La primera central nuclear española, la José Cabrera o Zorita, la inauguró Franco en 1968 y funcionó hasta 2006
La fobia de la izquierda a la energía nuclear lleva décadas lastrando la prosperidad de España
El PSOE acabó con el boom atómico español que Franco puso en marcha
Felipe González paralizó cinco centrales en 1984 y Sánchez pretende rematar ahora ese error estratégico cerrando las siete que funcionan
España deshizo hace 40 años el camino que ahora está emprendiendo el mundo entero: apostar por la energía nuclear. Todo el esfuerzo que había empezado durante el franquismo y que se mantuvo en el Gobierno de Adolfo Suárez fue frenado en seco en cuanto el PSOE empezó a gobernar. La fobia de la izquierda a la energía nuclear acabó con el boom atómico español, condenó a España a un menor desarrollo económico y a unos precios más elevados de la electricidad y ha acabado poniendo en riesgo el suministro, como se vio el pasado lunes en toda la península ibérica.
El esfuerzo nuclear español se remonta a 1946, cuando el Gobierno de Franco encargó al CSIC la investigación del átomo. La España pobre de la posguerra hacía una apuesta a largo plazo para generar prosperidad y alcanzar la independencia energética, y se beneficiaba de sus buenas relaciones con Estados Unidos para acceder a su avanzada tecnología. En 1951 se creó la Junta de Energía Nuclear y en 1962 se autorizaron las tres primeras centrales nucleares: Zorita, que empezó a funcionar en 1969, Garoña en 1971 y Vandellós I en 1972.
Las 27 centrales de Franco
Así nacía el llamado boom atómico español. Durante el franquismo se proyectaron 27 centrales nucleares, aunque se construyeron diez. Con la llegada de la democracia, el Gobierno de Suárez siguió apostando por este tipo de energía, pero tuvo que recortar las previsiones como consecuencia de la crisis del petróleo. En esos años entraron en servicio las centrales de Almaraz I en 1981, Almaraz II en 1983, Cofrentes y Ascó I en 1984; Ascó II en 1986 y Vandellós II y Trillo en 1988.
Sin embargo, en cuanto la izquierda ganó las elecciones y el PSOE llegó a La Moncloa, se impuso la fobia atómica con un lema que llevaba escuchándose en España desde finales de los 70: «¿Nuclear? No gracias». En 1984 el PSOE suspendió todos los proyectos de nuevas centrales y ordenó paralizar provisionalmente la construcción de cinco, algunas de las cuales estaban terminadas al 90% y al 100%. Esa decisión política, que se volvió definitiva en 1994, costó más de 5.700 millones de euros a los ciudadanos, quienes tuvieron que devolver a las empresas el dinero que habían invertido.
El error de Felipe González
Los españoles han pagado muy caro, y siguen haciéndolo, la decisión adoptada entonces por Felipe González de paralizar cinco centrales nucleares: Lemóniz I y II, Valdecaballeros I y II y Trillo II. Ahora Pedro Sánchez pretende rematar este error estratégico con el cierre en los próximos diez años de las siete centrales que quedan: Almaraz I (en 2027), Almaraz II (2028), Ascó I (2030), Cofrentes (2030), Ascó II (2032), Vandellós (2035) y Trillo (2035).
Mientras países como Francia, Italia, Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Arabia Saudí, China o Reino Unido, entre otros muchos, apuestan por la energía nuclear; España persiste en desmontar las centrales que tiene. La decisión se presenta cada día más arriesgada, especialmente tras el apagón del pasado lunes, provocado, según las hipótesis de numerosos expertos, por el colapso de la energía solar fotovoltaica. Pero sería muy excepcional que los criterios técnicos se impusieran a la ideología política.