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Joan Laporta, President of FC Barcelona, Nasser Al-Khelaïfi, President of Paris Saint-Germain and Aleksander Ceferin, President of UEFA during the UEFA Champions League 2025/26 League Phase MD2, match between FC Barcelona and Paris Saint-Germain at Estadi Olimpic Lluis Companys on October 01, 2025 in Barcelona, Spain.

Javier Borrego / AFP7 / Europa Press
01/10/2025 ONLY FOR USE IN SPAIN

Joan Laporta junto a Aleksander Ceferin, en una imagen de archivoAFP7 vía Europa Press

La UEFA piensa que el Barcelona vive en la sinrazón y pone al Real Madrid como ejemplo de discreción

El Barcelona ha perdido los papeles. En el seno de la UEFA se analiza que el club catalán no sabe perder y está alejado de la realidad. Quejarse ante el máximo organismo del fútbol europeo después de cada partido significa que ese equipo tiene problemas y quiere cargar con esos problemas a los árbitros, en vez de hacer autocrítica de sus deficiencias deportivas. Se puede decir más alto pero no más claro.

No se entiende que el Fútbol Club Barcelona presente protestas formales después de cada encuentro con el Atlético de Madrid. Y sus quejas suenan más a malas digestiones de las derrotas, a lamentos de mal perdedor. Los dos duelos frente al club rojiblanco pudieron acabar mucho peor para los azulgranas. Lo explicamos. Las razones son sólidas.

La primera protesta barcelonista, tras perder por dos goles de desventaja en el Camp Nou, dejó atónita a la UEFA. Se basaba en solicitar penalti por ese saque de puerta de Pubill, que cogió el balón con las manos para colocar la pelota tras recibirlo de Musso. Exigir pena máxima por esto «es de las cosas más surrealistas que se han vivido en la UEFA, en Nyon», comenta un representante de la Unión Europea de Fútbol Asociado.

Posteriormente, las quejas por el partido de vuelta también suenan a pataleta. Una cosa es vender ese mensaje ante la afición incondicional y otra cosa es creértelo realmente y presentar una protesta formal ante el máximo ámbito del fútbol europeo. Está fuera de lugar, no hay por donde cogerlo. Y verán por qué.

Turpin pudo expulsar a Joan García, Araujo e incluso a Gavi

La UEFA no admite las quejas del Barcelona porque considera, con argumentos sólidos, que vive tan alejado de la realidad que no ha querido darse cuenta de que un arbitraje totalmente estricto habría acabado con el Barcelona con ocho futbolistas en el césped del Metropolitano.

En una conversación coloquial, que desvela el razonamiento de la UEFA, el representante del ente del fútbol europeo reflexiona que Turpin, el árbitro del encuentro de vuelta, un colegiado veterano que sabe pulsar el tempo de cada partido, pudo expulsar «a Araujo, a Joan García e incluso a Gavi». Explica cada caso: «Pudo echar a Araujo, porque dio dos patadas con ambas piernas a un rival después de un salto en un saque de esquina. Pudo expulsar a Joan García, porque en una medición exacta pudo coger un balón fuera del área siendo el portero, impidiendo una jugada clara de gol. Y pudo echar a Gavi, por el codazo que propinó a Ruggeri». El defensa rojiblanco sangraba escandalosamente y jugó todo el encuentro vendado. Que conste que el Atlético pidió las tres tarjetas rojas en el campo.

El colegiado muestra tarjeta roja al defensa del FC Barcelona, Eric García

El colegiado muestra tarjeta roja al defensa del FC Barcelona, Eric GarcíaEFE

La valoración general que se realiza dentro de la UEFA es que en una investigación estricta de la eliminatoria el mayor perjudicado fue el Atlético. Por eso se reflexiona que el Barcelona vive verdaderamente fuera de la realidad. Sus quejas suenan a justificaciones de cara a la galería, a sus seguidores.

Desde una versión externa, no oficial pero sí real, se enjuicia que el francés Turpin hizo un arbitraje inteligente, de experto. Si hubiera echado a un segundo futbolista del Barcelona, la eliminación del cuadro azulgrana se cargaría en su contra. El culpable habría sido él. Supo medir el tempo del enfrentamiento y de la situación. Impidió con sabiduría que el Barcelona pudiera acogerse a ser la víctima de un arbitraje. Perdió el Barça por sus errores, él solito. Y pudo ser peor. Se salvó de dos o tres expulsiones más. Que quede claro, comentan en Nyon de forma coloquial, privada y discreta. Se deja el mensaje para la reflexión. Y la UEFA es enemiga del amarillismo barato y molesta sobremanera que en el Barcelona juegan a eso.

El Real Madrid no protesta oficialmente por el arbitraje de Vincic

El representante de la UEFA explica como comparación el comportamiento del Barcelona y del Real Madrid. Argumenta que en la UEFA se entienden las protestas cuando hay un perjuicio ostensible y grave, como un gol escandaloso con la mano (Maradona, Henry). Para eso se ha implementado el VAR. Pero no se admiten argumentalmente protestas como un penalti por un empujón más o menos leve, o más o menos fuerte. Eso lo juzgan el colegiado y el VAR. Y se acabó. En este contexto, el representante de la Unión Europea de Fútbol elogia el comportamiento del Real Madrid, que es ejemplar, totalmente contrario a la actitud del Barcelona.

La UEFA conoce muy bien que el Real Madrid está muy enojado por el arbitraje de Slavko Vincic, que no tuvo la buena medida de ponderación que demostró Turpin y expulsó a Camavinga en Múnich por una tontería. En el Real Madrid se comenta que si a Camavinga le echaron por retener dos segundos un balón, con ese rasero arbitral en el Metropolitano no se queda ni un jugador de campo antes del descanso. Especialmente del Barcelona.

El representante de la UEFA corrobora, en esta conversación coloquial que nos descubre la forma de pensar del ente futbolístico, que es verdad. Y lo advierte no pensando en el Real Madrid sino pensando en la postura histórica del Barcelona, que vive fuera de la realidad.

El Real Madrid no ha presentado una queja formal. La experiencia es un grado y sabe que toda la prensa nacional e internacional lo ha hecho. El juicio general es que no se puede expulsar a un jugador por esa nimiedad, aunque Camavinga sabe que no puede retener una pelota dos segundos. Y Ceferin, compatriota de Vincic, sabe también que el colegiado falló. El esloveno, que dirigió la final entre el Real Madrid y el Borussia Dortmund hace dos años, ha perdido enteros. El mensaje final desde la UEFA es: el Barcelona debería aprender del Real Madrid.

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