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Análisis económicoJosé Ramón Riera

La banca española sale al rescate de la deuda española

Las entidades nacionales se ven obligadas a absorber el 124 % de la deuda que Fráncfort amortiza para evitar que se dispare la prima de riesgo

El Tesoro Público acaba de publicar los datos de los tenedores de deuda española al cierre del primer trimestre de 2026. El Banco Central Europeo (BCE), que se mantiene como el segundo mayor poseedor de pasivo soberano en volumen y porcentaje, continúa con su política de desprenderse de los títulos que adquirió con motivo de la crisis de la pandemia, una cartera que llegó a alcanzar la cifra de 410.979 millones de euros al término de 2022.

Desde esa fecha, de forma paulatina, la autoridad monetaria de Fráncfort ha ido reduciendo su exposición a los países de la eurozona que requirieron su auxilio. El caso de España fue especialmente paradigmático: Fráncfort acudió al rescate absorbiendo 200.000 millones de euros en apenas dos ejercicios, lo que supuso prácticamente el 80 % de la deuda neta emitida por el Tesoro en representación del Estado.

A partir de 2022, espoleado por la crisis inflacionaria, el BCE modificó su estrategia. Primero detuvo las compras netas y, posteriormente, dejó de reinvertir una parte sustancial de los bonos que iban venciendo. El resultado de este repliegue es incontestable: el volumen de deuda soberana española en manos del BCE ha pasado de los 410.479 millones de euros de 2022 a 325.826 millones en marzo de 2026. Esta contracción de 84.653 millones representa una caída del 20,6 %.

En paralelo, el pasivo del Estado no ha dejado de crecer. El Tesoro sigue necesitando colocar papel en el mercado para financiar el gasto público, sufragar el déficit crónico y refinanciar el ingente volumen de los vencimientos corrientes. Al retirarse el gran comprador europeo, y para evitar distorsiones en los mercados, alguien tenía que ocupar su lugar de forma discreta. Nadie mejor que el sector bancario nacional, previsiblemente interpelado en cuantas ocasiones haya sido necesario por el Ministerio de Economía para que adquiera deuda española sin hacer ruido, conteniendo así un repunte descontrolado de la prima de riesgo. Eso es exactamente lo que está sucediendo.

La banca española ha acudido al rescate incrementando su peso del 12,4 % al 15,2 % durante este periodo. En los círculos financieros, este fenómeno se denomina «bancarización de la deuda», lo que implica que una porción creciente de la financiación estatal termina incorporada a los balances de las entidades nacionales. Es cierto que los bonos españoles ofrecen actualmente rentabilidades atractivas –de entre el 3 % y el 3,5 %–, gozan de una elevada liquidez y sirven como garantía (colateral) ante el propio BCE. Para una entidad financiera, por tanto, el activo es apetecible.

Sin embargo, aquí subyace el verdadero problema. En muchos casos, este refugio puede resultar sustancialmente más atractivo para las entidades que asumir el riesgo de financiar proyectos empresariales o conceder líneas de crédito a las pequeñas y medianas empresas. Veamos primero cómo ha evolucionado la deuda del BCE y de la banca española:

A cierre de 2022, el BCE tenía en sus manos 410.479 millones que se han ido reduciendo paulatinamente a lo largo de este período. En marzo dispone de 325.826 millones de euros, lo que supone una bajada del 20,6 %, con un monto total que suma 84.653 millones. Un dato muy importante a tener en cuenta es que la deuda en manos del BCE/Banco de España ronda el tipo de interés cero y ha habido años en el que el Banco de España ha tenido perdidas debido a esta política.

Por otro lado, a finales del 2022, la banca española tenía en sus balances 153.370 millones y, a cierre de marzo, lo han incrementado en un 37,4 % llegando hasta los 210.737 millones. Esto supone 57.367 millones de euros más y que el Tesoro paga a tipos de interés muy superiores a los que pagaba al BCE/Banco de España. Esto es un serio problema para la economía española porque, cuanta más deuda pública acumulen los bancos españoles, mayor será la exposición de su balance a la evolución de las cuentas públicas españolas y a la vez reduce su liquidez para financiar otro tipo de proyectos. Esto implica algo mucho más preocupante todavía: que una parte del ahorro nacional –la liquidez de los bancos viene por el ahorro de los particulares y de las empresas– está financiando el gasto público en lugar de financiar inversión productiva o consumo.

Mi gran duda es que si esto está hecho porque la banca no quiere prestar dinero por temor al riesgo de la economía española, o porque está sometida a la presión institucional de «rescatar» la deuda que se quita el BCE. Si creemos a Sánchez –excepto media docena que decimos que no somos un cohete, el resto se traga todo lo que dice el Gobierno–, la banca debería de estar pensando más en prestar a empresas y a particulares porque le saca más rentabilidad de la que obtiene por la deuda. Por lo tanto, si esto no se produce es porque tiene presiones para no parar de comprar la deuda que amortiza el BCE.

Un último dato convalida esta tesis: en el primer trimestre de 2026, mientras el BCE ha amortizado 9.125 millones de euros, las entidades españolas han adquirido 11.318 millones. Es decir, han comprado el 124 % de los vencimientos europeos. Para mí no hay ninguna duda: la banca española ha acudido al rescate del Estado.

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