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La líder de Podemos, Ione Belarra (c) junto a Irene Montero y el portavoz del partido Pablo Fernándea (i), durante un Consejo Ciudadano Estatal extraordinario de su partido convocado tras las novedades sobre el caso Koldo que afectan al PSOE y ante la próxima cumbre de la OTAN. EFE/Daniel González

La líder de Podemos, Ione Belarra junto a Irene Montero y el portavoz del partido Pablo FernándezEFE

La radicalización verbal de Podemos para estigmatizar al adversario y fijar ideología

Términos como «terrorismo racista», «capitalismo despiadado» o «machirulo» se han incorporado al lenguaje podemita

Una de las piedras angulares en la estrategia de Podemos siempre ha sido lograr una comunicación efectiva, tanto para sus votantes como para el resto de la sociedad, y el uso de un lenguaje diferenciador ha sido una de sus bazas. De los intentos por hablar en un femenino mayestático en contra del masculino o de tratar de introducir 'elle', en un supuesto género neutro, se ha pasado a buscar en sus declaraciones públicas un discurso agresivo, que en las últimas semanas se ha encendido notablemente.

Podemos busca estigmatizar a sus adversarios políticos y fijar su posición ideológica y, para ello, términos como «terrorismo racista», «capitalismo despiadado» o «machirulo» se han incorporado de forma más frecuente al lenguaje podemita.

La pasada semana, la exministra de Igualdad Irene Montero relacionó el fascismo del pasado siglo con los actuales partidos de derecha en España, esto es, PP y Vox. «El fascismo sigue amenazando a la democracia española como en 1936, impulsando el terrorismo racista de la extrema derecha», indicó en referencia a los hechos acontecidos en Torre Pacheco (Murcia).

En la misma línea y con los mismos términos calificó al Gobierno popular balear de Marga Prohens: «Estamos muy preocupadas por ese racismo del Govern, que hace unos días nombraba como director general de Inmigración a un policía nacional, Manuel Pavón, que ha dicho literalmente que muchos inmigrantes vienen aquí a delinquir».

El coro se lo hizo después la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, al señalar que su formación estaba en contra de ceder las competencias de Inmigración a Cataluña porque «los mossos harían batidas racistas». Unas acusaciones que le han valido ya una querella ante el Tribunal Supremo por parte del Sindicato Unificado de Policías (SUP) por alentar a que la opinión pública crea que entre los cuerpos de seguridad haya ideología neofascista y racista; y que ha provocado que la Generalitat catalana le haya exigido que se disculpe: «Está incitando al odio contra Mossos», lamentan.

Tampoco se salvan los jueces ni los empresarios de las críticas podemitas feroces. Al magistrado Peinado, Montero lo ha llamado «inútil» sin el menor pudor y dejándolo por escrito en un tuit en X:

A las empresas eléctricas, Belarra las calificó de «mangantes» el pasado martes y al empresario valenciano Juan Roig, la eurodiputada le tildó de «despiadado» y «machirulo» en X: «Es un capitalista despiadado y además un machirulo», dejó por escrito.

Por su parte, el exlíder Pablo Iglesias, aunque ya no ocupa un cargo formal en Podemos, sigue siendo una voz influyente. El 7 de abril afirmó en X: «¿Quién se atreve a decir hoy OTAN no, bases fuera? ¿Quién dice que hay que intervenir el mercado del alquiler? ¿Quién se atreve a hablar de corrupción periodística? Eso son Podemos, Irene Montero e Ione Belarra». Si bien este mensaje no es tan explícitamente agresivo, muestra el mensaje que quiere dejar claro la formación a sus votantes: que Podemos se presenta como la única voz dispuesta a desafiar el statu quo, utilizando un tono que implica superioridad moral frente a otros actores políticos.

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