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Raúl Asencio y Jude Bellingham lamentan una jugada en el Benfica - Real Madrid

Raúl Asencio y Jude Bellingham lamentan una jugada en el Benfica - Real MadridEuropa Press

Los jugadores asumen la culpa, salvan a Arbeloa y creen que a este Real Madrid le falta nivel

Échame la culpa de lo que pase, dice una preciosa canción. Álvaro Arbeloa se echa la culpa de todo lo que pasa en una situación que no es precisamente preciosa. Pero todos los estamentos del Real Madrid saben que la culpa de Arbeloa es mínima. No lleva ni veinte días en el cargo. La única responsabilidad que se le puede achacar es no conseguir que sus hombres se empleen con la intensidad necesaria para ganar un partido de Copa de Europa. Es una verdad que el propio entrenador reconoció al explicar la derrota en el estadio Da Luz, que iluminó de nuevo las sombras del Real Madrid.

El técnico no logró ni antes del encuentro, ni en el descanso, ni después, que sus pupilos exhibieran la energía que se requiere para ganar un envite de la Champions. También le puede criticar Güler, y lo hizo, que le quitara cuando era el mejor pasador para Mbappé, pero el salmantino no se atrevió todavía a sentar a Vinicius y a Bellingham. Dicho esto, sentó al turco a los 79 minutos, no fue decisión culposa. La gran preocupación de la cúpula de la entidad es que el 90 % de los problemas fueron protagonizados por los futbolistas del Real Madrid. Lo que vimos en Lisboa fue culpa de ellos y solo de ellos.

La única cosa buena que los jugadores han realizado después del fiasco es reconocer esa realidad, que toda la culpa es de ellos y no de quien los dirige o los intenta dirigir, porque con esa carencia de ganas es imposible mandar a nadie. Ese es el dilema actual de la dirección deportiva de la casa: reconducir una situación en la que deben atacarse características que antes venían de serie en un jugador del Real Madrid y que ahora se ponen en duda.

Hablar de «falta de intensidad» es una asignatura que nunca se estudió en la universidad internacional del fútbol que es este club. Es una carencia extraña y desconocida que cansa al madridismo de escucharla día a día durante año y medio. Porque Ancelotti ya habló de este problema. Y Xabi Alonso. Arbeloa lucha contra ello y vislumbra que no es sencillo.

Una crítica inimaginable

Las palabras «ganas», «hambre», «energía», «liderazgo» se repiten por el cuartel general de Valdebebas como si fueran premios de lotería deseados y nunca encontrados. No tocan esos premios. No toca demostrar ganas, hambre y energía. La palabra «ganas» es la que más suena por la ciudad deportiva. Es una virtud que durante ocho décadas definió a los profesionales blancos y que ahora es buscada por la policía madridista dirigida por Pintus y Arbeloa para encontrarla por algún recodo, porque no se entiende que no haya hambre jugando en el equipo de tus sueños. Ser acomodaticio por estar en este equipo no se comprende en la cúpula ni en gladiadores como Arbeloa y Pintus. Álvaro moriría por jugar de nuevo aquí. Lo mismo piensan en el piso de arriba.

¿Pero qué está pasando? Los menos sanguíneos del club, los más pausados, apelan a la falta de nivel físico de la plantilla para explicarse la presunta carencia de ganas. «No faltan ganas ni ilusión, falta fuerza, falta velocidad, falta resistencia y por eso parece que no haya ganas», sentencia un exfutbolista. Probablemente sea la causa principal. Es un objetivo, el poderío físico, que Pintus va a intensificar en febrero, con la eliminatoria de Champions intercalada.

Los jugadores del Real Madrid lamentan la derrota ante el Benfica

Los jugadores del Real Madrid lamentan la derrota ante el BenficaEuropa Press

La clave para Arbeloa es transmitir esa necesidad psicológica de entrar con intensidad a cada balón, una característica de voluntad incansable que definió al propio Álvaro como futbolista de Mourinho y que definió a todas las plantillas del club desde que entró en la órbita ganadora generada por la invención de la Copa de Europa en 1955. El invento transformó la mentalidad del Real Madrid y ese cambio ha marcado su forma de ser y de jugar desde entonces. Por eso extraña esta debilidad actual. No parecen profesionales del Real Madrid, los jugadores parecen dobles de las escenas de cine mal conseguidos. ¿O es que no dan más de sí? Puede que sea la gran verdad.

Los dirigentes del Real Madrid observan que es la segunda temporada sin clasificarse entre los ocho primeros de la Champions y esta carencia dice muchas cosas. La transformación del sistema de la Copa de Europa le ha sentado mal, pero que muy mal al club blanco. Antiguamente la primera fase se disputaba en pequeños grupos de cuatro equipos y pasaban dos. Se criticaba que esa fase no tenía interés y la idea de la Superliga se basaba en ello, en una gris Champions que solo empezaba a interesar a partir de febrero.

El nuevo formato de la Liga de Campeones suscita la disputa de ocho partidos en la primera fase y hay mayor competitividad. Los ocho primeros clasificados tienen el privilegio de evitar una eliminatoria de clasificación y de atacar los octavos de final con el segundo partido en casa. Incluso los dos primeros de esa primera fase se ganan el derecho a tener todas las eliminatorias de octavos, cuartos y semifinales con el segundo encuentro en su campo. Pues este proyecto ha sentado muy mal al Real Madrid. Se le atraganta. Tres derrotas ante Liverpool, Manchester City y Benfica le han dejado con quince puntos y a uno de entrar como octavo. Ahora deberá jugar esa ronda de clasificación.

La reflexión de este examen europeo dictamina que no quedar por segundo año consecutivo entre los ocho primeros dice muchas cosas del nivel de la plantilla. Falta de todo. Los resultados en Europa y la dura autocrítica de los capitanes evidencia que este equipo no tiene un elenco de actores con la suficiente calidad para ser un aspirante real a la Champions. Es cierto que las lesiones son un factor determinante en esta valoración: Militao, Trent, Carvajal, Mendy y Rüdiger han estado más tiempo de baja que con el alta competitiva. La defensa está coja y se utiliza a Valverde y Tchouaméni para cubrir ausencias. Rodrygo y Camavinga también han faltado. Mbappé, es verdad, no estuvo en algunos encuentros claves, especialmente ante el City.

Lavar los trapos sucios

Algunos futbolistas piensan que los jefes del plantel no deberían ser tan claros ante la prensa pero los fracasos ante el Benfica, el Liverpool y el Albacete exigen hablar con crudeza. En la caseta, donde se lavan los trapos sucios, se ha dicho con acidez que no puede ser que los rivales les superen siempre en energía, en intensidad y en agresividad. No puede ser que «se pierdan casi todos los uno contra uno» en todas las líneas del campo y especialmente en la retaguardia, dando una sensación de debilidad que los contrarios huelen y aprovechan.

En paralelo desde la dirección deportiva se analiza que no hay líderes de verdad que peguen «veintisiete gritos si es necesario» para inyectar coraje al grupo. Se reflexiona que hay una razón: ese propio líder tampoco rinde ni va sobrado de nada. Solo Mbappé puede hacerlo con autoridad. Se desglosa en el estudio de la situación que antes estaban Ramos y Cristiano. Modric, Casemiro y Carvajal. Benzema y Kroos. Todos funcionaban y podían dar órdenes con autoridad. Ahora no hay nadie. Junto a Mbappé, solo Rüdiger tiene ese carácter, ejerce de jefe y lo demuestra en competición, pero está lesionado. Se nota demasiado su ausencia. Arbeloa y Pintus tienen mucho trabajo por delante.

Grupal e individual. De diván y de trabajo físico. Clases nocturnas de ilusión por jugar en el Real Madrid. Quizá, como espetan los veteranos del lugar, todo se remite a la falta de poderío físico y a la falta calidad en la plantilla. Nunca se pueden decir tantas cosas en menos palabras.

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