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La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, durante una visita a unas obras en Sevilla

La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, durante una visita a unas obras en SevillaEFE

Tensiones en la coalición

Sumar lanza su artillería contra las ministras de Vivienda y de Seguridad Social

Isabel Rodríguez y Elma Saiz están en el ojo del huracán por la incapacidad de la primera para embridar el problema de la vivienda y por la subida de las cuotas de los autónomos propuesta por la segunda

La necesidad de Sumar de marcar perfil propio para no parecer que se ha pesoeizado se ha cobrado en los últimos días dos víctimas: las ministras de Vivienda y Agenda Urbana y de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Tanto Isabel Rodríguez como Elma Saiz están en el ojo del huracán por la incapacidad de la primera para embridar el problema de la vivienda y por la subida de las cuotas de los autónomos propuesta por la segunda, que el lunes tuvo que recular por orden de Pedro Sánchez. Y, en ambos casos, sus compañeros de coalición en el Consejo de Ministros se han situado no al lado, sino enfrente.

La portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Martínez, sorprendió este martes sugiriendo a la titular de Vivienda que dimita y «deje paso» a alguien que articule medidas «serias, innovadoras y valientes» para solucionar la crisis de la vivienda, después de ocho días volando cuchillos entre Sumar y Rodríguez.

Todo empezó cuando Yolanda Díaz y tres de los otros cuatro ministros de Sumar (Sira Rego se encontraba en Jordania) se reunieron el lunes de la semana pasada con toda solemnidad para proponer al PSOE la aprobación de un real decreto con medidas urgentes para intervenir el mercado inmobiliario, tanto de alquiler como de compra.

Su propuesta unilateral provocó malestar en el Ministerio de Vivienda, al considerar que Sumar se estaba metiendo en su negociado. Un día después, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, Rodríguez se limitó a señalar que estudiaría la propuesta. La ministra optó por no elevar el tono, puesto que horas después tenía una comparecencia en el Pleno del Congreso y no quería encontrarse a Sumar en el otro bando.

Pero la tibieza de las medidas propuestas por esta última en la Cámara Baja -entre ellas, un teléfono de atención ciudadana sobre vivienda-, y un polémico anuncio en redes sociales, añadieron más leña al fuego. El lunes, el ministro de Cultura y portavoz de Sumar, Ernest Urtasun, instó a la ministra a dejarse de juegos. «Los españoles no necesitan que les recuerden vía campaña institucional los problemas que tienen de vivienda, porque lo saben perfectamente. Ni necesitan un teléfono de atención, porque saben perfectamente los problemas que tienen. Lo que necesitan de los gobiernos es que resuelvan el problema», sostuvo. A lo que se sumaron, un día después, los reproches de la portavoz en el Congreso.

Por lo que se refiere a la ministra Saiz, la polémica también surgió el lunes de la semana pasada, cuando propuso una subida generalizada de las cuotas mensuales de los autónomos para 2026, incluidos los que ganan menos. Rápidamente la vicepresidenta Yolanda Díaz anunció que, si al PSOE se le ocurría seguir adelante con ello, Sumar se desmarcaría. Porque penalizaba a los autónomos con las rentas más bajas, según ella.

El resto de la semana fue un intercambio de golpes entre los ministros de Sumar y la ministra Saiz con el que el presidente del Gobierno decidió terminar por las bravas, al obligar a esta última a rectificar ayer. Primero en una entrevista en El País, después en TVE. «Yo no camino con orejeras y soy consciente de que hay que sacar esto adelante porque tiene que votarse antes del 31 de diciembre», declaró.

Sumar, que hoy es poco más que cinco ministros en el Gobierno, siente una doble presión electoral: la de Podemos, que le disputa el electorado de extrema izquierda pero sin las ataduras de formar parte del Ejecutivo de Sánchez; y la del PSOE, que según todas las encuestas también está le está quitando voto. Por eso, casi mediada la legislatura, los de Díaz sienten la necesidad de andar su propio camino y tener su propia voz en asuntos como la vivienda, los impuestos o el conflicto en Oriente Próximo.

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