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javier escribano

Errar es humano, presidente Sánchez

Empieza a ser insultante la manipulación oficial para ocultar la realidad

La frase «Errar es humano» («Errare humanum est») se atribuye a Séneca el Joven, a pesar de que no se encuentra con esa literalidad en ninguno de sus escritos. A mí siempre me ha gustado la aportación que realizó Baltasar Gracián, hace ya cuatro siglos: «Errar es humano, pero echarle la culpa a otro lo es todavía más».

Esta es una máxima que la maquinaria de propaganda de este Gobierno tiene grabada a fuego. Según esa propaganda, el Gobierno no tuvo nada que ver cuando nuestra economía se hundió un 10,8 % en 2020 –era por la crisis global de la pandemia– y, sin embargo, tiene todo el mérito del rebote económico del 5,0 %, obviando que la recuperación también fue global. Ya sabemos que Sánchez y su Gobierno no tienen la culpa de la pandemia, pero sí tienen responsabilidad sobre la forma en que se ha gestionado, las medidas que se han adoptado y las consecuencias que han tenido. Y, valorando sólo eso, nuestro país lo ha hecho peor que todos los demás países europeos: fuimos el país que más cayó en 2020 y el que más lejos se encuentra de recuperar los niveles previos a la pandemia.

Evolución del PIB.

Evolución del PIB

Aunque hemos publicado este gráfico en varias ocasiones, nadie del Gobierno ha explicado por qué estamos a la cola del crecimiento y del resto de indicadores económicos, nadie del Gobierno ha asumido ningún tipo de responsabilidad en esta evolución y, peor aún, nadie del Gobierno nos ha explicado qué piensa hacer para revertir las secuelas que nos han quedado en términos de inflación, déficit, deuda, desempleo, desigualdad y pobreza. Unas secuelas que analizamos hace unas semanas (Sopa de Ganso) y que el Gobierno niega llamando negacionista a quien no compra su discurso triunfal.

Empieza a ser insultante la manipulación oficial para ocultar la realidad. En la pasada sesión de control, cuando la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Cuca Gamarra, le dijo a la vicepresidenta primera que cada hora que ella estaba en el Gobierno aumentaba la deuda en 8 millones de euros, Nadia Calviño se disfrazó de Yolanda Díaz y le respondió «no sé cuáles son sus fuentes, la deuda pública se ha reducido 1,3 puntos en el último año». Ministra, usted no; no nos haga trampas al solitario, la fuente la conoce perfectamente (las estadísticas del Banco de España) y los datos también: la deuda pública ha aumentado 232.000 millones de euros en los últimos dos años; de ellos, 82.000 millones en 2021. Que en términos de PIB se haya reducido 1,3 puntos por efecto del denominador (deuda pública/PIB) no significa que se haya reducido la cantidad de deuda que, como usted bien dijo, tienen que devolver nuestros hijos y nietos.

Incremento deuda pública.

Incremento deuda pública

Negar la realidad no la va a cambiar, sobre todo porque la vulnerabilidad de nuestra economía es tan grande que la invasión de Ucrania por parte de Rusia va a hacer que se vean las consecuencias mucho antes de lo que todos pensábamos. Quizá por eso el presidente Sánchez, poco dado a dejarse ver cuando hay malas noticias, se ha acordado de la máxima de Baltasar Gracián y ya ha advertido de las graves consecuencias para nuestra economía si la situación actual se mantiene. De nuevo, ya tiene a quien echarle la culpa.

Es verdad que no se puede culpar a Sánchez ni a este gobierno de que Putin haya invadido Ucrania; otra cosa es que, igual que sucedió con la pandemia, el Gobierno sí sea culpable de que nuestra economía se encuentre en una situación de vulnerabilidad que pone en peligro los propios cimientos de nuestro Estado del bienestar.

Porque el Gobierno es el responsable de que en nuestro mix energético se haya reducido el peso de la energía nuclear y del carbón autóctono, incrementando la dependencia del gas cuyo precio –que ya llevaba un año subiendo– ahora se ha disparado, trasladándose a la electricidad y al resto de combustibles que han subido más de un 46 % el último año. También es responsable de no atajar la inflación, que consideraba transitoria y le venía bien para incrementar los ingresos tributarios, que han cerrado 2021 en niveles máximos a pesar de no haber recuperado los niveles de actividad. E incluso ha contribuido a aumentarla, incrementando los costes a las empresas subiéndole infinidad de impuestos y las cotizaciones sociales, que en el fondo son un impuesto al trabajo. La mayor inflación en nuestro país resta competitividad a nuestras empresas y poder adquisitivo y bienestar a las familias, por eso se dice que es «el impuesto invisible». El avance del dato de IPC de febrero refleja un IPC del 7,4 % con una inflación subyacente en el 3 %, como puede verse en el gráfico siguiente, publicado hoy por el INE.

Evolución IPC.

Evolución IPC

También es responsable de disparar el gasto público, incluso cuando el gasto asociado a la pandemia ya se había reducido, de no aprovechar el rebote económico para reducir de forma contundente el déficit y la deuda pública, y de ignorar las recomendaciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) para comprometerse a un Plan de Reequilibro que mostrara nuestro firme compromiso con la estabilidad presupuestaria y diera certidumbre a los mercados. España es el país que más ha incrementado su endeudamiento, el doble que la media europea, –aquí si hay que medirlo en términos relativos, señora ministra– y con 1,428 billones de euros estamos muy expuestos a cualquier repunte de los tipos de interés y/o de la prima de riesgo, como el que estamos viendo ya desde comienzos de año.

Deuda pública sobre PIB.

Deuda pública sobre PIB.

Y, finalmente, es responsable de ignorar todos los datos anteriores y seguir con una agenda ideológica cuyo último capítulo leeremos cuando el «comité de expertos» presente el Libro Blanco para la Reforma Fiscal, que ya sabemos que incluirá una larga lista de subida de impuestos y un ataque frontal a la autonomía financiera de las comunidades autónomas bajo la coartada de la «armonización en la tributación patrimonial».

Sánchez parece dispuesto a darle la razón a Cicerón: «Cuiusvis hominis est errare: nullius nisi insipientis, perseverare in errore»; esto es «Errar es propio de cualquier hombre, pero sólo del ignorante es perseverar en el error».

Javier Escribano es economista

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