01 de diciembre de 2022

Diego Barceló

Cuadro macro: ni mintiendo ocultan un futuro lúgubre

Hay cuatro puntos centrales que hacen pensar que la realidad económica que nos espera es todavía peor

Las proyecciones macroeconómicas del Plan de Estabilidad que se presenta cada abril a Bruselas nunca pueden tomarse demasiado en serio. Los supuestos que subyacen son siempre discutibles y cualquier gobierno intentará presentar un horizonte color de rosa. Lo normal, entonces, es que tengan un sesgo optimista.
Cuando esas proyecciones están realizadas por el gobierno más mentiroso y amoral de la historia de la democracia española, un gobierno sin líneas rojas para el cual el único objetivo es su propia permanencia, su valor es nulo: ya sabemos que nos están mintiendo.

Si Sánchez y Calviño, aun engañando, solo son capaces de dibujar un porvenir preocupante, tenemos que pensar que la realidad que nos espera es todavía peor

Ahí radica la gravedad del nuevo cuadro macroeconómico: aun mintiendo con descaro, nos presenta un futuro lúgubre. Si Sánchez y Calviño, aun engañando, solo son capaces de dibujar un porvenir preocupante, tenemos que pensar que la realidad que nos espera es todavía peor.
La presentación, aunque escueta, basta para saber cuatro puntos centrales:
  • Pese a toda la cháchara sobre los fondos europeos (el «Plan E» del sanchismo) y su impacto en el crecimiento potencial, el ritmo de expansión del PIB irá languideciendo cada año hasta un débil 1,8 % en 2025.
  • El Gobierno pretende seguir subiendo la presión tributaria. La misma ya subió 4,5 puntos del PIB (fue 39,2 % en 2018 y alcanzó a 43,7 % en 2021), porque el gobierno extrae 55.000 millones de euros más de los bolsillos de los españoles. El plan es seguir expoliando a la sociedad, llevando la presión tributaria hasta el 46,3 % en 2025.
  • Sánchez y Calviño seguirán gastando a espuertas. El gasto no financiero de las Administraciones Públicas, sin contar los intereses de la deuda, que pasó de 39,4 % del PIB en 2018 a 48,4 % en 2021, se mantendrá en estos niveles: sería 46,2 % en 2025, una reducción mínima y solo pour la gallerie, es decir, para que parezca que el déficit fiscal se irá reduciendo (solo en 2025 se volvería a cumplir con el límite del 3 % del PIB, y apenas por una décima).
  • La deuda pública seguirá en niveles altísimos, haciendo que la economía española continúe en una situación de extrema vulnerabilidad; en 2025 sería 110 % del PIB.
Es difícil expresar toda la temeridad (o incluso el desdén) que implica lo anterior. España tiene 3,2 millones de parados, 1,8 millones de subocupados y la productividad media es ahora un 5 % menor que cuando Pedro Sánchez entró a la Moncloa por la ventana.
Hace 14 años que España paga todos los intereses de su deuda pública con nueva deuda (una conducta financiera suicida), cosa que Sánchez y Calviño pretenden seguir haciendo. La deuda pública duplica el límite del Pacto de Estabilidad (118 % y 60 %, respectivamente) y el endeudamiento exterior multiplica por dos el tope que la Comisión Europea considera un «desequilibrio excesivo» (70 % y 35 %, respectivamente).

España necesita un plan integral que reduzca el gasto público, rebaje los impuestos y ejecute reforma

España necesita un plan integral que reduzca el gasto público (empezando por los 60.000 millones que se pierden en ineficiencias, como denunció el Instituto de Estudios Económicos), rebaje los impuestos (en especial a las empresas, para que inviertan y contraten más personal) y ejecute reformas para ganar competitividad y facilitar el crecimiento empresarial.
Un informe de Cepyme muestra que menos de un 40 % de las empresas llega a los 5 años de vida y que, si España tuviera empresas con el mismo tamaño medio que Europa, se crearían 1,2 millones de empleos. Nunca lo entenderá un socialista, pero lo cierto es que apostar por las empresas va en beneficio directo del conjunto de la sociedad.
Sin embargo, el gobierno creó o aumentó 16 impuestos y aprobó contrarreformas. Una hace más costosa la legislación laboral; otra, ahonda el carácter insostenible del sistema de pensiones. Además, ataca el derecho de propiedad, sea confiscando ganancias a las petroleras o interviniendo los contratos de alquiler. La exagerada subida del salario mínimo fomenta el reemplazo de mano de obra por maquinaria y ya expulsó del mercado laboral a 85.000 personas que trabajaban en el servicio doméstico.
Llevará años revertir el daño económico del trío manirroto que conforman Sánchez, Calviño y Montero.
  • Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados
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