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Varios pensionistas juegan al dominó en un parque de Madrid.

Varios pensionistas juegan al dominó en un parque de Madrid.EP

Los jubilados reciben un 62 % más de lo que aportaron, y la factura la están pagando los jóvenes

El sistema de pensiones condena a las nuevas generaciones a cargar con una deuda equivalente a cinco veces el PIB

El sistema de pensiones se tambalea. No solo tensiona gravemente las cuentas públicas por el desequilibrio presupuestario, sino que está afectando a los más trabajadores más jóvenes. Estos cargan con una losa de cotizaciones e impuestos al tiempo que ven reducida su riqueza en beneficio de los nuevos jubilados, cuyas rentas superan en mucho lo aportado durante su vida laboral.

El Instituto Juan de Mariana acaba de publicar un extenso informe sobre cómo el sistema de pensiones y el modelo fiscal está penalizando a los jóvenes españoles. Por ejemplo, en 2002, los menores de 35 años poseían el 7,5 % de la riqueza nacional, porcentaje que ha caído al 2 % en veinte años. En contraste, los mayores de 75 años han aumentado su cuota del 8 % al 22 %.

La renta de los jóvenes también se ha visto afectada. Entre 2008 y 2024, el ingreso real de los trabajadores de 18 a 29 años ha caído un 3 %, mientras que los mayores de 65 años han incrementado sus ingresos un 18 %. El contraste es aún más evidente si se comparan salarios y pensiones: las nuevas jubilaciones ya superan el sueldo medio de los menores de 35 años (1.760 euros frente a 1.670).

Este deterioro se observa también en el consumo. Desde 2006, solo los mayores de 65 años han aumentado su gasto real, con un crecimiento del 5 %. En cambio, los menores de 30 han reducido su consumo en un 36 %, reflejo de la pérdida de capacidad adquisitiva de una generación que sufre precariedad laboral, problemas de acceso a la vivienda y mayor presión fiscal.

La tasa de desempleo juvenil es otro síntoma. Con un 26,5 %, la más alta de Europa, cuadruplica los niveles de Alemania y supera en diez puntos la media comunitaria. Esta falta de oportunidades se traduce en menos ahorro, retraso en la emancipación y una brecha cada vez mayor con los países de referencia en la UE.

A esto se le une el creciente problema del acceso a la vivienda. El 81 % de los nacidos entre 1945 y 1965 eran propietarios a los 42 años. Hoy, menos de la mitad de quienes nacieron después de 1985 lo son, y apenas un 20 % de los menores de 35 tiene una hipoteca. Esta situación, según el informe, esto demuestra que el sistema «está penalizando de manera directa a los jóvenes, expulsados del mercado inmobiliario en beneficio de generaciones anteriores».

Insostenibilidad del sistema

El informe subraya, además, la insostenibilidad del propio sistema de pensiones. Según cálculos del Colegio de Actuarios, un jubilado recibe de media un 62 % más de lo que aportó a lo largo de su carrera laboral. La generosidad de estas prestaciones ha disparado el déficit real de la Seguridad Social hasta el 3,8 % del PIB, en torno a 56.000 millones de euros anuales, mientras que la deuda implícita derivada de promesas no financiadas –las obligaciones futuras que el Estado ya ha contraído con los actuales cotizantes y jubilados en forma de pensiones prometidas, pero sin tener todavía los recursos para pagarlas– ya alcanza el 507 % del PIB.

Desde 2010, las cotizaciones sociales resultan insuficientes para cubrir la factura, por lo que el agujero se compensa con impuestos crecientes. La renta dedicada a IRPF y cotizaciones sociales supone ya el 39,5 % del coste laboral, frente al 31,8 % de la media de la OCDE. Si se añaden IVA, IBI y otros gravámenes, la carga fiscal sobre un salario medio equivale al 55 %. «La combinación de bajos sueldos, alta fiscalidad y un sistema que desvía recursos hacia los jubilados genera una brecha generacional sin precedentes en Europa», concluye el informe.

La comparación con Europa tampoco resulta favorable. Mientras que los mayores de 65 años disfrutan de una renta un 6,4 % superior a la media comunitaria, los trabajadores en activo perciben un 7,3 % menos que sus homólogos europeos. «El actual modelo de pensiones no solo es financieramente insostenible, sino que transfiere riqueza de los jóvenes a los mayores, agravando la desigualdad entre generaciones y comprometiendo la viabilidad futura del Estado del bienestar», concluyen desde el Juan de Mariana.

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