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21 de abril de 2024

Alegría y euforia en la victoria de España en el Mundial femenino de fútbol

Alegría y euforia en la victoria de España en el Mundial femenino de fútbolAFP

Preguntas y respuestas que aclaran el cada vez más incomprensible conflicto en la selección española femenina

Hace un mes exacto, el 20 de agosto de 2023, la selección española femenina ganó el Mundial de fútbol. Aquel triunfo supuso una de las grandes hazañas del deporte español en los últimos años, pero tan solo un mes después nadie habla de ello.
El combinado nacional está ahora sumergido en una enorme tensión con dos partes muy enfrentadas. Por un lado la Federación, ya sin Rubiales y Vilda, pero con quienes estaban a su lado hace unas semanas. Por otro las jugadoras: 20 de las 23 convocadas mostraron su voluntad y deseo de no jugar con España.
El conflicto es total y con esa guerra abierta están las futbolistas concentradas (en Valencia y no en Madrid como es costumbre) para jugar dos partidos muy importantes, dos duelos que marcan el inicio para la clasificación a los Juegos Olímpicos del año que viene: juegan este viernes en Suecia y el próximo martes ante Suiza en Córdoba.
Pero, ¿qué es lo que de verdad pasa en la selección? ¿Qué piden las jugadoras? ¿Qué solución hay para este grave conflicto sin precedentes en el fútbol español? Analizamos todo lo que ocurre en la selección.

¿Desde cuándo viene el conflicto?

El origen de este asunto y de que haya 39 jugadoras españolas (20 convocadas actualmente en la selección) que no jugar con el combinado nacional se remonta a hace un año. No solo es este un tema exclusivo del beso de Luis Rubiales a Jenni Hermoso y de sus gestos obscenos y polémicas explicaciones.
Hay que irse a muchos años atrás, pero para resumir, al año pasado cuando 15 jugadoras se rebelaron para que la Federación echara a Jorge Vilda, meses después entrenador campeón del mundo. Oficialmente piden mejoras de profesionalidad, de mejor trato, de unas condiciones igualitarias...

¿Por qué esta renuncia masiva?

Teniendo en cuenta ese contexto, y tras los acontecimientos con Luis Rubiales, las 39 jugadoras renuncian porque consideran que la selección no es un «sitio seguro». Creen que en la Federación (la de antes con Rubiales, la de ahora con Rocha) hay una estructura que tiene comportamientos machistas o situaciones que no las respetan. Piden cambios y estructuras «que no tolere ni forme parte de hechos tan denigrantes» como los que dicen vivir a menudo en las concentraciones con España.

¿Cuáles son esos hechos «denigrantes»?

No se sabe. Las jugadoras no lo han indicado con claridad. No los especifican. Únicamente hablan de generalidades. Está claro que uno es el beso (defienden que no consentido) a Jenni Hermoso, pero no llegan a aclarar que es aquello que viven en la Federación que hace que no se sientan seguras. Son hechos que «no son algo puntual y van más allá de lo deportivo», dijeron, pero sin indicar ni uno de ellos en concreto.

¿Han renunciado a España?

Oficialmente no. No pueden. No se puede renunciar a jugar con España. Acudir a la llamada de la selección española (sea cual sea el deporte) es obligatorio. No es un derecho, es un deber. Lo que sí han hecho es mostrar su voluntad y su deseo de que no sean convocadas. No quieren jugar con España hasta que ocurran una serie de cambios que ponen como exigencias.
Pero renunciar como tal no pueden renunciar, de ahí que hayan tenido que presentarse a la convocatoria de Montse Tomé (nueva seleccionadora) una vez que las ha llamado. Ellas no querían ir y a diferencia de lo que ocurrió con las 15 que hace un año renunciaron (Vilda ni las convocó al saber que no querían ir) en este caso sí han sido convocadas y por lo tanto tienen que presentarse a esa concentración y jugar los partidos con España.

Y si no van, ¿qué pasa?

Si una futbolista es convocada y no acude a esa llamada (algo que esta vez no ha pasado, pese a su voluntad de no querer ir, precisamente para evitar la sanción) se expone a una multa puede ir desde los 3.006 hasta los 31.051 euros y, como castigo más importante, a perder la licencia federativa, sin la cual no se puede disputar ningún encuentro de fútbol, por un periodo de tiempo de entre dos y 15 años. Es por tanto en la práctica una inhabilitación.
Sin embargo, ha habido dos casos de futbolistas que han renunciado a estar en la concentración: Mapi León y Patri Guijarro. Ambas sí se presentaron, pero al día siguiente se han ido. Y pese a que la Ley del Deporte es clara, no tendrán sanción porque así se lo ha prometido el Gobierno (CSD), que es quien tiene que iniciar el procedimiento de castigo. No lo tendrán.

¿Qué exigen para jugar con España?

Cambios muy profundos en el ámbito de la Federación Española, que el próximo año sí o sí tiene que hacer un proceso electoral. Sus exigencias son:
  • Reestructuración del organigrama de fútbol femenino
  • Reestructuración del gabinete de la presidencia y Secretaría general
  • Dimisión del presidente de la RFEF
  • Reestructuración del área de comunicación y marketing
  • Reestructuración de la dirección de integridad
De estas peticiones solo se habría cumplido una, la de la dimisión del presidente, toda vez que se referiría a Luis Rubiales.

¿Se harán esos cambios?

La Federación, que actualmente está dirigida bajo una Comisión Gestora tras la dimisión de Rubiales, ha prometido (a jugadoras y Gobierno, que estaba presente con Víctor Francos, presidente del CSD) que hará gran parte de esos cambios. Fue uno de los acuerdos de la larga reunión de seis horas y a altas horas de madrugada en Valencia.
De esas cuatro exigencias que quedarían, en el área de comunicación la RFEF ha prohibido a trabajadores viajar y hospedarse en los mismos sitios que las jugadoras, aunque ellas (dicen) no pedían eso, sino mirar más arriba del departamento.

El Gobierno, ¿qué hace?

El Gobierno de España ha mostrado siempre su apoyo a las jugadoras, pero ha visto el conflicto desde la barrera. Sin embargo, y tras convocar Montse Tomé a 20 jugadoras que no querían ser convocadas, irrumpió con fuerza en esta guerra reuniéndose con las jugadoras, dándoles su apoyo y prometiéndolas que harán todo lo que puedan por esos cambios.
Todo ello siempre en boca y actos de Víctor Francos, secretario de estado para el Deporte, que viajó de urgencia a Valencia para mediar en este conflicto. El Gobierno organizó reuniones con las dos partes del conflicto, Federación (con sus responsables en el fútbol femenino, incluida la seleccionadora Montse Tomé) y futbolistas (que incorporaron a la mesa al sindicato FUTPRO)
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