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Zapatero, consultor: menuda imagen para el sector

Si la política se mide en confianza pública, el Zapatero consultor, con su asesoramiento basado en conversaciones, sus informes de copia y pega y sus enchufes familiares, está haciendo un enorme daño a la política española

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez ZapateroEFE

Mis amigos consultores están que trinan con Zapatero. Y es lógico. Si Zapatero es consultor, menuda imagen para el sector. Me manda uno de ellos un correo electrónico identificándome el ‘pico y la pala’ de cualquier proceso de consultoría: mapeo detallado de procesos; inventario de activos y contratos; extracción y limpieza de bases de datos; análisis de cuentas anuales, balances y flujos de caja; construcción de modelos financieros en hoja de cálculo con hipótesis y escenarios; elaboración de cuadros de mando con métricas operativas; redacción de informes técnicos con anexos documentales y fuentes citadas; actas formales de reuniones y registro de acuerdos; matrices de riesgos con probabilidad e impacto cuantificados; cronogramas con hitos y responsables asignados; presentaciones ejecutivas con recomendaciones priorizadas; planes de acción desglosados en tareas; presupuestos detallados; comparativas de proveedores; informes de due diligence; repositorios documentales con control de versiones; reportes periódicos de seguimiento con indicadores de avance y desviaciones.

Vamos, casi igual que lo de Zapatero, con su tarifa de 3.000 euros el folio. Me decía ese consultor que si él cobrara esa tarifa y llamara informe a cualquiera de las conversaciones que diariamente mantiene por teléfono, por electrónico y por WhatsApp, conduciría un Maserati y tendría amarrado un yate en Puerto Banús. Claro que lo más probable es que no pudiera conducir ni un utilitario. Sencillamente, habría tenido que cerrar. «Antes de que pudiera acabar de decir ‘outsourcing’, ya tendría el grifo cortado», me comentaba con guasa mi amigo, que no dudó en confesarme que él, de mayor, quería ser como Zapatero. Ni actas, ni anexos, ni control de versiones, ni cronograma, ni KPIS, ni leches. Informes de copia y pega, reciclados de aquí para allá, y a vivir, que son dos días. Eso sí que es buena vida: que lo único real del trabajo sean los honorarios.

Está por ver si el juez aprecia indicios que justifiquen la imputación del expresidente del Gobierno en relación con el rescate de Plus Ultra. De entrada, figura como investigado el empresario vinculado a la consultora a la que facturaba, sociedad que tenía como principal cliente a la aerolínea y que destinaba la mayor parte de sus ingresos al pago de sus servicios. 70.000 euros anuales a una empresa sin empleados y que apenas tenía un cliente, hasta sumar más de 400.000 euros en seis años. Ya debía de estar satisfecho con los servicios del expresidente. Si no era lobby, se le parecía. Un win-win en toda regla, en el que los que perdimos de verdad fuimos los españoles que con nuestros impuestos financiamos el rescate.

Lo que resulta extraño es que, habiendo realizado un trabajo de consultoría tan extraordinario, a Zapatero no se le hubiera ocurrido recomendarle a su amigo empresario diversificar la cartera. Es bien sabido que nada hay más frágil en consultoría que depender casi en exclusiva de un único pagador. Lo debe saber el propio Zapatero. Lo sabe cualquier consultor. Lo sabe incluso quien no lo ha sido nunca por puro sentido común. El monocultivo, en economía y en agricultura, agota el terreno. Pero no, por lo visto el expresidente no recomendó eso. Lo que le aconsejó, según ha admitido en su comparecencia parlamentaria, fue que contratara a la agencia de comunicación de sus hijas. Según algunas fuentes periodísticas, esta habría cobrado 198.000 euros por distintos servicios de comunicación y marketing.

Lo dicho, no se ha visto un cliente igual de espléndido. Afirmó Zapatero en su comparecencia en el Senado que en España hay 1.800.000 empresas sin empleados. Sí, eso dicen más o menos los registros oficiales. Lo que no explicó es si existe alguna sociedad de esas características que haga semejante esfuerzo en comunicación, porque yo desde luego no conozco ninguna. Las agencias de PR, publicidad y marketing también deben de estar felices con la imagen que va proyectando del sector el expresidente. No parece que Análisis Relevante, que así se llamaba la consultora para la que las recomendó su padre, y que ni siquiera tenía actividad en redes, tuviera muchas necesidades de comunicación.

La Justicia acabará estableciendo las responsabilidades de cada cual en las posibles irregularidades del rescate de Plus Ultra, pero los lazos de Zapatero con la consultora que asesoraba a la aerolínea han dejado claro, a los ojos de miles de españoles, que el expresidente es un socialista de salón. De esos que van por ahí hablando de la igualdad y de los oprimidos y en privado usan su apellido y su posición social. De los que en público se encienden con la igualdad de oportunidades, la vivienda y el ascensor social y luego en privado van recomendando profesionalmente a sus hijos. En definitiva, lo que viene siendo un señorito de toda la vida.

Si la política se mide en confianza pública, el Zapatero consultor, con su asesoramiento basado en conversaciones, sus informes de copia y pega y sus enchufes familiares, está haciendo un enorme daño a la política española. Aparte, claro está, de a la consultoría de prestigio española. Que es algo mucho más serio que todo eso.

  • ​Rafael Belmonte Gómez es diputado del Partido Popular por Sevilla en el Congreso de los Diputados
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