Trabajador del acero.
Los expertos de Trabajo reconocen que casi la mitad de los trabajadores está en situación de precariedad
Tres años después de su entrada en vigor, la reforma laboral de Yolanda Díaz muestra signos evidentes de desgaste
Tres años después de su entrada en vigor, la reforma laboral de Yolanda Díaz muestra signos evidentes de desgaste. Incluso los propios expertos del Ministerio de Trabajo reconocen que casi la mitad de los trabajadores de nuestro país está en situación de precariedad.
El informe Presme, elaborado por una de las innumerables comisiones que orbitan alrededor del Ministerio, examina la relación entre precariedad laboral y salud mental. Sus conclusiones son demoledoras: el 47,5 % del mercado laboral español se encuentra en situación de precariedad, apenas cinco puntos menos que en el primer trimestre de 2022, cuando se implementó la reforma.
En cifras absolutas, hablamos de 11,5 millones de personas. El perfil de esta precariedad se distribuye de forma desigual: 7,6 millones son asalariados en situación precaria (el 66,1 % del total de trabajadores precarizados), 2,7 millones son personas desempleadas que han trabajado previamente, y 1,2 millones son autónomos sin empleados a su cargo.
Es decir, dos de cada tres personas precarizadas tienen contrato laboral, mientras que una de cada diez es autónoma sin estructura empresarial. El informe también subraya que los jóvenes, las mujeres y los extranjeros figuran entre los colectivos más afectados.
A pesar de su marcado enfoque ideológico –con referencias al «debilitamiento sindical» o a la «expansión de las políticas neoliberales» como causa de la precariedad–, el documento señala que acabar con la precariedad podría evitar hasta 170.000 casos de depresión al año.
Las recomendaciones para revertir esta situación abarcan desde reformular el Estatuto de los Trabajadores hasta reforzar los derechos colectivos, ampliar la inspección laboral o incluso explorar una renta básica universal como escudo ante la inseguridad salarial. En otras palabras, una batería de medidas que pone sobre la mesa la insuficiencia del marco actual.
Maquillaje estadístico
La narrativa del Ministerio sobre los supuestos logros de la reforma laboral se sostiene, sobre todo, en la reducción estadística de la temporalidad. Pero cada vez más voces –como recordaba el sindicato USO esta semana– advierten que se trata de un «maquillaje estadístico» donde el empleo estable crece sobre el papel, pero no en el día a día de los trabajadores.
Un fenómeno ilustrativo de ello es el auge de los llamados «contratos cerilla»: contratos formalmente indefinidos, pero con duraciones de apenas días, que precarizan el empleo mientras inflan artificialmente las cifras de estabilidad.
En definitiva, los datos revelados por el propio Ministerio ponen en entredicho el relato triunfalista que ha acompañado a la reforma laboral desde su aprobación. Si uno de cada dos trabajadores sigue atrapado en la precariedad, la cuestión ya no es si la reforma fue útil, sino si ha sido honestamente evaluada.