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Cubierta 'El Atlas rojo'

Cubierta 'El Atlas rojo'

'El Atlas rojo': un reflejo de la mentalidad de la Guerra Fría

El proyecto cartográfico soviético revela las prioridades operativas de la URSS y el peso de la información geográfica en el equilibrio de poder

El Atlas rojo. Los mapas soviéticos del estrecho de Gibraltar es una ambiciosa obra en la que su autor, geógrafo de formación y experto en infraestructuras de información del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, analiza la representación cartográfica del Estrecho. Y lo hace desde una doble perspectiva: como imagen histórica del territorio y como instrumento geopolítico de primer orden. El resultado es una monografía que trasciende el ámbito de la cartografía para adentrarse en la historia, la tecnología, la inteligencia y la estrategia militar.

Cubierta de 'El atlas rojo'

Instituto de Estudios Campogibraltareños (2026). 186 pÁGINAS

El Atlas rojo. Los mapas soviéticos del estrecho de Gibraltar

Agustín T. de Villar Iglesias

En las primeras páginas se repasa la evolución de la imagen cartográfica del Estrecho desde la Antigüedad hasta el siglo XX, mostrando cómo este espacio ha sido objeto de atención por parte de civilizaciones e imperios. Se comprende así una de las ideas centrales del libro: los mapas no solo describen la realidad geográfica, sino que reflejan las prioridades estratégicas y las relaciones de poder de cada época.

Otra idea clave que transmite el autor es que la cartografía nunca ha sido una ciencia neutral. Por el contrario, la información geográfica aparece como una herramienta esencial para la planificación, la defensa, el control territorial y la proyección del poder. Esta reflexión constituye el hilo conductor que permite interpretar la extraordinaria empresa cartográfica soviética, a la que se dedica el resto del libro.

El núcleo de esta obra corresponde al proyecto cartográfico soviético desarrollado entre 1950 y 1990, conocido como Atlas Rojo. El autor describe una de las mayores empresas de recopilación de información geográfica de la historia: más de un millón de mapas producidos de forma reservada.

Frente a la cartografía elaborada por otras potencias, la soviética se distingue por su exhaustividad, la utilización de múltiples escalas y un grado de detalle excepcional. El área del Estrecho aparece representada en siete escalas diferentes, entre 1:1.000.000 y 1:10.000, en el caso de las series urbanas militares. A ello se suma uno de los sistemas de simbología y anotaciones más completos concebidos, con mapas impresos con hasta 12 colores. Otra curiosidad: la reproducción fonética de los nombres geográficos en escritura cirílica.

Particularmente revelador resulta el análisis de las hojas dedicadas a Gibraltar, Algeciras, La Línea y Tánger. En ellas se representan infraestructuras críticas, redes de transporte, instalaciones industriales, objetivos militares y elementos tan específicos como los cables submarinos en el entorno de la ciudad de Gibraltar, indicando incluso sus destinos. En este punto, se echa en falta alguna referencia a las peripecias de los submarinos que atravesaron el Estrecho durante la Segunda Guerra Mundial.

Si nos fijamos en las ciudades, en los mapas se distingue entre barrios con predominio de estructuras resistentes al fuego y los que tienen edificaciones que no lo son. En el caso de Tánger, se anticipa el desarrollo urbano futuro. Del mismo modo, se cartografían estructuras singulares, como el sistema de captación de aguas pluviales del East Side gibraltareño.

La atención prestada a la funcionalidad portuaria, a las infraestructuras ferroviarias y a los llamados «objetos importantes» revela con claridad el carácter militar de esta cartografía. Aeródromos, estaciones de radio, centros de televisión, cuarteles o barracones aparecen identificados. La comparación de ambas orillas permite identificar tres lógicas estratégicas diferenciadas y complementarias: defensa activa y fortificación en Gibraltar, apoyo táctico y logístico en Algeciras, y control diplomático y logístico en Tánger.

Especial interés tienen los spravka, informes descriptivos de entre 2.000 y 3.500 palabras que acompañaban a determinados mapas y funcionaban como auténticos documentos de inteligencia geográfica. ¿Cómo consiguió la URSS toda esta información durante el franquismo? El libro plantea diferentes vías: ¿colaboraron los comunistas españoles?, ¿se sirvieron los soviéticos de la Guía Michelin?, ¿qué papel jugaron los buques soviéticos que hacían escala en puertos andaluces o canarios y los vuelos de Aeroflot para el relevo de sus tripulaciones?, ¿y el papel de los agentes ilegales y de los satélites?

La obra destaca también por su excelente soporte documental. La abundante bibliografía y la relación de fuentes constituyen por sí mismas una valiosa aportación para futuros investigadores. A ello se añaden 83 láminas, numerosas tablas y un anexo con 11 mapas comentados, elementos que enriquecen la lectura.

Los episodios relacionados con el espionaje, las dificultades de los cartógrafos soviéticos o los errores detectados en algunos mapas acercan el texto a un público amplio sin menoscabar su solvencia científica.

En definitiva, nos encontramos ante un excelente ejercicio de alta divulgación, capaz de combinar rigor científico, riqueza documental y capacidad narrativa. La monografía resultará de interés tanto para especialistas en geografía, historia militar o relaciones internacionales como para lectores no expertos atraídos por la dimensión estratégica del estrecho de Gibraltar. Al concluir su lectura, queda clara una idea fundamental: los mapas no solo describen el mundo, sino que también revelan cómo los Estados lo observan, lo interpretan y aspiran a influir sobre él.

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