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El Premio Nobel de Economía 2025: la explicación de cómo el mundo ha entrado en una era de crecimiento sin precedentes

Sus teorías explican el pasado, pero también iluminan el presente: en un mundo donde la robotización, la inteligencia artificial o la transición energética redefinen industrias enteras

Act. 14 oct. 2025 - 09:33

Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, Nobel de Economía 2025

Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, Nobel de Economía 2025Academia Sueca de Ciencias

Este lunes conocimos los nombres de los ganadores del Premio Nobel de Economía 2025, otorgado por la Real Academia Sueca de Ciencias. Este premio está dotado con 11 millones de coronas suecas (un millón de euros). A diferencia de los demás premios, este no fue establecido en el testamento de Alfred Nobel de 1895, sino por el Banco Central de Suecia en su memoria.

El premio de este año ha recaído en Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por sus investigaciones sobre cómo la innovación tecnológica impulsa el crecimiento económico sostenido. Mokyr, historiador económico, recibe la mitad del galardón «por haber identificado los requisitos previos para el crecimiento económico sostenido a través del progreso tecnológico», mientras que Aghion y Howitt comparten la otra mitad «por la teoría del crecimiento económico a través de la destrucción creadora».

Cada uno, desde perspectivas distintas, ha contribuido a explicar cómo el mundo pasó, en apenas dos siglos, de un prolongado estancamiento histórico a un periodo de crecimiento continuo sin precedentes.

El historiador del progreso tecnológico

Joel Mokyr ha dedicado su carrera a comprender las raíces históricas del crecimiento económico moderno. Su investigación demostró que el progreso sostenido se hizo posible cuando las innovaciones tecnológicas dejaron de depender solo de la experiencia empírica y comenzaron a apoyarse también en explicaciones científicas.

Antes de la Revolución Industrial, las personas sabían cómo hacer funcionar ciertos inventos, pero desconocían el por qué. Esa desconexión impedía perfeccionarlos, y las olas de innovación se agotaban tras unos pocos avances.

Mokyr sostiene que la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII, con su énfasis en la medición precisa y la experimentación controlada, proporcionó el sustrato intelectual para que la posterior Revolución Industrial floreciera en Gran Bretaña. Fue la creciente interacción entre el conocimiento científico («saber por qué») y el conocimiento práctico («saber cómo») lo que permitió un proceso acumulativo de innovaciones encadenadas.

Sus hallazgos ofrecen lecciones claras para las políticas públicas actuales: invertir en la conexión entre educación, investigación básica, desarrollo tecnológico y producción. En su visión, la innovación no es un acto espontáneo, sino un proceso social que requiere de una cultura que no tema al cambio y de políticas que lo acompañen.

Mokyr se muestra optimista respecto al futuro: argumenta que las nuevas fronteras científicas –la inteligencia artificial, la biotecnología o los nuevos materiales– podrían desencadenar una nueva revolución industrial comparable a la de los siglos pasados.

La dinámica de la destrucción creadora

Por su parte, Philippe Aghion y Peter Howitt desarrollaron la teoría que explica cómo la innovación impulsa el crecimiento económico a través de un proceso de destrucción creadora: las nuevas tecnologías y empresas reemplazan a las antiguas, elevando la productividad general.

Su modelo formalizó el concepto introducido por Joseph Schumpeter y lo integró en un marco analítico riguroso. A diferencia de los modelos anteriores, el de Aghion y Howitt muestra que el crecimiento no es solo resultado de la acumulación de capital, sino de un proceso de competencia dinámica, incentivos a innovar y renovación constante.

Las empresas, según su modelo, invierten en investigación y desarrollo (I+D) para obtener beneficios temporales de monopolio. Pero esos mismos beneficios incentivan a nuevos competidores a innovar, generando un ciclo de progreso continuo. La competencia no destruye el crecimiento: lo impulsa.

Las implicaciones políticas de esta teoría son profundas. Aghion ha defendido la necesidad de combinar innovación con equidad, promoviendo mercados abiertos, regulaciones antimonopolio adaptadas a la era digital, apoyo público a la I+D y mecanismos de transición para los trabajadores desplazados por el cambio tecnológico.

En Europa, ha abogado por reconciliar la política de competencia con una estrategia industrial inteligente, que impulse sectores estratégicos sin caer en el proteccionismo. Como recuerda el propio Aghion, «no se trata de proteger a las empresas del cambio, sino de proteger a las personas mientras el cambio ocurre».

Un lado común: innovar para crecer

El trabajo de Mokyr, Aghion y Howitt converge en una misma idea: el crecimiento económico sostenido no es un destino inevitable, sino el resultado de instituciones que fomentan la innovación, la educación y la movilidad social.

Sus teorías explican el pasado, pero también iluminan el presente: en un mundo donde la robotización, la inteligencia artificial o la transición energética redefinen industrias enteras, entender cómo canalizar la destrucción creadora hacia un progreso inclusivo es más urgente que nunca.

El Premio Nobel de Economía 2025 reconoce así una idea poderosa: el crecimiento nace del cambio, y el cambio, de la valentía para innovar. Para ello, solo hay que aplicar las políticas económicas adecuadas. Como señaló Joseph Schumpeter, cuya intuición dio origen a muchas de estas teorías, «el proceso capitalista, en virtud de su propio mecanismo, eleva progresivamente el nivel de vida de la gente».

  • Rafael Pampillón es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo y profesor de la Universidad Villanueva
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