Cubierta de 'La niña y la robot'
‘La niña y la robot’: amistad, esperanza y robótica frente a la adversidad
Una emotiva novela juvenil que combina realidad social, misterio y ciencia ficción para reflexionar sobre la soledad, la inmigración, el valor de la amistad y la aceptación de las diferencias
«La noche en que se llevaron a mi papi había luna llena». El padre de Mimi, la protagonista de la novela, le había enseñado desde pequeña a ver la parte buena de las cosas; a creer que, con un poco de corazón, todo se arregla.
Mimi vive con este optimismo después del secuestro y desaparición de su padre, de quien poco más sabremos a lo largo de la historia. Mimi y su madre, testigos de cómo se lo han llevado unos hombres de negro, deben dejar su casa y mudarse a una habitación, compartir baño con el resto de los inquilinos, comer frío casi a diario y esconderse de su casero porque no tienen con qué pagar el alquiler.

Duomo (2026). 224 páginas
La niña y la robot
Ante esta situación, esta niña, aún pequeña, decide ponerse a arreglar pequeños aparatos electrónicos, recordando lo que le enseñó su padre. Su fin es ir ayudando en la economía familiar, aunque su mayor y casi único sueño es arreglar su familia. Por ello, quiere ahorrar e intentar encontrar un buen abogado que solucione sus problemas.
En esta novela vemos un claro caso de los niños semiabandonados, muy queridos por sus familiares, sí, pero que por variadas circunstancias de la vida pasan casi todo el día solos, vuelven del colegio y se encuentran la casa vacía, sin orden ni ley, y prácticamente tienen que sobrevivir y tomar sus propias decisiones.
En el colegio pasa algo parecido. Mimi siente o desea, al menos, llevar una capa de invisibilidad, pasar totalmente desapercibida. Por ello, evita toda conversación o relación innecesaria, incluso se evade de los que en un tiempo no muy lejano formaron su grupo de mejores amigos. Sin embargo, su triste y apagada vida va a dar un giro cuando la profesora de informática les comunica que el centro ha sido seleccionado para participar en el Premio de Robótica Asimov, una iniciativa en ingeniería robótica para encontrar a la nueva generación de profesionales y que, además, está dotada de un cuantioso premio en metálico.
Tras la oscura desaparición de su padre, nuestra pequeña protagonista ha construido una fuerte muralla en su corazón y se siente dentro tan segura que no desea derribarla. Sin embargo, para participar en el concurso, es necesario trabajar en equipo, aunque para ella el miedo de tener que volver a preocuparse por otros es tan grande que la paraliza por completo.
Vamos a encontrar en esta obra, como en muchas otras juveniles, la importancia tan grande del valor de la amistad, de ser comprendidos, de sentirse amados en el ambiente que rodea a los adolescentes, tan vulnerables hoy en día, tan desorientados en tantas ocasiones. Más en el tipo de sociedad que se nos presenta en estas páginas, ambientadas en Brooklyn, con unas familias inmigrantes, desestructuradas, en situaciones a veces muy difíciles; algo que también podemos apreciar mucho más cerca de nosotros en estas últimas décadas. A pesar de que en la novela no se hable de ello en ningún momento, se puede intuir la crítica soterrada a la situación que ha generado la inmigración; la más triste es la de niños que se crían solos ante la ausencia de sus padres, que trabajan de sol a sol para poder mantener a sus familias.
Mimi se siente tremendamente sola y por eso comprende a la perfección a un pequeño robot caído del cielo al que pretende ayudar para que encuentre a su familia y pueda volver a su mundo. Esta incursión en el mundo de la fantasía robótica permite a la niña trabajar con ahínco en sus sueños, buscar ayuda en sus antiguos amigos y volver a formar grupo, saliendo de su caparazón. Otro tema importante que deja poso con la lectura de la novela es el de la ya mencionada inmigración, pero vista a un nivel mayor: el que es diferente, no solo porque viene de otro lugar, sino porque no acaba de considerarse una persona de verdad o porque se ve reducido a una etiqueta. Por eso, la enseñanza principal de esta lectura es que lo diferente no tiene por qué ser malo. Mimi se da cuenta de que puede volver a ser feliz si aparta por un momento sus problemas y se comporta como una niña normal, dejando de lado su soledad, compartiendo sus problemas, que entonces se vuelven más livianos, y poniendo todos sus esfuerzos en ayudar a los demás.
La novela irá cogiendo visos de lectura de misterio y acción trepidante en los últimos capítulos. Mientras los chicos, como equipo, logran ir superando todas las fases eliminatorias del concurso, un agente federal los investiga y persigue por toda la ciudad, generando situaciones unas veces peligrosas, otras descabelladas.
La novela es muy fácil de leer, está dirigida a un público infantil-juvenil, con un vocabulario muy sencillo, pero también, cierto es, lleno de referencias a las últimas tecnologías y redes, algo en lo que están tan puestos los jóvenes de hoy. Yo la recomendaría a chicos de entre doce y catorce años, edad ideal para leerla y poder sentirse reflejados en algunos de los personajes.