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El presidente de Indra Group, Ángel Escribano, durante una rueda de prensa

El presidente de Indra, Ángel Escribano, durante una rueda de prensa.Europa Press

Sánchez, Montero y Zarrías estarían detrás de la lucrativa operación de Escribano con Indra, según un accionista

El accionista minoritario de Indra Manuel Revuelta mostró en el año 2021 su interés en hacerse con un 20 % de la compañía y convertirse en un accionista estable y de largo plazo, pero le dieron calabazas.

«La respuesta que recibió no fue técnica, económica ni institucional. Fue política, y transmitida por Gaspar Zarrías, el histórico dirigente socialista andaluz, entonces ya reciclado en la sombra como operador informal del poder», explican en un dossier enviado desde el entorno de Revuelta. Él reconoce que vio a Zarrías algunas veces, como ha visto a otros políticos.

Zarrías se presentaba como intermediario, según la empresa que intentó hacerse con el 20 % de Indra

«A través de su firma Zaño Sociedad Consultora SL, Zarrías se presentó como intermediario oficioso –pero perfectamente conectado– con el núcleo duro del PSOE y el aparato de Moncloa. La advertencia fue inequívoca: no vais a entrar con un 20 %. Si queréis participar, será con un paquete pequeño, entre 30 y 60 millones de euros, y solo para apoyar al Gobierno», añade el dossier.

«La alineación no era ideológica ni estratégica: era puramente mercenaria. El paquete debía ir coordinado con SAPA y Escribano, las otras dos empresas ya bendecidas por el poder como peones gubernamentales en Indra. Y entonces llegó la frase que revela la naturaleza real del modelo: os haréis millonarios, pero os costará millones. Un mensaje que no dejaba lugar a dudas: para entrar había que pagar no solo el capital accionario, sino también las cuotas del sistema y estar apoyando al Gobierno. Revuelta entendió el mensaje y abandonó», concluye el dossier. El accionista añade una razón más: cuando propuso hacerse con el 20 %, la acción estaba a 5 euros. Con su posterior subida, la operación ya se les iba de las manos.

Las acusaciones del dossier, del que ahora Revuelta se desmarca, son muy fuertes, y van aún más allá. Afirman que la operación Indra-Escribano se enmarca «bajo el amparo de un círculo cerrado del PSOE dirigido por el propio presidente del Gobierno, con la ministra María Jesús Montero (de quien depende la SEPI) como ejecutora y Gaspar Zarrías como operador en la sombra. Este último –histórico fontanero del partido– no se ha escondido. En 2021 ya dejó clara la hoja de ruta: colocar a sus peones en Indra, vender su filial, Minsait, y convertir a Escribano en el nuevo amo del complejo industrial de defensa de España. Lo consiguió».

La operación saldrá adelante cuando se acuerde qué hacer con la deuda de Escribano

Revuelta ve un posible trato de favor hacia Escribano, que habría obtenido el 80 % de sus adjudicaciones de contratos públicos en los últimos años sin competidores en la oferta, según sus datos. El dossier apunta a unas adjudicaciones de contratos públicos por valor de más de 1.090 millones de euros desde el año 2018, cuando Sánchez llegó al poder. En buena medida indica que se han realizado sin transparencia, con solo una oferta concurrente, algo que se justificaba argumentando que solo Escribano tenía esa especialización. Escribano, desde luego, tiene una alta especialización en la fabricación de estaciones de armas. Además, defensa es, junto con salud, el sector más regulado que existe. Está sujeto a revisiones muy exigentes y pueden exponerse quejas oficiales a las adjudicaciones, de modo que las acusaciones en este sentido no parecen tener mucho fundamento.

Algunas fuentes señalan también la relación de Escribano con otros negocios distintos del suyo como muestra de su cercanía con el Gobierno. En esta línea hay una investigación que está llevando a cabo la Unidad de Delicuencia Económica y Fiscal (UDEF) en la que la compañía supuestamente actuó como intermediaria en la compra de 5.000 ventiladores durante el Covid y se embolsó una comisión, como ya contó El Debate.

Manuel Revuelta se ha convertido en el opositor más ruidoso a la compra de Escribano por parte de Indra. Sostiene que no le gusta la operación, y que desde luego Escribano no vale 1.000 millones de euros, como se ha calculado desde algunas fuentes. Así lo dijo en su respetuosa pero clara intervención en la junta de accionistas de Indra del pasado 27 de junio, en la que pidió la dimisión de Ángel Escribano como presidente de la compañía. Asegura que lo hizo desde su condición de ciudadano en desacuerdo con una operación que no le parece positiva para España ni para Indra, una empresa que considera «vital» y «un activo de primer orden». Sin embargo, su actuación tuvo muy poco eco: un abrumador 98,49 % de los accionistas de Indra respaldó en la junta el nombramiento de Ángel Escribano como presidente y el nuevo plan estratégico de la compañía.

Aunque tendría lógica empresarial de cara a que Indra siga creciendo como referente español de defensa, en el dossier se afirma que comprar la empresa familiar de los Escribano «encierra serios peligros reputacionales y legales». Entre ellos resaltan la pretensión de que Indra asuma la deuda de 190 millones de euros por el préstamo que contrató Escribano para ir comprando acciones hasta alcanzar el 14,3 % de acciones que posee de Indra, y el hecho de que se valore la compra por entre 1.000 y 1.500 millones de euros, aunque fuentes cercanas a la operación indican que no se sabe si se haría asumiendo la deuda ni si la valoración sería la reseñada: todo está en estudio. Aun así, en el dossier afirman que «el conflicto de intereses es tan evidente que varios consejeros han solicitado la dimisión del presidente Ángel Escribano. Las fuentes consultadas consideran que la operación podría constituir un delito de administración desleal, ya que estamos ante el caso del presidente de una compañía cotizada que se quiere comprar su propia empresa. Además, con la fusión, Indra asumiría la deuda con la que Escribano ha adquirido su participación en la propia Indra, lo que iría en contra de los intereses del resto de accionistas». Estas cuestiones no están claras. Aún no se sabe cómo se desarrollará la operación, si llega a realizarse.

Como ya comentábamos en este artículo, la citada deuda y el posible conflicto de interés en la compra retrasan la adquisición de Escribano. De hecho, fue el propio consejero delegado de Indra, José Vicente de los Mozos, quien admitió en la junta la evidencia del conflicto de intereses en la operación y anunció la creación de un comité de independientes que estudia si puede llevarse a cabo. Los Escribano no participan en esta comisión.

Fuentes conocedoras de la operación dan por hecho que se realizará cuando se llegue a un acuerdo, aunque la intención inicial era haberla llevado a cabo antes del verano. Lo que no se sabe es cuándo se anunciará si la operación sigue o no adelante. De los Mozos comentó en la junta que la defensa es una ventana de oportunidad que no estará abierta eternamente. Los 100.000 millones que destinará Europa en 2025 a contratos públicos para la compra de equipos de defensa irán a empresas grandes como Rheinmetall (Alemania), Thales (Francia) y Leonardo (Italia), y vendrán a Indra si consigue coger tamaño suficiente. Por eso les interesaría cerrar cuanto antes la operación de Escribano y otras que tienen en mente. Los Estados delegan la defensa en este tipo de grandes empresas, que a su vez se nutren de cientos de proveedores. Si en España no contamos con una, los contratos se los llevarán empresas de fuera.

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