Sánchez llega al final de la escapada política y judicial
Todos los casos de corrupción convergen en el despacho del presidente, que pretende resistir, para no variar. Pero el plomo de sus alas es mucho más pesado que hace un año con el caso Cerdán
Pedro Sánchez el miércoles en Roma, mientras la UCO entraba en Ferraz
Iba a ser el único debate televisado de la campaña de las elecciones generales convocadas el 20 de diciembre de 2015, así que la expectación era máxima. A un lado de la mesa, el entonces presidente del Gobierno y candidato a la reelección, Mariano Rajoy. Al otro, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Este último no tardó en desenvainar la corrupción, sabiendo que era el talón de Aquiles de su oponente. Y entonces sucedió algo imprevisto y nunca visto en un debate entre candidatos a la Presidencia. Sánchez miró fijamente a Rajoy y le espetó: «Si usted sigue siendo presidente del Gobierno, el coste para nuestra democracia y para la institución que usted quiere representar es enorme. Porque el presidente del Gobierno, señor Rajoy, tiene que ser una persona decente, y usted no lo es». El aludido, desconcertado, tardó unos instantes en responder, que añadieron dramatismo a la escena: «Hasta ahí hemos llegado, señor Sánchez».
Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, en el debate de la campaña de 2015
Ha pasado más de una década. Y ahora es el PSOE el que está sufriendo las siete plagas como castigo a su corrupción. La pregunta se hace sola. Si el Sánchez de entonces tuviera enfrente al actual presidente del Gobierno, a su yo del futuro, ¿le diría lo mismo? Debería.
La hemeroteca de Sánchez es una inagotable mina de oro, porque en ese mismo debate el secretario general de los socialistas reprochó a Rajoy su comportamiento cuando estalló el caso Gürtel en febrero de 2009 y compareció rodeado de toda su cúpula en Génova 13: «Puso detrás a todos los líderes del PP para denunciar una supuesta conspiración judeomasónica de jueces, de fiscales, de policías y también del Gobierno de entonces (el de José Luis Rodríguez Zapatero) frente al PP», le recordó Sánchez.
Vivir para ver, ver para creer. Ahora son los socialistas los que denuncian una conspiración para «tratar de derribar al Gobierno» con «métodos no democráticos», en palabras del ministro Óscar Puente, violonchelista de la orquesta de este Titanic que se está hundiendo ante los ojos de todos los españoles. El pianista es Óscar López, para quien las coincidencias en los tribunales no existen.
En una semana marcada por la apertura del sumario del caso Plus Ultra, el auto del caso Leire, el registro de 12 horas de la UCO en la sede de Ferraz, la imputación de la actual gerente del PSOE y la petición de las cuentas de la campaña del PSC de 2024 por parte del juez Santiago Pedraz, el sanchismo irredento y contumaz se ha abrazado a la teoría del complot. Con la misma desesperación e instinto de supervivencia con la que los pasajeros del Titanic debieron de agarrarse a cualquier cosa que encontraran en las frías aguas de Canadá.
Tal vez esa teoría les valga para la M-30 y para los cargos a quienes les va el sueldo en ello, pero no para los territorios. Más allá de la capital, los cuadros regionales y provinciales del partido empiezan a vivir situaciones desagradables con su propia gente; con quienes se les encaran pidiendo explicaciones que ellos tampoco pueden dar. El enfado de la calle con los socialistas se parece cada vez más al que sufrieron los populares en la época de los recortes más duros, los desahucios y la subida desorbitada del paro. Parecido, pero sin escraches en las sedes del PP y en los domicilios particulares de sus principales dirigentes. Al menos, de momento.
A Sánchez no parece preocuparle lo que les está ocurriendo a los suyos más allá de la Moncloa, porque aún le queda humor para bromear con que si adelantara las elecciones generales obtendría «una mayor mayoría parlamentaria en el Congreso para poder gobernar de manera mucho más tranquila». A quienes no hizo mucha gracia esa ocurrencia fue a los candidatos de las elecciones municipales y autonómicas del próximo mayo, que sienten que van camino del patíbulo, como les ha ocurrido recientemente a las exministras María Jesús Montero y Pilar Alegría.
Todos los caminos conducen a...
El presidente pretende resistir, lo cual no es ninguna novedad. Ahora la visita del Papa, luego el Mundial de fútbol, después el veranito… y a España se le olvida todo. El cálculo que hacen en su equipo no deja de ser un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Le funcionó el año pasado con el caso Cerdán, pero ahora lleva mucho más plomo en las alas. Porque los caminos de todos los casos de corrupción del sanchismo convergen en las mismas coordenadas: las del despacho no del secretario general del PSOE, sino del presidente del Gobierno. Quien es probable que acabe declarando en sede judicial por alguno de los casos.
El hermano del presidente, sentado en el banquillo de los acusados esta semana
En el caso Plus Ultra, los 53 millones de euros del rescate los autorizó el Consejo de Ministros de Sánchez. En el caso de las mascarillas, la trama se enriqueció con contratos de mascarillas firmados con departamentos y empresas públicas del Gobierno de Sánchez. En el caso de Leire Díez, la trama habla de las órdenes del «one» y en las reuniones participaron personas del círculo más estrecho de Sánchez, como el entonces director adjunto de su Gabinete, Antonio Hernando. En el caso de las mordidas en obras públicas (aún bajo secreto de sumario), las adjudicaciones presuntamente fraudulentas a Acciona y Servinabar las hizo el Gobierno de Sánchez. En el caso de hidrocarburos (también secreto aún), la licencia de operador a la compañía Villafuel, con la que Víctor de Aldama y sus socios perpetraron un fraude millonario a la Hacienda española, se la otorgó el Gobierno de España. Ya no digamos en los de la presunta financiación irregular del PSOE, su mujer y su hermano.
El presidente ha llegado al final de la escapada judicial y también política, con el PNV y Junts exigiendo elecciones. La comparecencia que Sumar y el PP le iban a obligar a hacer en el Congreso, y que el jueves anunció «a petición propia» antes de que eso ocurriera, la ha pospuesto hasta el 24 de junio, como pronto. En otras circunstancias, con ello conseguiría atemperar el ambiente político. Sin embargo, en éstas, va a ser peor el remedio que la enfermedad. Antes de que Sánchez comparezca en el Congreso se producirán: la publicación de todo el sumario del caso Leire. La declaración del hermano del presidente en el juicio en el que está acusado de tráfico de influencias, prevaricación administrativa y aceptación de nombramiento ilegal. La citación de su mujer el día 9 para la audiencia preliminar al juicio. La declaración de Zapatero como imputado los días 17 y 18 de junio ante el juez José Luis Calama. Y, seguramente, también la sentencia de José Luis Ábalos en la segunda quincena. Eso es lo previsto, más las minas judiciales que puedan ir estallando en estas semanas de forma imprevista, porque el grueso de las investigaciones sigue todavía bajo secreto.
Precisamente este domingo, 31 de mayo, se cumplen exactamente 17 años de la muerte de Millvina Dean, la última superviviente de aquel transatlántico que se creía indestructible y que se tragó el Atlántico en abril de 1912. Que la orquesta siga tocando.