Así afecta la inflación a las familias, y el Gobierno no quiere enterarse
La inflación que sufren las familias de rentas más bajas (16,3 %) es mayor que la que sufren las rentas más altas (14,7 %)
Dice un viejo proverbio oriental que cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo. Esto es lo que ha sucedido cuando el gobernador del Banco de España, la presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), el Fondo Monetario Internacional o el presidente del Partido Popular han señalado los dos mayores problemas de nuestra economía (la elevada inflación y el aumento de la deuda pública) y medio gobierno, con la vicepresidenta económica a la cabeza, se ha quedado mirando el dedo.
Este hecho califica por sí solo el nivel de quienes nos gobiernan: no sólo ignoran el diagnóstico y las soluciones que se les proponen desde diferentes esferas –por cierto, con una coincidencia tal que invitaría a reflexionar a cualquiera–, sino que atacan personalmente a quienes disienten de su pensamiento único.
Así, la semana pasada vimos a una vicepresidenta del gobierno de España decirle al gobernador del Banco de España que «demuestra un profundo desconocimiento sobre la contratación de calidad», recomendándole «que se meta en sus asuntos». Invito al lector a que busque los CV de las 2 personas implicadas, Pablo Hernández de Cos y Yolanda Díaz, y saque sus propias conclusiones. Y el propio presidente del gobierno, cuando el jefe de la oposición le ofrece su plan de ayuda a las familias y a la economía, le dice sin ningún rubor que le «estorba». De nuevo invito al lector a que compare la experiencia y trayectoria de servicio público de ambos presidentes, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, y saque sus propias conclusiones.
Pero volvamos a lo importante, la luna y no el dedo; centrándonos en el primero de los problemas señalados -la inflación-, para saber si es un invento de la oposición y de los organismos independientes, o un problema real. Vamos a mover el foco desde el área macro –que tanto gusta a los economistas– al área micro –que es donde están las familias, donde estamos usted y yo–.
Viendo el primer gráfico, el de la inflación anual media, parece que sí tenemos un problema. De hecho, ahora que Imanol Arias ha puesto de moda nuevamente la serie «Cuéntame» podríamos decir que resulta entrañable la capacidad que tienen los gobiernos socialistas para retrotraernos a aquellos tiempos, a casi 40 años atrás: la inflación media de los 5 primeros meses de 2022 es la mayor desde 1986. Algún sociólogo puede que encuentre un nexo entre esta querencia de la izquierda y su obsesión por recurrir al «francomodín».
Ya sabemos que para la Sra. Calviño «la culpa de todo la tiene Putin»; da igual que los precios llevaran 12 meses subiendo antes de la invasión de Ucrania, que llevemos esperando casi 3 meses las medidas de lo que llamaron «la isla energética» o que el gobierno haya ignorado las propuestas que le hacen desde la oposición y desde los organismos reguladores. Este negacionismo tiene un corolario muy claro: si no se puede hacer nada porque todo depende de Putin, ¿para qué le pagamos el sueldo a la vicepresidenta económica y a la pléyade de asesores que la acompañan?
La segunda cosa es que el IPC se publica en referencia anual, pero si la inflación se mantiene elevada en el tiempo, las subidas se consolidan y se acumulan. Por ejemplo, en 2021 los precios subieron un 6,5 %; si 2022 cerrase con una inflación del 5,5 %, no significa que los precios han bajado, significa que han subido, menos que el año anterior, pero en el conjunto de los dos años los precios habrían subido un 12 %. En el gráfico segundo se puede ver que, desde febrero de 2021, hay bienes básicos de la cesta de la compra que acumulan subidas muy importantes: el aceite de girasol ha más que duplicado su precio, las harinas, pastas y huevos han subido entre un 25 % y un 29 %, la leche y la carne un 17 %, etc.
Mención especial merecen la factura de la luz –que ha subido un 65 %–, el gasóleo –un 42 %– y la gasolina –un 32 %–, porque muestran la insuficiente respuesta del gobierno a lo que fue el origen de esta escalada de precios:
• Si la isla energética consigue reducir el precio de la electricidad entre un 8 % y un 15 %, seguiremos pagando la luz un 50 % más cara que en 2021.
• La rebaja de 20 céntimos a los combustibles, al ser fija, ya se ha absorbido por la propia evolución de los precios, por lo que hoy ya pagamos los combustibles más caros que cuando se aprobó esta subvención. No es de extrañar que el propio Banco de España haya puesto en tela de juicio la eficacia de esta medida.
La tercera cuestión relevante es que, como hemos visto, el IPC es una media de la variación de precios de diferentes bienes y servicios, algunos de los cuales suben mucho (p.e. el aceite de girasol, +127 %) y otros pueden incluso bajar (p.e. los ordenadores personales -6,7 %), por lo que la percepción y el impacto de la subida de precios es diferente para cada familia en función de su patrón de consumo.
El siguiente gráfico, obtenido al combinar la distribución del gasto de las familias en función de la renta (datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares de 2020) con la subida de precios de cada grupo de bienes (también del INE), muestra algo muy importante: la inflación que sufren las familias de rentas más bajas (16,3 %) es mayor que la que sufren las rentas más altas (14,7%). La razón es que las familias con rentas más bajas destinan un mayor porcentaje de gasto a los bienes de consumo básicos que más han subido.
Si, como hemos visto a lo largo de este artículo, el problema de la inflación es real –las familias ven mermados sus ahorros y su poder de compra a través de lo que se denomina el «impuesto invisible»–, de una magnitud importante -no vista en 40 años- y especialmente injusto –porque perjudica a todos, pero más a las familias con rentas más bajas– cabe preguntarse: ¿por qué este gobierno que se autodenomina progresista se niega a tomar medidas para combatirla de forma eficaz? O más indignante aún, ¿por qué ha desechado, vetando incluso el debate parlamentario, la propuesta presentada por el Partido Popular en el Plan económico que incluye las medidas fiscales necesarias para compensar de forma inmediata a las familias de rentas medias y bajas?
Recordemos que en ese documento que le entregó personalmente Alberto Nuñez Feijóo a Pedro Sánchez, el que tanto le estorba al presidente del gobierno, se incluía:
• El ajuste del IRPF por la inflación (deflactación), de forma que los salarios, pensiones y rendimientos de los autónomos no se vieran afectados por la denominada progresividad en frío; esto es, que no tengan que pagar más teniendo menor capacidad económica por el simple efecto de la inflación;
• Un nuevo mínimo personal para las rentas entre 14.000 y 22.000 euros;
• Un impuesto negativo articulado como un pago anticipado para las personas especialmente desprotegidas por el incremento del IPC para las rentas del trabajo y de actividades económicas más bajas sobre las que no hay obligación de retener, y coordinado con el resto de las ayudas que se puedan recibir.
Personalmente, no entiendo que, con la que está cayendo, el gobierno socialista centre todos sus esfuerzos en atacar a quienes intentan aportar soluciones y alternativas factibles que, además, se ha visto que funcionan en aquellas Comunidades Autónomas donde las han llevado a cabo. Es absurda la obcecación en buscar culpables en vez de soluciones.
El próximo domingo, cuando conozcamos el resultado de las elecciones autonómicas en Andalucía, es posible que alguno de los muchos asesores del presidente le diga a Pedro Sánchez que deje de mirar el dedo y se centre en la luna. Aunque, visto lo visto, mucho me temo que su respuesta sea ¿qué luna?
Javier Escribano es economista