Muchos se han visto obligados a abrazar el autoempleo dada la precariedad del mercado de trabajo
La odisea de emprender en España: la precariedad laboral es el principal impulsor para montar un negocio
Muchos se han visto obligados a abrazar el autoempleo dada la precariedad del mercado de trabajo
España es un país de contrastes y, casi en la mitad de los casos, emprender es un privilegio condicionado al árbol genealógico. No es que crear negocios propios esté limitado a los ricos, pero no ser pobre ayuda; porque si el pudiente cae, el capital le impulsa a levantarse. Otros jóvenes —también con ideas, pero sin red familiar de seguridad— deben, en cambio, sortear barreras estructurales que el sistema aún no ha logrado derribar. El desembolso inicial —situado en los diez mil euros de media— continúa siendo el principal freno del emprendimiento.
El Informe GEM España 2023-2024 revela que el porcentaje de emprendedores potenciales creció en 2023 de un 9,4 % a un 11,2 %, un nivel que no se alcanzaba desde 2012. Sin embargo, esto no responde a un terreno menos hostil que años atrás, sino que muchos se han visto obligados a abrazar el autoempleo dada la precariedad del mercado de trabajo.
«Desde la crisis de 2008, el ecosistema emprendedor en España ha mostrado una notable evolución. No obstante, también percibimos un interés genuino por parte de los estudiantes en crear algo propio. Les mueve la posibilidad de marcar una diferencia», señala Jaime Mollá, responsable de emprendimiento de ESIC University. El mismo subraya que las oportunidades abiertas por el mundo digital han estimulado el ánimo emprendedor de las nuevas generaciones. Así, «durante la última década, hemos visto un crecimiento en el número de startups y un aumento en la madurez de los proyectos».
No se sabe si fue antes el huevo o la gallina, como tampoco sabemos si el escaso espíritu emprendedor de nuestro país se debe a los pocos estímulos públicos y las muchas dificultades burocráticas o al revés. Sobre lo que sí tenemos certeza es que casi cinco de cada diez españoles afirman que el apoyo no es suficiente, señalando los impuestos (87 %), la financiación (77 %) y los numerosos trámites (77 %) como los principales obstáculos, según datos de la CEOE y la consultora GAD3.
La sociedad española es más amiga de una nómina fija que de la adrenalina empresarial, lo que no encaja del todo con la realidad de ser tu propio jefe. El bajo nivel de apoyo estatal no ha derribado esta cultura y el ecosistema español de startups, aunque ha empezado a despuntar en Europa, se mantiene aún a la cola de países como Alemania, Reino Unido y Francia, que siguen liderando en innovación y volumen.
Entre trenes perdidos y capital extranjero
Ramón Blanco, emprendedor y cofundador de Indexa Capital y Bewater Funds, recuerda que «estamos mucho mejor que hace 20 años, cuando apenas había emprendedores tecnológicos ni fondos que invirtieran en este ámbito. Sin embargo, perdimos el tren de internet entre 1995 y 2005». También autor del libro Fracasar para avanzar, Blanco advierte de que podríamos estar a punto de perder un segundo tren: el de la Inteligencia Artificial: «las empresas más grandes de los próximos 20 años parecen volver a ser, una vez más, americanas y, por supuesto, chinas.»
Las inversiones en startups españolas han aumentado a un ritmo anual del 30 % desde 2022 y la presencia de capital riesgo internacional se ha multiplicado por cinco, permitiendo que las empresas escalen sin necesidad de trasladarse al extranjero. Aun así, «ni en Europa continental ni en España hemos logrado dar un salto para competir en igualdad de condiciones con los americanos», explica el emprendedor. En concreto, la inversión en capital riesgo en Estados Unidos representa aproximadamente el 1 % del PIB, mientras que en Europa este porcentaje se sitúa en torno al 0,33 %.
Nuestro país podría ser una tierra de oportunidades si aprovechamos el puente natural que somos entre Europa e Iberoamérica. El marco regulatorio pretende avanzar hacia este horizonte; a un mayor ritmo desde la pandemia y con incentivos que mejoran las condiciones para emprender, como la Ley de Startups.
No obstante, Ramón Blanco apunta que las políticas públicas siguen sin ser realmente efectivas para impulsar el emprendimiento. Como ejemplo de buena práctica, destaca el modelo británico, donde los incentivos fiscales para inversores privados —como deducciones del 30% en el impuesto sobre la renta, exenciones en plusvalías y sucesiones o compensación de pérdidas— han contribuido a dinamizar el ecosistema emprendedor de forma mucho más eficaz.