El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares
Tras el séptimo revés
El Gobierno pretende lograr la oficialidad del catalán en la UE por aburrimiento
El Ejecutivo volverá a llevar su petición a las reuniones del Consejo de Asuntos Generales de la UE convocadas a la vuelta del verano. Y así hasta que cuele. La próxima será el 16 de septiembre
Tan claro tenía el Gobierno que tampoco esta vez sus socios de la UE iban a apoyar la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego en Bruselas que José Manuel Albares se borró de la reunión del Consejo de Asuntos Generales de la UE de este viernes. El ministro de Asuntos Exteriores no quería ser la cara visible de otra derrota del Ejecutivo, la séptima, y envió en su lugar al secretario de Estado para la Unión Europea, Fernando Sampedro. Fue él quien participó en el debate de los Veintisiete y quien dio orden de que la propuesta española no llegara a votarse para no perder. Exactamente igual que en la reunión anterior, la de mayo.
Aun así, el varapalo que recibió el Ejecutivo español fue igual de sonado. Sampedro incluso tuvo que escuchar cómo le recriminaban que España metiera en el orden del día un tema tan doméstico cuando la UE tiene asuntos mucho más importantes por resolver. Entre ellos, la negociación con Estados Unidos para que Donald Trump no siga adelante con su amenaza de imponer a la UE aranceles del 30 % a partir del 1 de agosto. Y la relación con Israel, cuando varios países —España es uno— abogan por suspender el acuerdo de asociación con el país hebreo.
En cualquier caso, el Gobierno de Sánchez no va a desistir. Y no lo hará más por imagen que por convicción: quiere que Junts y el PNV vean que la oficialidad de las tres lenguas (que ni siquiera son cooficiales en toda España) es y va a seguir siendo una prioridad del presidente. Y que, realmente, está haciendo lo posible por convencer a los demás países de la UE de que el catalán, el euskera y el gallego merecen ser oficiales en la Unión. Al menos para los reglamentos del Consejo y del Parlamento Europeo (lo que no llegó al 3 % de los actos jurídicos de la UE de la pasada legislatura).
De manera que la táctica para el próximo curso será la del martillo pilón, la de conseguirlo por aburrimiento. En el último trimestre ya hay fijadas tres nuevas reuniones del Consejo de Asuntos Generales de la UE. En concreto, los días 16 de septiembre, 21 de octubre y 17 de noviembre. El Gobierno pretende llevar la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego al orden del día de las sucesivas reuniones de este órgano con sede en Bruselas hasta que encuentre la unanimidad necesaria para que salga aprobada (no puede haber un solo voto en contra, aunque las abstenciones no computan). Una y otra y otra vez. Para que mantenerlo vivo en la agenda, tanto nacional como europea.
¿Puede hacerlo? Puede, siempre y cuando no llegue a votación y pierda. Pero el Ejecutivo ya ha descubierto el truco: introduce el asunto en el Consejo de Asuntos Generales, hace que los Veintisiete lo debatan y lo retira justo antes de votar para no hacer visible e irreversible su derrota. «Lo que no puede ser es secuestrar o retrasar los debates innecesariamente», se quejó el secretario de Estado para la UE este viernes.
En esta última ocasión, horas antes de la reunión, el presidente catalán y el lendakari enviaron una carta conjunta a los países miembros. En ella, Salvador Illa e Imanol Pradales se preguntaban, y les preguntaban, «cómo justificar ante los ciudadanos que la UE fundada en el principio de ‘unidos en la diversidad’ impone el modelo de ‘un Estado, una lengua’ a una ciudadanía que democráticamente se identifica como miembro de un Estado multilingüe». Tampoco ese argumento convenció.