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El peso del sector amplía su brecha en comparación con la UE y se aleja de los objetivos marcados por la Comisión

El declive de la industria aleja a España de Europa: nos encontramos un 8 % por debajo del objetivo de la UE

El peso del sector amplía su brecha en comparación con la UE y se aleja de los objetivos marcados por la Comisión

La industria manufacturera ha ido perdiendo peso en la economía española y ampliado la brecha con respecto a la Unión Europea. Con datos del 2024, aporta el 11,8 % del valor añadido bruto, lo que supone 3,9 puntos menos que en la media europea. Así, se queda casi a mitad de recorrido del objetivo del 20 % marcado por la UE para 2030.

En términos de empleo, la pérdida de peso ha sido aún mayor. Las manufacturas han reducido un 25 % el número trabajadores desde principios de siglo hasta generar el 9,9 % de los puestos de trabajo en España, 7,2 puntos menos que en el año 2000. Revertir esta evolución forma parte de la agenda europea y española desde hace años, aunque hasta ahora no ha surtido efecto.

Las diferencias de productividad dentro de los sectores manufactureros son muy elevadas, incluso más que en los grandes sectores de actividad, existiendo importantes ineficiencias asignativas derivadas del hecho de que las empresas más productivas no son las que mayor cuota de mercado ganan.

En el contexto europeo, destaca la importancia que en España tiene la industria agroalimentaria, con un peso 8,4 puntos porcentuales superior al de la EU-27. Aunque la diferencia es menor, también destaca la mayor especialización de España en la industria textil y los productos del caucho y plástico. Por el contrario, el peso que tiene la fabricación de maquinaria y equipo es la mitad del que tiene en la EU-27. La diferencia todavía es mayor en el peso de las ramas de productos informáticos, electrónicos y ópticos, ya que es casi seis veces menor en España. En el esfuerzo de I+D, a pesar de tener un porcentaje muy superior al de la economía, es de los más bajos de los países considerados.

En concreto, hay cuatro ramas que concentran casi el 60 % de la producción manufacturera en nuestro país: la industria agroalimentaria (19,4 %), la metalurgia y productos metálicos (12,7 %), la química y farmacéutica (12,1 %) y la de fabricación de material de transporte (11,8 %). A esta última le sigue de cerca la industria de la producción de caucho, plástico y minerales no metálicos (9,3 %).

Con el descenso del quinto mes del año, las ventas de la industria se mantienen en tasas negativas después de haber caído un 6,8 % en abril

«En la monografía hemos puesto el foco de atención en dos factores que afectan a la competitividad. Por un lado, el nivel tecnológico, de digitalización y esfuerzo innovador; y por el otro, la eficiencia energética», señalaban desde la Fundación BBVA. En el primer caso, el sector manufacturero español hace uso de menos intensidad de capital TIC que el resto de Europa, y tienen menos peso en las ramas productoras e intensivas en TIC, lo que señala un menor desarrollo tecnológico. En lo que respecta al índice de digitalización, la empresa española presenta un 62 %, por debajo de la EU-27 (68,3 %) y muy alejado del objetivo del 90 %.

La digitalización marca diferencias en términos de eficiencia productiva y estas diferencias son mayores en las manufacturas que en los servicios. Así, la eficiencia productiva en los sectores manufactureros de alta intensidad tecnológica más que doblaba la de los sectores menos intensivos en digitalización en 2022. El crecimiento de la eficiencia productiva también es mayor en los sectores más digitalizados. Mientras el sector productor TIC aumentó su eficiencia productiva un 40 % entre 2000 y 2021 y el más intensivo en digitalización un 24 %, la Productividad Total de los Factores de las manufacturas menos intensivas en digitalización apenas varió. Lo que este resultado demuestra es la importancia que tiene la digitalización para impulsar la productividad de la industria.

Por otro lado, opera en un escenario energético caracterizado por una elevada volatilidad de precios. Los precios de la energía están sometidos a fluctuaciones significativas resultantes de shocks de oferta y demanda en los mercados internacionales. Además, la imposibilidad actual de almacenar electricidad a gran escala hace que los cambios bruscos de oferta y demanda se trasladen de forma más directa a los precios, intensificando el riesgo de mercado al que están expuestas las actividades industriales. Esta volatilidad se agudizó especialmente a partir de la segunda mitad de 2021, poniendo de relieve la vulnerabilidad de la industria derivada de la dependencia energética y afectando particularmente a los sectores más intensivos en el uso de la energía.

Con el descenso del quinto mes del año, las ventas se mantienen en tasas negativas después de haber caído un 6,8 % en abril. Los mayores descensos interanuales de la facturación en el quinto mes del año se registraron en las coquerías y el refino de petróleo (-12,7 %), la industria del cuero y del calzado (-9 %) y la preparación e hilado de fibras textiles; fabricación de tejidos textiles; acabado de textiles (-8,8 %).

La industria es el segundo sector consumidor de energía en España, solo por detrás del transporte, por lo que la mejora de su eficiencia energética es fundamental de cara a los objetivos de reducción del consumo necesario para disminuir la dependencia energética, mejorar la competitividad y proteger el medio ambiente a través del objetivo de la transición verde.

Esta doble transición, reconocida tanto en la estrategia europea como en la española y reflejada en el Plan Industrial del Pacto Verde de 2023, permite la optimización del consumo energético mediante tecnologías avanzadas, la implantación de modelos de negocio más sostenibles y la aceleración de la modernización. A su vez, la transición energética impulsa la innovación y la adopción de soluciones limpias, creando un entorno propicio para el desarrollo y la fabricación de tecnologías necesarias para alcanzar la neutralidad climática. Así, la modernización y la innovación, con la digitalización como elemento central, se convierten en factores clave para convertir la transición energética en una oportunidad de crecimiento y liderazgo industrial a largo plazo.

La industria de la energía está sufriendo una notable transformación, especialmente debido al impulso en la inversión en fuentes de generación renovable a lo largo del territorio. La construcción de parque eólicos y plantas solares atrae proyectos de inversión, favoreciendo el crecimiento económico y la demanda de profesionales especializados en las energías limpias en sectores como la construcción, los servicios de ingeniería, instalación y mantenimiento de sistemas.

No obstante, la progresiva penetración de fuentes renovables en el mix de generación eléctrico para lograr el objetivo el 100 % renovable en el 2050 no está exenta de desafíos. La insuficiencia de infraestructuras necesarias para cubrir la demanda de la electrificación de todos los sectores, podría convertirse en el cuello de la botella que haría peligrar el desarrollo de los negocios asociados. La industria de la energía contribuyó con un 5,1 % del valor añadido total de la economía, generando 452.104 empleos. Con el desarrollo de las renovables, es de esperar que ese peso vaya a más, alcanzando todos los sectores económicos, según refleja en Ministerio para la Transición Energética y el Reto Demográfico en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2023 -2030.

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