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Cubierta de 'Guárdame el secreto'

Cubierta de 'Guárdame el secreto'Confluencias

‘Guárdame el secreto’: un pasado verdadero

Juan Ángel Juristo recupera el Madrid de la Transición sin cartón piedra ni nostalgia y convierte la exactitud en una forma de respeto al mundo

Hay novelas que reconstruyen el pasado como quien monta un decorado: farolas y coches de época o diálogos que nadie pronunció jamás. Guárdame el secreto hace justo lo contrario. Juan Ángel Juristo no recrea el Madrid que va de los años veinte a los setenta. Lo devuelve a la vida con una exactitud que sorprende. No hay cartón piedra ni filtro sepia, y tampoco esa nostalgia complaciente que convierte la miseria en postal. Hay olores, marcas de tabaco, tranvías, cafés desaparecidos, librerías que ya no existen y, sobre todo, gente: ambiciosa, cobarde, generosa a ratos y casi siempre contradictoria. La nostalgia está ahí, por supuesto, pero tamizada por un realismo que no perdona. El pasado no fue mejor. Fue distinto, y casi siempre más duro.

Cubierta de 'Guárdame el secreto'

Confluencias (2026). 240 páginas

Guárdame el secreto

Juan Ángel Juristo

La novela se construye en dos tiempos que se alternan como las dos manos de un pianista. En uno, un joven estudiante de Letras traba amistad con un hombre que le dobla la edad, antiguo combatiente, economista y físico aficionado, autor de una cosmogonía que se ha pagado de su bolsillo. En el otro, las voces de una familia van armando, a retazos, una historia que nadie quería contar del todo. De esa tensión entre lo que se dice y lo que se calla nace el título, y también buena parte de la emoción del libro.

Pocas veces se ha mirado el mundo literario con tanta lucidez. Juristo conoce sus luces: la librería como refugio, la tertulia que abre puertas, el deslumbramiento ante un poema leído a destiempo. Conoce igual de bien sus sombras: el narcisismo de las vanguardias, que se parecen demasiado a las sectas que dicen combatir, el autor que se paga su obra y la reparte entre amigos indiferentes, el folleto que duerme en el escaparate de una librería que solo lo aceptó por un favor, la eterna esperanza de ser leído y reconocido.

Una de las virtudes más singulares del libro es su amor por la precisión. Juristo entiende que las matemáticas y la literatura comparten una misma aspiración a la exactitud, una belleza que no depende del adorno sino de que cada elemento ocupe su lugar. El narrador lee un tratado de física como si fuera una novela, encuentra estilo en las fórmulas y jerarquías en las estrellas, y descubre que el teorema de Fermat puede tener la belleza de un soneto. Esa intuición, que la mejor literatura lleva siglos persiguiendo, recorre todo el texto y le da un equilibrio poco común. La precisión, sugiere Juristo, no es solo una virtud estética: es una forma de respeto al mundo.

La cultura está en cada página, pero nunca como exhibición. Pasan Rilke, Auden, Heidegger, Nabokov y Gadda, pero también Creedence Clearwater Revival, Dylan, Procol Harum, Schönberg o Stockhausen. La ciencia y la música, la clásica, el rock y la vanguardia más radical, conviven con naturalidad, como conviven en la cabeza de cualquier persona verdaderamente culta. Es la cultura de alguien que ha leído, escuchado y vivido mucho, y que no necesita demostrarlo.

Todo ello está sostenido por un estilo excelente. Juristo escribe frases largas, envolventes, de respiración casi proustiana, pero nunca pierde el pulso ni la claridad. Busca y encuentra la palabra justa, y de ella saca toda su belleza. Que nadie piense, sin embargo, en una novela solemne. Guárdame el secreto es también divertida, a ratos francamente cómica, porque su autor no olvida al lector ni su derecho a pasarlo bien. Las escenas de bar, los happenings frustrados y los profesores imposibles tienen un humor seco, muy español, que alivia y a la vez afila.

Bajo la risa está la crueldad del ser humano, que humilla al más débil por el simple placer de hacerlo, y la crueldad intrínseca de la vida: la guerra, la vejez, la enfermedad y la soledad de quien comprueba que su obra no le ha importado a nadie. Hay páginas sobre el final de la vida que estremecen por su sobriedad. Juristo no subraya, tampoco llora. Muestra, y eso es mucho más eficaz.

Guárdame el secreto es una novela sobre la memoria y sobre los libros que escribimos para no desaparecer. También sobre los secretos que sostienen a las familias y sobre la exactitud de los números, de las palabras y de una mirada que se niega a mentir sobre el pasado.

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