10 de agosto de 2022

Ilustración Yolanda Díaz Reforma laboral

Lu Tolstova

Una negociación crítica

El Gobierno afronta 48 horas agónicas para salvar la reforma laboral sin desgarrarse

Sánchez ha trasladado la presión de lograr un acuerdo a Díaz, que busca a la desesperada convencer a ERC. El ala socialista ve cada vez más factible la «vía Ciudadanos» como solución. Más País-Equo y Compromís han avanzado su apoyo

Tic, tac, que diría Pablo Iglesias. El tiempo se les acaba a Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. El Gobierno ha entrado en una carrera contrarreloj para sumar los apoyos que le permitan convalidar el real decreto ley sobre la reforma laboral tal y como salió de la mesa del diálogo social. Sin una posterior tramitación como proyecto de ley.
Al Ejecutivo le quedan 48 horas agónicas para deshacer el nudo gordiano, que lo es sobre todo para Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo sigue empeñada en conseguir el apoyo de ERC, aunque se encuentra totalmente de manos atadas por Pedro Sánchez. Es el presidente quien no quiere hacer concesiones a Esquerra, no esta vez.
La actitud de Díaz tiene descolocados incluso a los sindicatos, que siempre han sido sus grandes aliados. «En la montaña hay que asegurar un pie antes de levantar el otro. Lo que no se entiende es que Yolanda desechara el apoyo de Ciudadanos sin tener atado el de Esquerra», señala una fuente de UGT a El Debate de forma gráfica. Para el ala socialista lo importante es el qué; para el ala morada, el quién.
A pesar del rechazo sistemático de Unidas Podemos a la vía Ciudadanos, el plante en jarras de ERC, Bildu, el BNG, la CUP y hasta el PNV acercan cada vez más esa posibilidad. Así lo están trasladando los socialistas en privado y también en público.
La más explícita fue la ministra de Defensa, Margarita Robles, que este lunes afirmó que nadie debería tener «ningún tipo de complejo» en aceptar los votos de Inés Arrimadas o cualquier otros si la iniciativa es buena para los ciudadanos. «Cuantos más votos, mejor», resumió Robles.
Por su parte, la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, afirmó que el deseo del Gobierno es «que todas las fuerzas políticas puedan sumarse». La también ministra de Política Territorial viajó el pasado viernes a Vitoria para reunirse con el lendakari y oficializar el traspaso del ingreso mínimo vital al País Vasco.
Otro guiño al PNV, que no obstante también está resultando ser un hueso duro de roer: el presidente del partido, Andoni Ortuzar, se reunió este lunes con los sindicatos nacionalistas ELA, LAB y ESK para reiterarles que no apoyarán la reforma laboral si el Gobierno no se compromete a que los convenios autonómicos prevalezcan sobre los estatales. Bildu fue más allá y el domingo se manifestó con dichos sindicatos contra el acuerdo suscrito por la patronal, UGT y Comisiones Obreras.
Entretanto, el presidente pasó el lunes disfrutando de una jornada de caminatas por el Parque Nacional Sierra de las Nieves, en Málaga hasta el Mirador de la Caína. Como que la cuenta atrás para convalidar la reforma laboral no fuera con él. Sí que va, pero en buena medida el presidente ha descargado la presión de lograr un acuerdo sobre los hombros de la vicepresidenta segunda.
Sánchez en la Sierra de las Nieves

Sánchez en la Sierra de las NievesBorja Puig de la Bellacasa

Se juega mucho ella pero también Unidas Podemos, que puede ver mermada su cuota de poder en el Ejecutivo si el jueves se rompe el bloque Frankenstein; como parece. La líder de Podemos y ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, hizo un llamamiento a la desesperada desde TVE para que «los socios estén». Pero hasta ahora el ala morada del Gobierno ha predicado en el desierto.
Este martes también hay pleno en el Congreso, en este caso para convalidar el real decreto ley que entró en vigor en Nochebuena y que volvía a hacer obligatorio el uso de la mascarilla en exteriores.
Más País-Equo y Compromís ya han ofrecido su apoyo al decreto ley de la reforma laboral tras alcanzar un acuerdo con el Ministerio de Trabajo y Economía Social en materia de inspección laboral y el impulso de un comité de expertos sobre precariedad y salud mental.
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