro de Rusia en 1813-1814, cuando no solo consiguió que su ejército cruzase toda Europa hasta París, sino sobre todo derrotar a Napoleón».

Traducido por José Manuel Álvarez-Flórez
Acantilado (2025). 928 páginas
Rusia contra Napoleón. La batalla por Europa (1807-1814)
Por ejemplo, si fue el «General Invierno» quien venció a Napoleón ¿qué fue lo que ocurrió en Borodinó, a comienzos del mes de septiembre de 1812? Es cierto que la victoria cayó del lado francés, pero Kutúzov y Bagratión pusieron en serios aprietos a Napoleón, quien ordenó, quién sabe por qué, un ataque frontal contra las fuerzas rusas impropio de sus tácticas. ¿Cabe la posibilidad de que el ejército ruso, sus generales, y su autocrático zar no fueran tan incompetentes como la historia los ha presentado? ¿Acaso es posible que los franceses hubieran sido vencidos por los rusos, y no por el invierno? Tal parece. O así, al menos, lo presente magistralmente el gran especialista del período, Dominic Lieven. Este consumado historiador, entre cuyas obras se encuentra la coordinación del The Cambridge History of Russia. Vol. 2: Imperial Russia, 1689-1917, despliega unos conocimientos abrumadores, antes los que sólo cabe anonadarse, abrocharse el cinturón y disfrutar del paseo.
En sus más de novecientas páginas, Lieven presenta una obra que va más allá de la mera historia militar, de la sola «pieza de batalla», y donde relaciona todos los datos averiguables en pro de la exposición de una historia total. Los dos primeros capítulos, «Introducción» y «Rusia como gran potencia» son magistrales, una perfecta síntesis de las relaciones internacionales europeas a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, con especial hincapié en el papel jugado por el Imperio ruso. En el tercer capítulo, «La alianza ruso-francesa», con el Tratado de Tilsit de 1807 como centro gravitacional y sus principales consecuencias para el Imperio de Alejandro y su economía, A partir del cuarto capítulo, con «Los preparativos de la guerra», Lieven se va adentrando con creciente profundidad en las cuestiones militares de la campaña francesa contra Rusia ya desde 1808, llegando hasta 1812 en el quinto capítulo, «La retirada», donde el autor revaloriza el genio estratégico de Alejandro I y el plan retroceder de las fronteras occidentales del Imperio para internarse en Rusia. En el capítulo sexto, «Borodinó y la caída de Moscú», continuado por el capítulo séptimo, «El frente interno en 1812», el autor se focaliza en el desempeño del ejército ruso en y desde la importante batalla de septiembre de 1812. A partir del capítulo octavo, «El avance desde Moscú», se llega a un punto de inflexión en la narración de los hechos militares, donde el ejército ruso ya no es perseguido, sino perseguidor desde el interior de su vasto país hacia las fronteras occidentales, pisando los talones de la Grande Armée. En los capítulos noveno a decimocuarto, Lieven presenta una muy necesaria revisión histórica de la Guerra de la Sexta Coalición, sobre todo de las batallas acaecidas entre 1813-1814 y el importante papel de Rusia como líder de los aliados hasta empujar a Napoleón a la rendición en una París cercada, en abril de 1814.
Finalmente, una ponderada conclusión resalta precisamente el protagonismo ruso en la derrota de Napoleón, donde el autor sentencia: «una de las principales razones por las que Rusia derrotó a Napoleón fue que sus dirigentes fueron más listos que él», y añade«Es decisivo comprender que Alejandro y Barclay de Tolly plantearon de buen principio una guerra larga, y fueron conscientes de que se iniciaría con una campaña en suelo ruso que agotaría a Napoleón, pero terminaría con un avance ruso a través de Europa y la movilización de una nueva coalición de fuerzas antinapoleónicas».
Merece una especial mención el inmenso conocimiento y la personalización/caracterización que despliega Lieven sobre los grandes personajes políticos y militares de la corte de Alejandro: Aleksandr Kurakin, Nikolái Rumiántsev, Dmitri Lobánov-Rostovski, Karl von Nesselrode, Aleksandr Chernishev, Mijaíl Speranski, Levin von Bennigsen, Fiódor Uránov, Serguéi Volkonski, Piotr Tolstói y un largo etcétera, por supuesto sin olvidarnos de los archiconocidos Mijaíl Kutúzov y Piotr Bagratión.
«No es difícil entender por qué Rusia luchó contra Napoleón, pero cómo lo hizo y por qué ganó son preguntas mucho más interesantes y esenciales, y para responderlas es imprescindible demoler ciertos mitos muy afianzados». En este libro, no quepa duda de ello, todos esos mitos afianzados son definitivamente despejados a través de una labor histórica modélica merecedora de cuantos premios se otorguen a su autor. Una obra imprescindible para la historia de las guerras napoleónicas.