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Análisis económicoJosé Ramón Riera

Sánchez regaló a la ONU 170 millones por el amor de Begoña

Estoy hablando de un regalo en modo de cesión gratuita por parte del Presidente, de uno de los edificios más valiosos de Madrid, situado en pleno corazón financiero de la ciudad, para uso exclusivo de ONU Turismo

Este diario publicó, hace unas semanas, un artículo firmado por Alejandro Entrambasaguas sobre los ingresos especiales que Grupo Inmark obtuvo en República Dominicana al amparo de un proyecto de ONU Turismo.

Este artículo recordaba que Begoña, antes de entrar en el Instituto de Empresa y crear el África Center, estuvo trabajando en dicha empresa y que incluso llegó a ser accionista.

Esto me llevó a recordar algo que se comentó en varias ocasiones, pero que finalmente quedó en el olvido: la relación de Begoña con la antigua OMT (Organización Mundial de Turismo), que en la actualidad se llama ONU Turismo y un hecho que nadie valoró económicamente en aquellos momentos, dando por supuesto que era un acto altruista de nuestro país y de cómo no, nuestro Presidente del Gobierno, que ya sabemos que de altruista tiene poco y que le ha gustado rodearse de corruptos, que algunos ya están en la cárcel y que otros entrarán, tiene toda la pinta de que van a ser juzgados por varios.

Por eso hoy lo que quiero es hacer un análisis que quizás necesite de algún artículo más, viendo a cuánto asciende el regalo y las consecuencias que tiene para el Estado español.

Estoy hablando de un regalo en modo de cesión gratuita por parte del presidente, de uno de los edificios más valiosos de Madrid, situado en pleno corazón financiero de la ciudad, para uso exclusivo de ese organismo internacional. No olvidemos que la ONU, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, es el mayor receptor de subvenciones del gobierno de España.

Todo ello ocurría mientras los españoles nos veíamos obligados a ajustar los presupuestos familiares por la fuerte subida del coste de la vida. Al mismo tiempo, Pedro Sánchez cedía gratuitamente a un organismo de Naciones Unidas uno de los activos inmobiliarios más valiosos de Madrid, 9.237 metros cuadrados y 34 plazas de garaje en el Paseo de la Castellana, junto al Santiago Bernabéu, durante 75 años y sin recibir ni un euro a cambio.

Además, la operación se cerró en plena escalada de precios de la vivienda y una situación financiera para el Estado tremendamente complicada, pues todavía no nos habíamos recuperado de la pandemia y esto sucede además en un contexto en el que Begoña Gómez, desde el Africa Center y con la empresa de Globalia, Wakalua, mantenía unos vínculos de patrocinio y colaboración de la ONU Turismo.

El 26 de abril de 2022, el Boletín Oficial del Estado publicó, sin apenas ruido mediático, un acuerdo que pasaría después a tener una relevancia mucho mayor de la que entonces se le dio. España cedía a ONU Turismo, el derecho de uso del Edificio B del Palacio de Congresos de Madrid. No era un solar vacío ni un edificio en la periferia de Madrid, sino, un edificio en el corazón financiero de la capital, en el entorno de AZCA y con una fachada diseñada por Joan Miró.

Las cifras del acuerdo, frías y exactas, son las que deberían estar en boca de cualquier diputado de la oposición:

1) Superficie cedida, 9.237 metros cuadrados construidos en seis plantas y un sótano.

2) Plazo de la cesión 75 años, una concesión que sobrevivirá a muchas legislaturas y a varias generaciones de políticos.

3) Contraprestación: ninguna.

4) El acuerdo incluía además 34 plazas de aparcamiento y obliga al Estado, no a la ONU, a correr con los gastos de reforma y adecuación del inmueble.

El mecanismo jurídico utilizado permite ceder bienes públicos sin concurrencia competitiva cuando hay de por medio un convenio de sede con un organismo internacional. Es legal.

Lo que a mí me gustaría es que alguien me explicara cómo es posible que con la deuda en ratios sobre el PIB nunca alcanzados y un déficit que Bruselas vigilaba de cerca, decide regalar un activo de este calibre sin siquiera intentar negociar una contraprestación simbólica, ni plantear plazos más razonables que tres cuartos de siglo.

¿Qué interés tenían el matrimonio que ocupaba en aquellos momentos la Moncloa en ceder uno de los edificios más emblemáticos de Madrid por un tiempo de 75 años sin recibir los españoles un solo euro?

Pero la cosa no queda aquí. Ceder el edificio gratis no fue suficiente generosidad para el Gobierno pues, además, decidió pagar con dinero público la reforma integral del inmueble para adaptarlo a las necesidades de la ONU. El Consejo de Ministros autorizó en abril de 2023 un contrato de obras con un valor estimado de 24,6 millones de euros sin IVA. Ferrovial Construcción se llevó la adjudicación en agosto de ese año por 17,75 millones sin impuestos, unos 21,4 millones con IVA, según confirmó el propio Ministerio de Industria y Turismo.

Pero la historia no termina ahí. En febrero de 2025, el Consejo de Ministros aprobó una ampliación del presupuesto de 3,4 millones de euros adicionales, además de cinco meses más de plazo de ejecución. La excusa oficial, un informe técnico de la Dirección Facultativa que detectó la necesidad de «introducir variaciones y añadir obras adicionales» no contempladas en el proyecto original. Traducido al castellano, el presupuesto inicial se quedó corto y quien paga la diferencia es, como siempre, el contribuyente. El coste final de las obras, con el modificado incluido, asciende ya a 24,8 millones de euros con IVA.

Hasta aquí la historia de lo que nos ha costado, porque cualquier empresa que quiera alquilar 9.237 metros cuadrados de oficinas en el eje Castellana tendría que pagar, según las consultoras inmobiliarias de referencia, como JLL, Colliers, Cushman & Wakefield, una renta media en torno a 42 euros por metro cuadrado al mes. A eso hay que sumar las 34 plazas de aparcamiento incluidas en la cesión, que en esa zona de Madrid se alquilan a un precio medio de 100 euros mensuales cada una, supondría unos ingresos de 4,7 millones anuales.

Si aplicamos esa renta de mercado y calculamos su valor actual durante 75 años con una tasa de descuento del 4 %, el resultado asciende a 111,2 millones de euros. Esa es la cantidad que el Estado dejaría de ingresar por ceder gratuitamente el uso del edificio y sus plazas de aparcamiento, en lugar de explotarlos o alquilarlos en condiciones de mercado. Si, además, se incorpora el crecimiento de las rentas a lo largo de esos tres cuartos de siglo, la cifra se elevaría hasta 147,9 millones.

El valor del edificio equivale a 132 conjuntos de joyas de ZP

Por lo tanto, por obra de amor, este edificio regalado por 75 años para uso y disfrute de la ONU Turismo nos va a costar a todos los españoles más de 173 millones, el equivalente a 132 conjuntos de joyas de ZP.

Pero para terminar este artículo, queda algo que es importante recordar, la cesión del Edificio B no surge de la nada. El 22 de enero de 2019, tres años antes de la firma del acuerdo, Pedro Sánchez anunciaba en la inauguración de Fitur y junto al propio Pololikashvili, que España pondría a disposición de la OMT un espacio en el Palacio de Congresos. Ese mismo día, en otro acto paralelo en Madrid, Globalia y la OMT presentaban juntos Wakalua, su plataforma de innovación turística. El IE Africa Center, que Begoña Gómez dirigía desde solo cinco meses antes, se incorporaba ese día al ecosistema de Wakalua.

Cada uno que saque sus conclusiones.

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