Soraya Sáenz de Santamaría; José Luis Bonet, de la Cámara de España; Conrad Tribble, de la Embajada de EE.UU., y Alan D. Solomont, de Spain-US Chamber of Commerce, en el Foro España-EEUU
Las empresas españolas de infraestructuras superan la frialdad Biden-Sánchez y crecerán en Estados Unidos
Al presidente norteamericano le interesa acelerar su ambicioso plan de obras públicas para mejorar su imagen, y nadie va a ayudarle mejor que las compañías de nuestro país
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha sido el gran valedor del protagonismo que las empresas españolas tendrán en el potente plan de infraestructuras impulsado por el presidente Joe Biden en Estados Unidos. Sus escasos encuentros, de apenas cincuenta segundos, no le habrán servido para convencer al líder norteamericano. Lo que convence a él y a los técnicos de su país es el innegable prestigio global de compañías como Ferrovial, ACS, Acciona o FCC, entre otras, y la larga tradición en la alianza entre España y Estados Unidos. Tan solo la han puesto en peligro actitudes como la sentada de Zapatero ante la bandera estadounidense en el desfile de 2003 o el desplante del mismo presidente a Biden en la revisión de tropas de Paracuellos en 2010. El actual presidente norteamericano conoce la cercanía de Sánchez con Zapatero, y por ese motivo está costando tanto la relación.
A pesar de ello, la relación comercial entre España y Estados Unidos supera estos obstáculos. Los norteamericanos son los principales inversores en nuestro país, y nosotros somos los décimos en el suyo. A ello hay que unir que Estados Unidos potencia la relación con Europa para hacer frente común al crecimiento imparable de China.
En este contexto hay que leer el interés de Estados Unidos en el protagonismo de las compañías españolas en su potente plan de infraestructuras de 1,2 billones de dólares que está naciendo.
Una relación consolidada y con futuro
En la actualidad hay presencia en Estados Unidos de diez grupos empresariales españoles miembros de Seopan, la patronal de las empresas de infraestructuras. Esos diez grupos son Abertis, Acciona, ACS, FCC, Ferrovial, Globalvía, OHLA, Roadis, Sacyr y San José. Participan en más de 170 proyectos de un valor total superior a los 78.000 millones de euros.
Entre 2015 y 2020 equipos liderados o integrados por empresas españolas y sus filiales se han adjudicado 43.681 millones en proyectos en EE.UU.. Los grupos constructores españoles son los principales actores foráneos en Estados Unidos. Facturan el 33,6 % del total de proyectos en los que participan contratistas internacionales.
Esta presencia consolidada y saber hacer es un punto a favor clave para crecer con el nuevo plan. En Estados Unidos hay un claro consenso sobre la importancia de contar con unas infraestructuras modernas y eficientes como motor de crecimiento económico y creación de empleo. «Es una necesidad para ellos. Sus infraestructuras están viejas y al Gobierno le interesa este plan», indica Carlota García Encina, investigadora principal de Estados Unidos y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano. Necesitan hacer frente al deterioro de las infraestructuras y a las necesidades de nuevas actuaciones que respondan a una economía en crecimiento y al cambio climático. Las compañías españolas están muy bien posicionadas para responder a esos requerimientos.
Buenas perspectivas
La Cámara de Comercio de España organizó hace unos días el X Foro Empresarial España-Estados Unidos. En él se vieron las buenas vibraciones en torno al crecimiento de las empresas españolas en el país norteamericano. El presidente del consejo de administración de la Spain-US Chamber of Commerce, Alan D. Solomont, resaltaba que «España es la sede de compañías líderes en el área de infraestructuras, y este plan es tanto una oportunidad para esas empresas como para todas aquellas que participan en el sector». El plan, explicaba, beneficiará a los cincuenta Estados; es el mayor desde 1950 y representa una mejora masiva de los puentes, carreteras, redes de comunicación e Internet del país.
Por su parte Conrad Tribble, responsable de Negocios de la embajada de Estados Unidos en España, hizo un llamamiento a la cooperación y la participación de las compañías españolas como «una oportunidad comercial clara y única para que las empresas ayuden a lograr los objetivos de Estados Unidos en infraestructuras».
Para las empresas españolas, desde luego, representa una gran oportunidad: «Asegura una nueva cartera de proyectos durante un largo tiempo. Resulta atractivo y una llamada a la inversión», señala Manuel A. Olivares, director general para América y director de Estudios y Contratación de FCC. Seopan tiene claras las ventajas de nuestras compañías: «Por su experiencia a nivel global desde los años 60, tienen facilidad para adaptarse localmente, establecer alianzas y acuerdos con socios o proveedores locales, cuestión muy relevante en Estados Unidos, así como para atraer a una base amplia de subcontratistas y proveedores competitivos». Ahora solo falta que se vayan concretando las nuevas adjudicaciones.
Un crecimiento espectacular en los últimos quince años
Carlota García lamenta que a menudo se politice la relación entre España y Estados Unidos por los pequeños encuentros de Sánchez con Biden o la crisis migratoria en Ceuta, y que se saque de contexto. Para ella la realidad es que «la relación es buena, y ha crecido considerablemente en los últimos quince-veinte años. En este periodo la inversión española en Estados Unidos puede haberse multiplicado por seis o por siete».
En su opinión la relación no se ha deteriorado, salvo en el mandato de Trump, por la influencia del proteccionismo. Lo que ocurre es que la relación entre Estados Unidos y España «es asimétrica: Estados Unidos es la primera potencia mundial y nosotros no somos ni una prioridad ni un problema», afirma García. Sí cree que el potencial de la relación no está explotado suficientemente. El nuevo plan de infraestructuras, perseguido desde hace tiempo, es una gran oportunidad para explotarlo más.
Aprobado el plan, García incide en que ahora hay que ver cómo se materializa. El Gobierno ha instaurado el marco general, pero ahora son los Estados los que han de impulsarlo y ejecutarlo. Se buscarán inversores privados, pero también se recurrirá a la colaboración público-privada, y aquí las empresas españolas tienen mucha experiencia.
El gran coordinador del plan será el ex alcalde de Nueva Orleans, Mitch Landrieu, que ya lidió con una situación de transformación (más bien de desastre) en su ciudad tras el huracán Katrina en 2010. Su competencia le hará tratar de trabajar rápido, y de hecho esta es la intención: en la nueva ley se manifiesta el objetivo de agilizar las concesiones de los permisos de las obras, que habitualmente han sido lentos. Esta circunstancia se une a que Biden está interesado en la aceleración del plan por varios motivos: en noviembre de 2022 se juega su reelección en su examen de mitad de legislatura, en un momento en el que la inflación está por las nubes y su imagen por los suelos. Le interesa que el plan se acelere y salga bien, y para lograrlo nada mejor que confiar en las empresas españolas.