El presidente de Correos, Pedro Saura, en una imagen de archivo.
Correos explora nuevos incentivos para sus empleados mientras el negocio de las cartas sigue desplomándose
La financiación del Estado da tranquilidad a la compañía mientras trata de ajustar la plantilla a la nueva realidad
Correos sigue avanzando en su proceso de recuperación de los más de 1.200 millones de euros de pérdidas que dejó su anterior presidente, Juan Manuel Serrano, el amigo de Sánchez, y buscando un modo de diversificar su negocio que le permita tener un futuro dentro de un escenario de desplome imparable en sus envíos postales.
La siguiente etapa es el plan de salidas, que afectará en principio a unos 8.000 empleados, y que parece que se abordará en octubre, aunque no hay nada escrito que lo confirme. Hay que tener en cuenta que en algún momento podría producirse un cambio de Gobierno, aunque en teoría no debería afectar a lo que ocurra con Correos: el PP se abstuvo, y por tanto apoyó, el rescate de la compañía en julio del año pasado.
Lo que es indudable es que no se sabe quién podrá acogerse a ese plan de salidas, y a cuánto podrá ascender el dinero que se lleven. Quienes han solicitado acogerse, aspiran a que sea el 100 % de lo que cobran, pero no se sabe si podrá ser.
Mientras tanto, la compañía sigue haciendo rodar su nuevo modelo operativo con la idea de ver cómo se trabaja en las oficinas con menos gente, cómo se equilibran las cargas, y cómo se hace al personal más productivo. Las conclusiones de este trabajo servirán para ir elaborando el plan de salidas, que se hará de manera progresiva y gradual, de acuerdo con las necesidades de la compañía.
El trabajo que desempeñan los empleados de Correos está cambiando. Además de distribuir cartas y paquetes, ahora los hay que venden seguros, participan en la regularización masiva de inmigrantes o próximamente tramitarán la compra de deuda pública o el acceso a efectivo en municipios de menos de 500 habitantes.
Esta es la vía de salvación que se vio para Correos, y que se tradujo en la inversión por parte del Estado de 3.000 millones de euros en cuatro años. Poco a poco se le va poniendo patas a todo, y una de las que está por ver es cómo se incentivará a los empleados. Fuentes conocedoras señalan que la dirección no quiere que haya incentivos lineales, sino que estos se liguen a los objetivos que consiga cada empleado. Se están estudiando distintas fórmulas.
Aquí se apremia a que los empleados sean responsables, como ya lo son, y lógicamente la empresa debe estudiar dónde puede ser útil y cumplir su función de servicio público. Para ello es esencial medir, y ya han detectado que hay oficinas en las que ha bajado en un 50 % la afluencia de clientes.
La decadencia del correo tradicional es evidente, pero aún supone un 65 % de los ingresos de Correos, aunque sigue bajando, y la compañía no puede competir en paquetería tras la apertura de ese mercado a empresas privadas. Compañías como Amazon pueden distribuir paquetes en el mismo día, y Correos no puede hacerlo.
De ahí la diversificación que busca el operador español, y la suerte que tiene respecto a otros países. En lugares como México o Brasil, en donde el negocio está sufriendo los mismos males, ya han tomado medidas como trabajar los sábados o reducir el salario.
En Correos se trabajaba uno de cada tres sábados. Entre el 28 % y el 30 % de la plantilla ya hace las treinta y cinco horas, aunque la realidad es que hay quien hace incluso menos, porque no hay carga de trabajo.
Todas estas cuestiones son las que tendrá que ir dirimiendo la compañía para enfocar bien su futuro. En la plantilla persiste cierto ambiente negativo heredado de la época de Serrano, y a nivel europeo hay señales de decadencia del negocio, como la posible directiva enfocada a tener solo tres días de reparto de envíos en lugar de cinco, pero Correos y sus 36.707 empleados (34.753 laborales fijos y 1.954 funcionarios) han tenido la suerte de haber sido salvados, algo que no ocurriría en la empresa privada, y la gran capilaridad de su red de oficinas puede darle una buena oportunidad de reinventarse.