El entrenador del Real Madrid Álvaro Arbeloa (i) asiste al entrenamiento del equipo en la Ciudad Deportiva de Valdebebas
La directiva está con Arbeloa, al que le piden desde fuera decisiones fuertes y personalidad
Visión positiva: la eliminatoria de Champions no es un drama, pues todos tendrán rivales duros desde octavos y si superan al Benfica no hay miedo al City
Arbeloa se olvida del runrún y le pide al Bernabéu que «esté con el equipo»
No se ha perdido la Champions. No se ha perdido la Liga. Los dos títulos dependen del propio Real Madrid. ¿Entonces? Trabajo, eficacia y discreción. Son los lemas de la casa. Nunca hay dramas de puertas para dentro en el Real Madrid. Ahora no hay regularidad en la eficacia de los resultados, pero se trabaja precisamente en esa faceta, imprescindible en la historia de la institución. La discreción, la mesura, son intocables en la empresa. La relevancia del club es tan grandiosa que cualquier resultado adverso, aunque no sea decisivo, se multiplica hasta la saciedad.
El Real Madrid tiene mucha experiencia en estas situaciones y asume que cuando hay una derrota que sienta mal se descargan toda clase de tragedias mediáticas, enfados y críticas. Ataques que son más duros si se repiten en el tiempo, como ha sucedido con los fracasos ante el Celta, el Albacete y el Benfica. Pero el análisis de situación no es negativo. Al revés. Siguen vivos en las dos grandes competiciones. Y la dirección deportiva cree en Arbeloa. Tiene el apoyo de la cúpula. No es culpable de casi nada. Pero debe ser siempre Arbeloa y no echar el freno a la hora de tomar decisiones difíciles.
La visión interna del estado del Real Madrid es que existe un problema de confianza dentro del equipo en cuanto las cosas se ponen complicadas. Y los rivales se dan cuenta de esa debilidad. Lo hizo el Benfica. Es un dilema de sensaciones futbolísticas, de la inseguridad que sienten los jugadores sobre su capacidad, puesta en entredicho externamente. Los jóvenes son los que más sufren este acoso exterior, víctimas de una presión desorbitada que nunca habían vivido antes. El balance de situación valora que existe un problema de rendimiento de los jugadores, capaces de hacerlo muy bien en dos partidos y de fallar al tercero. Arbeloa y Pintus trabajan para transformar esa irregularidad y encontrar una línea de evolución. La habían encontrado, pero no es suficiente cuando atacan la competición internacional.
La dirección deportiva tiene comunicación directa con ambos y la reflexión del cuerpo técnico es clara: no se ha perdido nada, el Real Madrid continúa aspirando a la Liga y a la Champions y lo único que ha cambiado es que ahora deben jugar una eliminatoria extraordinaria ante Mourinho en la Copa de Europa. El mensaje del club y de Arbeloa al plantel es rotundo: los dos títulos siguen dependiendo de ellos mismos. No dependen de nadie. Lo que toca es mejorar el rendimiento del grupo para aspirar verdaderamente a esos objetivos. Ese es el reto que Arbeloa y Pintus presentan a sus hombres. Los dos tienen un plan que argumenta cómo disputar la Liga y la Copa de Europa en los cuatro meses decisivos.
Tomar decisiones difíciles
Tienen razón Arbeloa y Pintus. El único cambio de situación es que hay que dirimir una ronda extraordinaria ante el Benfica, nada más. La clave es mejorar las prestaciones del equipo. Y lo primero que advierte el madridismo cercano al club es que Arbeloa sea Arbeloa. Que que no caiga en los pecados diplomáticos de Xabi Alonso, que al final le derrotaron sin diplomacia. Piden al salmantino que tome decisiones fuertes cuando haya que tomarlas. Le instan a ser atrevido, a hacer lo que le pide el cuerpo, porque ha recibido una oportunidad única y debe aprovecharla con autoridad y personalidad. Más que peticiones son consejos.
Los ejemplos comparativos son fáciles de encontrar tras la decepción de Lisboa. Los más viejos del mundo madridista, empezando por algunos exjugadores, destacan que hubo futbolistas que no rindieron en el estadio Da Luz y si se esa ineficacia se repite le piden cortar por lo sano sin temblarle el pulso. Surgen nombres colocados en la picota: Vinicius, Bellingham, Mastantuono, Huijsen, Rodrygo e incluso Carreras quedaron señalados por el madridismo ante Mourinho. Arbeloa quitó inicialmente a Huijsen, Mastantuono y Güler. Y el madridismo latente le dice que no debió retirar al turco, el hombre que mejor entiende a Mbappé. Y resaltan que debe dar un salto adelante y atreverse a quitar a Vinicius y a Bellingham. Es un ejemplo claro de lo que le aconsejan: ser valeroso, porque si las cosas no salen quien lo pagará en mayo será él, como Alonso lo pagó en enero.
En el club observan sus movimientos al detalle. Les gusta que tenga mano izquierda con ciertos futbolistas, pero saben que tendrá que utilizar la mano derecha si los resultados lo exigen. Pues que saque la mano derecha también. El Real Madrid está por encima de todo y por encima de los jugadores. Prioridades.
Álvaro Arbeloa dirige un entrenamiento del Real Madrid
El estudio de lo que le sucede al equipo está hecho. La autocrítica se ha hecho. La reprimenda interna se ha sumado a la externa, que ha sido enorme. Saben que no pueden perder puntos en la Liga y deben ganar al Rayo Vallecano. Expuesto el reto inmediato, el primero tras la decepción vivida en Lisboa, Arbeloa ha sido contundente en la reflexión que merece la Champions que le queda al Real Madrid. Ha desgranado ante sus hombres que primero deben superar al Benfica a doble partido y después, en octavos de final, jugarán en las mismas condiciones que los demás. En la cocina blanca se ha explicado que todos los clubes, el Atlético, el Barcelona y otros, tendrán las mismas dificultades que el Real Madrid.
No habrá muchas diferencias. El vestuario madridista remata que en esta Champions tendrán dos encuentros más y ya está, pero las posibilidades son las mismas. La clave es mejorar y funcionar en la competición fetiche con un nivel superior al mostrado en la fase de liguilla. La Copa de Europa retorna para el Real Madrid dentro de tres semanas.
Ahora hay que centrarse en el campeonato de Liga y Pintus ha planificado una minipretemporada de dos semanas que comenzará el lunes después del duelo frente a los vallecanos. La meta trazada por Arbeloa es que sus pupilos no pueden fallar en las tres jornadas ligueras previas a la visita al Benfica, que disputan ante el Rayo en el Bernabéu, el Valencia en Mestalla y la Real Sociedad de nuevo en el Bernabéu. Intercalada entre los dos envites de Copa de Europa llegará la batalla en El Sadar frente a Osasuna, siempre farragosa.
Después de los dos duelos de Champions ante Mourinho el Real Madrid se medirá al Getafe en casa y luego acudirá a Balaídos antes de atacar la esperada eliminatoria de octavos de final, si es que elimina al Benfica. Arbeloa exige a su plantel conseguir los 18 puntos ante Rayo Vallecano, Valencia, Real Sociedad, Osasuna, Getafe y Celta. Y pide más. Si su equipo alcanza los octavos de final, que se disputarán en marzo, recibirá al Elche en Chamartín en la jornada sándwich entre ambos envites europeos. Y posteriormente llegará el Atlético al Bernabéu. El entrenador exigirá también esas dos victorias ligueras en su campo para consolidar las opciones del Real Madrid en la lucha por el título. Liga y Champions. Todo está candente.