Cubierta de 'Tecnocrácia y desvinculación'
'Tecnocracia y desvinculación': una brújula para encontrar sentido a la educación
Análisis crítico sobre los cambios que están acaeciendo en el nuevo entorno digital. Claves para evitar la falsa dicotomía entre tecnofilia y tecnofobia
La perfección de los medios y la confusión de los fines parecen caracterizar nuestra época. Este aserto de Einstein caracteriza también nuestro escenario digital y se convierte en una llamada para el discernimiento filosófico de nuestra circunstancia. La confusión de los fines equivale a la pérdida del sentido y, en las situaciones de desorientación, se precisa sacar la brújula.

Teell Editorial (2024). 270 páginas
Tecnocracia y desvinculación. Descuidos éticos del universo digital
Sócrates nos invitó a cuidar el sentido de la existencia y Agustín Domingo –dedicado desde hace tiempo a la ética del cuidado– desarrolla en esta obra un diagnóstico del presente observando un decálogo de descuidos éticos de la ciudadanía digital: la educación, las virtudes, el alma, la intimidad, la capacidad de preguntar, el discernimiento, el amor, el profetismo, la ética civil y la vinculación. El común denominador de todos estos descuidos es la persona, comunitaria por naturaleza.
Las páginas de esta obra rezuman intensidad. Son reflexiones a ras de la vida cotidiana de las instituciones sociales (la familia, la escuela, la Iglesia, el Estado, etc.), pero que nos llevan a la médula del sentido íntimo de cada una de ellas para orientarnos hacia los olvidos de lo esencial, que se traducen en descuidos de su sentido originario. Me atrevo a calificar sus análisis como raciocordiales porque van de la vida a la razón y de la razón a la vida. Es una filosofía de la vinculación que invita a la creación de una sociedad civil responsable ante lo que pasa y de lo que le pasa, es decir, una sociedad esperanzada que no solo se pregunta ¿qué va a ocurrir?, sino ¿qué queremos que ocurra? Creo que la pregunta esencial para el cuidado de nuestras sociedades es la que nos interroga acerca del mundo que queremos construir. Si descuidamos esta pregunta, que es tanto como despojarnos del poder de controlar el porvenir, otros poderes, como la tecnocracia, ocuparán el lugar de nuestras decisiones.
Agustín Domingo incita a recuperar el rol de cada persona como agente, actor y autor de la vida en el universo digital que nos ocupa y preocupa. Las páginas de este libro son una hermenéutica. ¿No es la persona que cuida del sentido un hermeneuta de la realidad? El pórtico de este libro lo encabeza el siguiente título: repensar el sentido y sentir de la acción humana. Se transita, sin forzar el discurso, de la ética del cuidado a la ética de la justicia y no cae en descripciones catastrofistas; más bien, busca despertar la necesidad del cuidado de la interioridad para la revolución social.
Y es que los verdaderos cambios sociales serán personales, o no serán. En un contexto en el que se habla poco de las virtudes, Agustín Domingo muestra que, desde ellas, construimos una ética del cuidado diligente sobre la que asentar una ética de la responsabilidad solidaria, es decir, superadora de la desvinculación en sociedades que deben aspirar a superar el amor líquido. Esta obra es de lectura obligada para educadores que no hayan renunciado a la radicalidad de la tarea educativa.
Moratalla se refiere a diez retos éticos, que no son exclusivos de los educadores, más bien tarea global de una sociedad que se siente cohesionada: superar la brecha digital, la infoexclusión, transformar el tejido institucional, etc. Advertir del riesgo de la tecnocracia no es sinónimo de tecnofobia, sino señalar que el uso de las tecnologías de la información –como de cualquier tecnología– no es moralmente neutro. A lo largo de toda la obra, y especialmente en los últimos capítulos, se insiste en la tradición del humanismo cristiano y la necesidad de insuflar una nueva fuerza a un laicado maduro, con presencia pública, que se convierta en levadura en la masa. A colación de ello, nos recuerda la raíz cristiana de la ética civil, haciendo un balance de la misma en las últimas décadas.
En definitiva, estos ensayos nos invitan a recuperar la cordura social, superando polarizaciones, cultura de la cancelación, etc., para reconstruir una ciudadanía madura, digital pero moral, y que supere el olvido ético de la fraternidad. Agustín Domingo nos facilita una hoja de ruta desde los valores del personalismo cristiano, con una brújula que apunta hacia el sentido inmanente y trascendente del quehacer cotidiano. El cuidado de sí es parte integral del cuidado del otro y, por tanto, del nosotros comunitario. Un verdadero programa para la vinculación digital o analógica, pero contando con una ciudadanía soberana, precavida ante el riesgo de la tecnocracia.