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José víctor orón

No hace falta dejar de hacer el mal para empezar a hacer el bien

En el mundo de la educación del carácter se habla de la virtud y el vicio como si de algo material se tratase. Así ocurre cuando se piensa que hace falta dejar de ser vicioso para empezar a ser virtuoso. Como si la virtud y el vicio fueran cosas

Las leyes materiales no son las mismas que las inmateriales. En las realidades materiales donde hay una piedra no puede haber otra. Tienes que quitar una para poder poner la otra. Pero no ocurre así en las inmateriales. De hecho, solo se deja de hacer el mal porque se empieza a hacer el bien. No existen estados neutrales cuando se trata de la persona. El bien expulsa al mal como el mal expulsa al bien. Y dada la complejidad de la vida, también se da la convivencia de ambos. En el mundo de la educación del carácter se habla de la virtud y el vicio como si de algo material se tratase. Así ocurre cuando se piensa que hace falta dejar de ser vicioso para empezar a ser virtuoso. Como si la virtud y el vicio fueran cosas.

Esta mentalidad, tristemente común en educación, lleva a pedir al alumno que deje de hacer ciertas cosas, como si primero hay que poner el terreno en barbecho, para luego pasar a cultivar algo de valor. Con ello, se ignora que la lógica de las cosas no es la misma lógica de lo que se refiere a la persona.

Te propongo entender virtud y vicio como distintas orientaciones de las facultades en función del uso de ellas que hace la persona. El tema de virtud y vicio no es un tema de las facultades, sino de la persona. Las facultades han sido clasificadas de distintas formas a lo largo de la historia. Potencias concupiscibles, irascibles y racionales; deseos, memoria y razón; o simplemente voluntad e inteligencia. También podría ser: creer, esperar y amar. Lo importante ahora no es decidir qué clasificación puede ser la mejor. Aunque como ocurre con toda clasificación ocurrirá que cada forma de clasificar puede ser la adecuada para propósitos distintos. Lo que interesa afirmar es que la virtud o el vicio está en la orientación de la persona en su forma de vivir y se descubre en la forma cómo usa las facultades. Pero, la facultad y el objeto sobre el que actúa no se vician. No existe una inteligencia o una voluntad o unos sentimientos virtuosos o viciosos, sino una orientación de la persona que no le ayuda a crecer (vicio) o una orientación de la persona que le ayuda a crecer (virtud). La inteligencia, la voluntad, los deseos, la memoria, etcétera siempre hace bien lo que hace.

Por ejemplo, si hablamos del deseo, no hay deseos virtuosos y deseos viciosos, sino formas virtuosas y viciosas de usar el deseo. Por ello, no se trata de frenar el deseo de algo para luego pasar a desear otras cosas, sino de desear ese algo de otra forma. Virtud y vicio se refiere a la forma como se usa la potencia o facultad, pero no se refiere ni a la potencia o facultad en sí, ni al objeto sobre el que actúa la potencia. No es necesario frenar el deseo, ni evitar que el deseo se proyecte sobre cierto objeto, sino más bien desear de otra forma ese mismo objeto. Se trata de un cambio de forma o de orientación final de la voluntad si estamos hablando del deseo. El deseo no puede estar sin desear. Traslademos la idea a otro ejemplo, no se trata frenar los deseos sexuales, sino de ejercer el deseo con cierta orientación. Los deseos no son persona, luego son cosas y las cosas se usan ¿Cómo y para qué usas los deseos sexuales? Tampoco se trata de no desear el placer, sino de desearlo de cierta forma o con cierta orientación. La facultad hace bien su trabajo, la cuestión está en la forma como la persona la usa. Pasar de desear el deseo a exigir el deseo es cuestión de la persona, no del deseo. Yo puedo desear que me salude y otra cosa es exigir que el otro me salude. El problema no está en el deseo.

Hasta en lo más básico se descubre la errónea mentalidad de que hay que dejar de hacer algo para pasar a hacer otra cosa. Pensemos en el aula, el profesor dice al alumno: «guarda silencio y trabaja». Normalmente se sigue ese orden cuando el trabajo no tiene valor, pues si el trabajo tiene valor se trabajará y luego se guardará silencio o se hablará en función de lo que requiera la experiencia de valor.

Vicio y virtud, decía, son distintas formas de usar las mismas facultades. O deseo el bien del otro y encontrarme con el otro, o deseo usar al otro para lograr lo que quiero. Ordeno mi pensamiento hacia el encuentro con el otro o lo ordeno hacia el propio interés como si de un ejercicio desesperado de auto salvación se tratase.

De tal forma que algunos piensan que lo primero que debe ordenarse es la razón y suelen entender por razón el discurso lógico que analiza la realidad. Ignoran, que tanto en la virtud como en el vicio la razón siempre puede ser lógica y analítica. En ese sentido, la razón nunca es irracional. Pero razón, no es primeramente la capacidad lógica discursiva y analítica, sino la orientación de la inteligencia que puede ponerse al servicio del encuentro o al servicio de cosas. La razón, como comentaba, siempre es lógica y analítica, pero no siempre es ordenada. Lo será o no, según como la persona se ordene. Y en este sentido, orden, no tiene que ver con aseo. Una realidad está ordenada cuando los medios realizan los fines. Puede haber una cabeza aseada (muy lógica y analítica) y a la par muy desordenada muy desordenada. Igualmente puede haber una habitación aseada porque todo está donde se supone que debe de estar y al mismo tiempo estar completamente desordenada, porque la casa no es un hogar. En consecuencia, vivir orientadamente, vivir con una razón, no es opción. El ser humano no puede vivir sin orientación (no puede vivir sin razón). Y solamente deja de orientarse a una cosa, porque pasa a orientarse a una persona. Solo se me ocurren dos opciones: o usamos las personas (la propia y otras) para lograr cosas o usamos las cosas para lograr el encuentro entre las personas. Una orientación es la viciosa y la otra la virtuosa.

Por lo expuesto, educativamente hablando en lugar de estar atento a ver todo lo que se puede corregir en un alumno, mejor descubrir cuándo y cómo el alumno puede usar sus facultades para ponerlas al servicio del encuentro. Corresponde al docente ofrecer un mayor espacio para ello. De tal modo, que el alumno no necesita refuerzos positivos. No es un perrito que adiestrar. Necesita tener espacio para vivir como persona. Aunque, tal vez en un sitio no sepa cómo sacar su humanidad y haga daño a otros y a sí mismo. Por tal razón, aumentemos el espacio donde el alumno pueda sacar su humanidad y la virtud irá expulsando el vicio.

Veamos esto con un ejemplo real. Una vez me tocó ser tutor de un chico de 16 años con comportamientos violentos hacia sus compañeros y desobediente con los profesores. Para ayudare, se me ocurrió proponerle que fuera a infantil a apoyar a una profesora que tenía muchos niños. A la profesora le dije que le podía mandar un chico un día para ayudarla y ella aceptó. No le di información sobre a quién le mandaba. Al acabar la jornada la profesora estaba muy agradecido por haberle mandado un chico tan delicado y cuidadoso con los demás. Decía: «es fuerte, y con que delicadeza movía a los niños para jugar».

A ese chico ya le habían dicho muchas veces sin éxito que dejara de pegar a sus compañeros. Descubrir un espacio en el que poder sacar la humanidad le ayudó a que dicha humanidad el alumno la fuera expresando en más y más sitios hasta llegar a lo que vivía problemáticamente. La inteligencia, la voluntad y la fuerza del joven era siempre la misma, la diferencia estaba en la orientación.

ilustración educación

Ilustración educación

Ni ese joven ni nadie necesitamos que se señale reiteradamente lo problemático de cierta orientación. Eso es tratar a la gente de tontos pues se le dice lo que probablemente el otro ya evidencia. No hay que esforzarse mucho en ver lo problemático y nadie niega su importancia. Ofrécele espacios en los que él o ella pueda sacar su humanidad. Decirle a ese joven: «tienes que controlarte» es tratarle de tonto y además es dejarle solo. Acompañemos a los alumnos de tal forma que ellos encuentren o se inventen formas de sacar su humanidad.

José Víctor Orón dirige Acompañando el Crecimiento y es el responsable de la Unidad de Educación Médica de la Universidad Francisco de Vitoria

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