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Lamine Yamal y Vinicius pelean por un balón en el clásico del Bernabéu

Lamine Yamal y Vinicius pelean por un balón en el clásico del BernabéuAFP7 vía Europa Press

Lamine y Vinicius, dos casos distintos: Xabi debe ponerle firme pero Laporta tiene un problema mucho mayor

  • El barcelonista preocupa en su club porque es incontrolable y no atiende a razones: viaja estando lesionado y acude a todos los saraos como si fuera un amigo del barrio

  • Alonso dialogará con el brasileño para que controle unas reacciones que son una falta de respeto a sus compañeros

Tenemos un problema Houston, dicen coloquialmente en el Barcelona y el Real Madrid. Pero no es el mismo problema, ni mucho menos. Son incomparables. El dilema del club blanco es controlar las explosiones de Vinicius en el césped. Es un futbolista canchero, suramericano, que no le gusta que le cambien, que estalla contra propios y extraños, que está acostumbrado a calentar al contrario, a picarlo, después de recibir mil patadas. Desquicia con el todo queda en el campo. Y en ese conflicto permanente en el césped ha decidido dos champions.

El crucigrama del Barcelona es bastante más grave. No sabe, no puede o no quiere atar en corto los comportamientos de vida de Lamine Yamal, sus viajes y sus manifestaciones, su asistencia a mil actos y su falta de descanso estando lesionado. Se comporta como sus amigos, cada día en un festejo, y él no es un 'amigo' normal. Tiene una disciplina que no cumple. Este problema se produce fuera del campo y perjudica ostensiblemente dentro de él.

Tenemos un problema Houston, dicen en el puente aéreo, pero no es lo mismo.

Vinicius y Lamine, tal para cual. Tercian algunos. Pero no es cierto. Porque si ninguno de los dos tiene solución, que está por ver, la peor parte se la llevará el Barcelona, porque Lamine Yamal se quedará en el camino, como sucedió con Neymar y Ronaldinho, si continúa con esa vida desacertada que no concuerda con la de un futbolista que quiera hacer historia. Lesionado en el pubis, no puede coger helicópteros y salir cada día a un sitio para ser la estrella de la noche.

El caso Vinicius es puramente futbolístico. De régimen interno. De multa. De comportamiento visceral. De no respetar a sus compañeros que van a entrar al césped porque le molesta que le quiten. Pero el brasileño no está de saraos. Se cuida para volver a ser el mejor. Es otra historia.

«Comparas a Lamine con Modric y da pena»

Los veteranos de cada lugar ponen a cada uno en su sitio. «Más quisiera el Barcelona tener solo un problema como el de Vinicius», señalan varios exfutbolistas del Real Madrid. «Hablamos con antiguos jugadores del Barça y ya se temían lo que están viendo de Lamine Yamal. Saben de dónde viene y los problemas de comportamiento que siempre ha tenido». La rúbrica es incontrolable. «Comparas el comportamiento de Lamine con el de Modric o Kroos y da pena. Debería aprender del ejemplo que han dado y dan durante tantos años. Con esta forma de ser no verás a Lamine jugar al máximo nivel a los treinta. Modric sigue a los cuarenta. Tendría que mirarse también en el espejo de Cristiano y Messi».

Lamine «va a su bola y no admite que le prohíban nada»

En efecto, diversos exjugadores azulgranas comentan que el delantero de origen marroquí siempre fue incontrolable. «Va a su bola y no admite que le prohíban nada». Destacan que no atiende a razones: «Dice que él juega, entrena y después puede hacer lo que quiera en su vida privada. Pero eso valía mientras jugaba bien. Ahora ha sufrido una lesión, le molesta el pubis, y ya no es el de antes. Y debe darse cuenta de que todo su comportamiento le pasa factura».

Xabi Alonso, cara a cara con Vinicius

Los dos clubes van a hablar con los dos implicados, pero mientras el diálogo con Vinicius será puramente deportivo y cara a cara con el entrenador, porque es un asunto de vestuario, el debate con Lamine trasciende al fútbol y debe producirse desde la más alta esfera, empezando por Laporta.

Xabi Alonso va a dialogar con el brasileño para exigirle que no lleve a cabo esas demostraciones públicas de inconformismo que denotan un enfado egoísta que resta autoridad al jefe del plantel y molesta a la plantilla, donde hay jugadores como Lunin o Endrick que no han disputado ni un minuto. Los otros líderes de la cocina blanca también hablarán con Vinicius para decirle que esa actitud perjudica a todos.

El brasileño se descontroló al ser sustituido, con gestos que minusvaloraban la jerarquía del máximo responsable del equipo.

En la batalla final en el Bernabéu le dijo a Lamine que solo daba 'pases para atrás' y el delantero español le contestó que si quería 'conversaban' después en los pasillos de los vestuarios. Leña barriobajera.

El Barcelona analiza cómo reconducir la vida y costumbres de Yamal

Laporta y Flick saben que tienen que atajar el problema con su estrella porque va camino de no brillar y dejar de serlo. Ambos, presidente y preparador, deben hablarle, arriba y abajo, para reconducir su comportamiento fuera del campo, que produce en un menor rendimiento a la hora de la verdad.

Los dirigentes tienen que actuar y decirle que lo que se hace fuera del césped suele afectar dentro de él. Laporta y Flick han de convencerle para moldear sus costumbres y advertirle que no puede estar en permanente exposición pública. Pero no para que lo haga en secreto, sino porque tanto acto desgasta al jugador. Se recupera de una dolencia y no descansa, está en la cresta de la ola de todo lo que sucede en Barcelona y acude como estrella principal.

Hay un problema fundamental y es el origen y el ambiente donde ha crecido Lamine. Hay que desmarcarle de una forma de vivir que no concuerda con el fútbol profesional. Tiene que dar salto más arriba, soltar lastre, soltar amistades, y no es sencillo. Muchos futbolistas tuvieron que hacerlo para llegar a lo más alto.

Capítulo aparte son sus declaraciones. «El Real Madrid roba». Sabe muy bien dónde las dice y con quién las dice, con Gerard Piqué, y su repercusión. En el Barcelona piensan que sus palabras se volvieron en su contra, porque no soportó el ambiente.

La presión del Bernabéu fue una lección

No hay mal que por bien no venga. Así opinan en el Barcelona. Lamine comprobó que sus manifestaciones caldearon el clásico y ese ardor benefició al Real Madrid, que supo gestionar la excitación de la grada y del vestuario, y no le hizo perder los papeles, como el mundo azulgrana esperaba.

El futbolista aprendió una lección. Hablar no funciona y es contraproducente, porque todo lo que digas se recordará siempre que pierdas. Hay un lema que dicta la experiencia. «Por muchos títulos que ganes, siempre perderás más y siempre te recordarán tus palabras cuando pierdas». Tenemos un problema Houston, pero no es lo mismo, como canta Alejandro Sanz.

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