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Montaje del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, y la actual titular del cargo, Teresa Peramato

Montaje del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, y la actual titular del cargo, Teresa PeramatoDavid Díaz

Balance Judicial

Peramato prepara la purga de la jefa de Madrid que se negó a 'filtrar' con García Ortiz y premiará a una fiscal afín

La nueva titular del Ministerio Público, además, está ultimando la designación de las vacantes de su núcleo duro, en la Secretaría Técnica, tras ascender al equipo de confianza de su predecesor en el cargo

El próximo martes día 3, la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, tomará una nueva decisión, en materia de nombramientos, que viene a confirmar el continuismo de la afinidad, frente al mérito y la antigüedad, en la Carrera Fiscal, que ya pusieron en práctica sus dos predecesores: Dolores Delgado y Álvaro García Ortiz. De hecho, y en relación con este último, Peramato abordará la renovación de la Fiscalía Superior de la Comunidad de Madrid, purgando a su actual titular Almudena Lastra de Inés, que declaró contra el ex titular del Ministerio Público, en el caso de la nota de prensa del novio de Isabel Díaz Ayuso, para favorecer a una fiscal sin experiencia previa, aunque de sensibilidad afín.

Así las cosas, según fuentes internas consultadas por El Debate, Peramato elegirá a Isabel Martín, la única que ha presentado su candidatura para el cargo, tradicionalmente orientada a tareas de formación en el seno de la Fiscalía y que nunca ha dirigido un equipo de más de 10 personas. Las mismas fuentes critican la maniobra que se avecina porque más que una sustitución, «huele a una represalia».

No en vano y aunque ningún otro fiscal, salvo la 'elegida' por Peramato, ha querido competir con Lastra y que ésta contará con una mayoría de apoyos de los seis vocales de la Asociación mayoritaria de Fiscales (AF) y el de la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales (APIF) en el próximo Consejo Fiscal del día 30, la fiscal general hará valer su discrecionalidad para imponer a Martín, con sólo 5 apoyos (los de los 3 miembros natos y los 2 de la Unión Progresista de Fiscales (UPF), frente a 7.

Almudena Lastra no es ninguna recién llegada. Ingresó en la Carrera Fiscal en 1991, ha pasado por destinos complejos en Cataluña, Segovia, la Fiscalía del TSJ de Madrid y la Secretaría Técnica de la Fiscalía General. Desde mayo de 2021 dirige la Fiscalía Superior de la Comunidad de Madrid, una plaza de enorme responsabilidad desde la que se coordina la estrategia penal en la capital, donde se tramitan causas graves de corrupción, delitos económicos e informáticos, cada vez más en alza, y que implica la gestión de un total de 384 profesionales. Una labor que ha venido llevando a cabo con «gran acierto», según sus propios compañeros, durante los últimos cinco años y que podría haber continuado durante una prórroga de igual duración, cinco más. Conocedora «de los entresijos» de Madrid, Lastra ha actuado con «discreción, firmeza y una trayectoria impecable», añade sus compañeros. Sin embargo, para la actual fiscal general, designada por García Ortiz, eso ya no basta.

El pecado original de Lastra es haber dicho la verdad en un juicio: el proceso penal que llevó a García Ortiz a la inhabilitación, por un delito de revelación de secretos en el caso de la filtración del correo electrónico del abogado del empresario Alberto González Amador, pareja de la presidenta de Madrid.

Lastra compareció como testigo y, tal y como había adelantado El Debate, en exclusiva, durante las pesquisas, y como ella misma había explicado en sede judicial, en fase de instrucción, lo hizo para ratificar que se había negado a participar en aquella artimaña orquestada en los despachos de la calle Fortuny, cuartel general de García Ortiz, porque sospechaba de las verdaderas intenciones de aquel comunicado que filtró información confidencial. Sus declaraciones fueron determinantes para la condena del que, todavía entonces, cuando Lastra compareció en el Supremo como testigo, era su máximo superior jerárquico. La fiscal jefe de Madrid cumplió con su deber de decir verdad, relató lo que sabía y, eso, en la actual Fiscalía General, que depende del Gobierno de Pedro Sánchez, parece imperdonable.

Ahora, Peramato -quien ya en sus primeros nombramientos ha mantenido y promocionado a parte del equipo del cesado García Ortiz- parece dispuesta a consumar la venganza que su antecesor dejó pendiente. Y de ahí que en una pugna entre dos candidatas, para el puesto vacante, la que suene con más fuerza para sustituir a Lastra sea el de Isabel Martín, fiscal adscrita a la Secretaría Técnica, que en su currículum no cuenta, según el sentir general de la Institución, «con la experiencia, ni el peso específico que exige un puesto de esta magnitud».

De hecho, Martín se sitúa 900 puestos por debajo de Lastra en el escalafón, cuanta con menos años de servicio activo, un menor conocimiento de la compleja realidad de la Justicia madrileña y que, sobre todo, en este contexto, llega marcada por la sospecha de ser una candidata ideológica y leal a sus superiores, antes que meritoria de la plaza por la que concursa.

Y aquí radica el verdadera problema de fondo. No se trata de una simple renovación, sino de un «mensaje inequívoco» para el resto de la Carrera, lamentan las fuentes consultadas por este diario. «Nos están diciendo que quien no se pliegue, quien se atreva a discrepar o a cuestionar las órdenes internas tendrá consecuencias», denuncian los fiscales. Un ejemplo más de la progresiva y lamentable colonización de una institución que «ha perdido el prestigio y su imagen de independencia». «Con esta y otras decisiones que se han tomado en la misma línea, lejos de fortalecerse el papel del Ministerio Público, se debilita», sentencian los profesionales de la Fiscalía.

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