27 de enero de 2023

José María Rotellar

El Reino Unido acierta al bajar impuestos

Debe completar su propuesta con una rebaja del gasto improductivo, pero ya ha lo ha hecho bien en la primera parte

La nueva primera ministra del Reino Unido, Liz Truss, acaba de impulsar la mayor bajada de impuestos, junto con una importante desregulación, desde hace casi cinco décadas. No se recuerda una decisión tan importante a favor de la libertad económica, de intentar impulsar la actividad dejando más dinero en el bolsillo de los contribuyentes, y de eliminar obstáculos para que se invierta y se generen empresas en el Reino Unido desde los años inolvidables de Margaret Thatcher, cuando hizo que los británicos recuperasen pujanza en el contexto internacional y dejasen atrás las penurias que se generaron con el gabinete laborista de James Callaghan.
En línea con Thatcher y también, como se ha señalado, con Ronald Reagan –incluso se ha empezado a hablar de «Trussenomics», emulando aquella denominación de «Reaganomics» que se le dio a la política económica de Reagan, que también sacó a Estados Unidos de la debilidad económica –y en otros ámbitos– en la que lo había dejado Carter–, Liz Truss va a bajar los impuestos de manera importante.
En primer lugar, da marcha atrás a la subida del impuesto de sociedades y del aumento de cotizaciones a la Seguridad Social, que estaban previstos. Es obvio que si evita subirse el impuesto de sociedades –y no digamos si se baja– muchas empresas querrán asentarse en el Reino Unido o, al menos, no irse. En cuanto a las cotizaciones a la Seguridad Social, el impedir que suban es eliminar un obstáculo al empleo, a la contratación, porque si se encareciesen provocarían destrucción de impuestos.
El secretario del Tesoro, Kwasi Kwarteng, ha dejado bien claro en el parlamento que es necesario una nueva política, ya que «los impuestos altos sólo sirven para reducir los incentivos laborales y para obstruir a las empresas».
De la misma manera, se suspende el impuesto sobre beneficios extraordinarios a las compañías energéticas, que evitará repercusiones al alza en el precio de la factura a los usuarios, ha rebajado el impuesto de transmisiones patrimoniales –que estimulará la compraventa de viviendas–, y reduce también el impuesto sobre la renta.
Junto a la bajada de impuestos, el Reino Unido ha anunciado la creación de cuarenta zonas de inversión, donde se gozará de exenciones fiscales. Adicionalmente, habrá una desregulación que permitan acelerar los planes de infraestructuras.
Es cierto que los mercados han recibido la noticia con una venta importante de bonos británicos, que provoca un aumento de su rentabilidad, por temor a un incremento de deuda importante. Por eso, es imprescindible que Truss complete su propuesta con un ajuste del gasto, eliminando los no esenciales para centrarse exclusivamente en preservar los imprescindibles. Ahora bien, en cualquier caso, el castigo del mercado está poco justificado por el riesgo de incremento de deuda si lo comparamos con la de los países de la Unión Europea que no sólo no bajan impuestos, sino que siguen subiendo el gasto e incrementando la deuda más que lo que se prevé que lo haga la del Reino Unido, cuando la propuesta británica, al menos, pretende impulsar la economía para que se sostenga por sí misma con la generación de actividad productiva, mientras que la visión de la Comisión Europea y de muchos países de la UE sigue basándose en una socialdemocracia que siempre conduce al desastre, pues el crecimiento y el empleo se acaba cuando se termina la posibilidad de seguir gastando sin límite, como ahora hace la UE, especialmente España.
El Reino Unido, como digo, debe completar su propuesta con una rebaja del gasto improductivo, pero ya ha acertado en la primera parte, la bajada de impuestos. Sigo pensando que fue un error que abandonase la UE, pues el pertenecer a ella tiene muchas cosas positivas, pero, una vez hecho, la supervivencia británica pasa por ser audaces y aprovechar la liberación de la parte negativa de la UE, la burocracia y la visión intervencionista que suele tener la Comisión Europea, y con esta propuesta de bajada de impuestos y flexibilización de la economía ha dado el primer paso para luchar por ello. Ahora no deben flaquear ante los que llamen neoliberal a su política –expresión equivocada con la que los intervencionistas pretenden insultar a quienes no piensan como ellos– y debe completar su reforma con el ajuste de gasto prescindible. Deberían tomar buena nota en la Comisión Europea, en muchos países de la UE y, sobre todo, en el Gobierno español.
José María Rotellar es profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.
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