15 de agosto de 2022

José manuel cansino

La lógica del cantonalismo autárquico

El cese de la directora del CNI es sólo la última pero importante muestra de lo rentable que puede resultar la cantonalización de España

Rondando el mediodía lluvioso del 23 de abril, María Elvira Roca Barea enmudecía al Paraninfo de la Universidad de Sevilla lanzando la siguiente advertencia: lo que está pasando ahora mismo en España es lo que está pasando ahora mismo (el tiempo lo enfatizó las dos veces) en Hispanoamérica; los indigenismos de América son nuestros nacionalismos. Salvo que se evite, acabarán postrando a la insignificancia política a más de 500 millones de personas en el futuro.
Así se expresaba con su habitual lucidez la intelectual que más decididamente ha contribuido a desenmascarar la leyenda negra antiespañola a uno y otro lado de los océanos (demos cabida también al Pacífico). Lo hizo en el marco de la clausura del II Congreso del Foro de Profesores.
Días después de la intervención de la profesora Roca, la ciudad de León ha sido testigo de una jornada reivindicativa frente al olvido en el que sus convocantes se veían postrados por los incumplimientos de los sucesivos gobiernos regionales y de la nación. La protesta de esta parte de los ciudadanos de León debe interpretarse como una muestra más de un incipiente proceso de cantonalización provincial que viene cogiendo músculo en la España menos poblada. Es una deriva muy lesiva para la cohesión nacional pero muy fácil de entender con sólo ver los réditos presupuestarios y en dotación de infraestructuras con los que se ha premiado a los territorios que han prestado sus votos secesionistas a cambio de privilegios frente a los demás. Si hubiese que reducir los procesos de negociación entre los gobiernos de la nación y las regiones con mayor implantación secesionistas, se podría hacer fácilmente diciendo que han sido procesos en los que sólo se negociaba el límite de lo que en cada ronda se entregaba desde la nación a sus territorios con menor afecto. Un proceso que sólo puede tener como fin el vaciamiento del Estado en esas zonas parapetandose en el trampantojo de que el Estado allí es la administración regional ora insumisa y siempre actuante como factoría de desafectos a lo común.
El cese de la directora del CNI es sólo la última pero importante muestra de lo rentable que puede resultar la cantonalización de España o, visto en perspectiva, la jibarización de Hispanoamérica o de la Hispanosfera. Una rentabilidad que siempre se anota engordando el activo de quienes gestionan sus privilegios hasta estar dispuestos a convertirse en el casino y paraíso fiscal de las criptomonedas con la protección de 10.000 soldados rusos. Si no fuese por la crueldad de la guerra, estos salvapatrias del privilegio cantonal estarían dispuestos a pasar del vivan las caenas del rancio absolutismo al ¡Viva la cadena de bloques! que es la tecnología sobre la que se acuñan las criptomonedas. Las mismas que negociaron los secesionistas catalanes y los embajadores de Moscú según acaba de saberse.
España buscó en las cumbres iberoamericanas un proyecto aglutinador que, además de perfectamente compatible con la contribución a Europa, hubiese permitido embarcarnos en una empresa sugestiva, común y de futuro. Ese proyecto, impulsado en su momento por Felipe González tenía al Rey de España como uno de sus grandes pilares. El actual vaciamiento de la agenda institucional de la Corona por el gobierno de Sánchez y el indigenismo con cuya alerta Elvira Roca enmudecía al auditorio hispalense, han devaluado este espacio de cooperación internacional en el que España debe encontrar más futuro que en la deriva cantonal.
Pero esta deriva tiene más aliados que no sólo el principal que no es otro que el ejemplo que proyectan los señoritos que negocian las concesiones a su agenda propia. Otro aliado no menor es la pereza informativa en la que se mueve cómodamente el separatismo ponga donde ponga la linde. Prueba de ello es que en las mismas horas -ni siquiera días- en la que se elegía la bandeja en la que servir la cabeza de la presidenta del CNI a modo de víctima propiciatoria del festín secesionista, un grupo de científicos españoles ponían encima de la mesa todas las flaquedades sobre las que se había redactado el informe del CitizenLab de la Universidad de Toronto; documento sobre el que inmediatamente se edificó el «Catalangate». De nuevo la pereza informativa jugó en favor del secesionismo pues apenas algún medio de comunicación se atrevió a analizar todas las evidencias que se hicieron públicas mostrando las debilidades del informe avalado por la Universidad de Toronto. Estando al alcance de todos los grupos políticos la misma información, sólo el grupo de Ciudadanos del Parlamento Europeo se tomó el asunto tan en serio como para enviar un requerimiento formal a la mencionada Universidad conminándola a aclarar todas las dudas que cuestionaban el rigor de lo que había servido como último golpe a las instituciones del Estado.
El cantonalismo incipiente sabe que las infraestructuras dependen a veces de la subasta de votos cuando las mayorías son exiguas. Basta ver la red de mallado eléctrico de España para darse cuenta que es mucho más tupida en el Norte que en el Sur y que la industria no va nunca donde no llegue ni la electricidad ni las comunicaciones. El cantonalismo tiene su lógica en este sangrante camino de desprecio a lo que nos une, pero esa lógica se agota cuando después de conseguir una nueva red de transporte eléctrico o corredor de alta velocidad nos encontramos con que no tiene continuidad ni con el cantón de más abajo ni con el cantón de más arriba. Entonces sólo queda reivindicarse como isla. Al final el único recurso es la autarquía.
  • José Manuel Cansino es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla y académico de la Universidad Autónoma de Chile
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