Pesetas.
Hace 25 años se acuñó la última peseta, la moneda que acompañó a los españoles durante 134 años
La moneda de 100 pesetas fue la última en salir de las máquinas de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre el 19 de junio de 2001
El 19 de junio de 2001, hace hoy exactamente 25 años, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-Real Casa de la Moneda acuñó la última peseta, la moneda oficial en España durante 134 años.
La pieza elegida para cerrar la historia fue una moneda de 100 pesetas. Según recordaba entonces la propia institución, aquella fue la última en salir de las máquinas acuñadoras, del mismo modo que el billete de 10.000 pesetas había sido el último en abandonar las prensas de impresión unos meses antes, el 21 de noviembre de 2000. Con ello concluía definitivamente la producción de una moneda nacida en el siglo XIX y estrechamente ligada a la modernización económica de España.
La despedida tuvo también una importante carga simbólica. Los troqueles, planchas y herramientas que durante décadas habían servido para fabricar pesetas pasaron a convertirse en piezas de museo, mientras la Real Casa de la Moneda iniciaba una nueva etapa vinculada al euro, la moneda común que compartirían entonces doce países de la Unión Europea.
La historia de la peseta comenzó oficialmente el 19 de octubre de 1868. El Gobierno Provisional surgido tras el derrocamiento de Isabel II aprobó un decreto que la convertía en la unidad monetaria española y asentaba definitivamente el sistema métrico decimal como base de la actividad económica. Las primeras monedas se acuñaron al año siguiente.
Durante los siguientes 134 años, la peseta sobrevivió a monarquías, repúblicas, guerras, dictaduras y transiciones políticas. Por sus monedas y billetes desfilaron las efigies de Amadeo I, Alfonso XII, Alfonso XIII, Francisco Franco y Juan Carlos I, además de representaciones alegóricas de Hispania, figuras históricas, escritores, artistas y científicos.
La propia Fábrica Nacional de Moneda y Timbre definía la peseta como una pieza clave de la iconografía popular española. «Anhelada, aborrecida, idolatrada», resumía en un folleto editado para conmemorar su despedida, recordando que buena parte de la historia contemporánea de España podía seguirse a través de las imágenes grabadas en monedas y billetes.
De la «perra gorda» a la «rubia»
La peseta dejó también numerosas curiosidades que han sobrevivido en el lenguaje popular. Entre las más conocidas figuran la «perra gorda» y la «perra chica», sobrenombres que recibieron las monedas de diez y cinco céntimos del siglo XIX. El origen estaba en el león representado en el reverso, que muchos ciudadanos confundían con un perro.
Otro de los nombres más populares fue el de «la rubia», la peseta de latón introducida en 1937, durante la Guerra Civil, que sustituyó a la tradicional peseta de plata. A lo largo de las décadas también circularon monedas perforadas, piezas fabricadas en aluminio o cuproníquel e incluso billetes de una sola peseta, emitidos en los años de escasez posteriores a la contienda.
El último homenaje
La última moneda de 100 pesetas no fue una emisión cualquiera. Meses antes de la despedida definitiva, el Ministerio de Economía, el Banco de España y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre decidieron rendir homenaje a la moneda nacional recuperando la imagen de Hispania que había aparecido en la primera emisión de pesetas de 1869. La figura femenina aparece recostada sobre los Pirineos y sostiene una rama de olivo, un diseño inspirado en monedas de época romana.
Aquella moneda de 100 pesetas de 2001 fue acuñada masivamente para que los ciudadanos pudieran conservar un recuerdo tangible de la divisa que desaparecía. La FNMT fabricó 140 millones de ejemplares destinados a la circulación ordinaria. Paralelamente se emitió una moneda conmemorativa de plata de 2.000 pesetas para coleccionistas.
Aunque la fabricación terminó aquel 19 de junio de 2001, las monedas y billetes en pesetas siguieron circulando durante algunos meses más. Convivieron con el euro hasta el 28 de febrero de 2002 y dejaron de tener curso legal al día siguiente. Para entonces, la última peseta ya llevaba mucho tiempo convertida en historia.