Fernando Grande-Marlaska, durante su comparecencia en el Senado
A flote una vez más
Marlaska escapa de un interrogatorio gris en el Senado pese a dar la enésima versión del caso Leire
Si algo quedó claro es que existe una estrategia coordinada entre él y la directora de la Guardia Civil, a quien defendió a capa y escapa pese a sostener que solo le informó de uno de los tres encuentros con Díez
Fernando Grande-Marlaska es el ministro del Interior, pero también el ministro corcho. En sus ocho años en el cargo ha protagonizado mil y una polémicas y de todas ha conseguido salir a flote, porque ahí ha estado siempre Pedro Sánchez para tenderle la mano. A lo que se suman las tres veces que ha sido reprobado por el Parlamento, que podían haber sido cuatro si el mes pasado el PNV y Junts no se hubieran abstenido en una reprobación en el Congreso que presentó el PP por la falta de medios de la Guardia Civil para luchar contra el narcotráfico, tras la muerte de otros dos agentes en Huelva.
Este martes Grande-Marlaska lo volvió a hacer. Después de tres horas y media de interrogatorio por el caso Leire, salió de su comparecencia en la comisión de investigación del Senado como si tal cosa, presumiendo de tener la «confianza» del presidente y reiterando por enésima vez su «total apoyo» a la directora general de la Guardia Civil, de quien aseguró no tener «ninguna duda». Si algo quedó de manifiesto es que existe una estrategia claramente coordinada entre el ministro y su subordinada, que están juntos en lo que quiera que estén.
Dentro de la comisión, el ministro reconoció que Mercedes González sí le informó, cuando ocurrió, de que Leire Díez le había pedido que restituyera al comandante Rubén Villalba (miembro de la trama), lo que fue tanto como reconocer que hasta ahora ha mentido en sus múltiples versiones anteriores. Y aun así salió indemne, incapaces como lo fueron los portavoces del PP, Vox y UPN de ponerlo contra las cuerdas. Supuestamente, ese fue el tercer y último encuentro entre ambas mujeres; de los dos anteriores Grande-Marlaska dijo no haber sido informado y hasta declaró no saber por entonces quién era Leire Díez, sino mucho después, a pesar de las informaciones aparecidas en la prensa. «No puedo exigir a nadie de mi equipo que me cuente sus encuentros particulares», argumentó al ser preguntado al respecto.
Los senadores del PP Martínez-Maíllo (a la izquierda), Monago y Arenas
El portavoz de Junts, Eduard Pujol, alabó irónicamente su capacidad de practicar la «esgrima dialéctica», porque por no mojarse ni siquiera quiso decir con todas las letras que Koldo García es un corrupto después de haber sido sentenciado por el Tribunal Supremo, como lo conminó el senador independentista. Éste le pidió que retirara al menos la condecoración de la Guardia Civil que tiene Víctor de Aldama y respondió que lo intentará.
El ministro jugó con las palabras y con los senadores de la oposición como lo hizo también la directora general de la Guardia Civil hace dos semanas. Entonces ella distinguió entre tomar «dos cafés» con la fontanera y reunirse con ella. Este martes, su jefe hizo lo propio y diferenció entre encuentro y comunicación. «No hubo un encuentro, hubo una comunicación», matizó, al respecto de la reunión en la que Díez pidió a González que intercediera por Villalba, que supuestamente fue la tercera y la última. Luego añadió Grande-Marlaska: «Cualquiera puede pretender una comunicación y no ser contestada. Si hubiera habido un encuentro físico después, mi reacción hubiera sido otra».
Bien sabía el ministro hasta donde podía llegar: después de ese tercer encuentro del 2 de abril de 2025, la UCO ha acreditado que ambas mujeres mantuvieron la comunicación por Whatsapp, a pesar de que el DAO de la Guardia Civil había informado a su jefa de una investigación contra la fontanera. González incluso activó el borrado automático de mensajes. Por eso puso la línea roja en el «encuentro físico».
Cuando el popular Fernando Martínez-Maíllo le recordó esas conversaciones de Whatsapp, el ministro se limitó a responder: «Se lo deberá preguntar a la directora de la Guardia Civil. A mí me ha trasladado que no tenían ningún alcance». Quitó importancia a esos «cafés» y también a las informaciones reservadas que se abrieron en el seno de la Benemérita contra agentes que investigaban casos que afectaban al presidente. Y a la contravigilancia que Interior prestó a Díez durante dos meses, de la que dijo no haberse enterado «a posteriori» porque tampoco tenía por qué saberlo. Si hubiese sido escolta sí, según él.
Uno de los momentos más tensos entre Grande-Marlaska y Martínez-Maíllo fue cuando el popular le recriminó que, el viernes, los generales de la UCO Rafael Yuste y Alfonso López Malo desmintieron a la directora de la Guardia Civil ante el juez Santiago Pedraz. Allí declararon que no es verdad que, como sostuvo González en el Senado, que en la reunión que ella mantuvo con ambos y con el teniente coronel Antonio Balas el 29 de abril de 2025 les contara que conocía a Leire Díez. «Allí expresamente reconocí que conocí a Leire y que me había reunido con ella en alguna ocasión», aseguró González en la Cámara Alta el pasado 16 de junio. Y los dos mandos negaron ante el juez tal extremo.
El 30 de abril se produjo otra reunión con los mismos interlocutores a la que sumó Grande-Marlaska. Según la versión del ministro, la última, antes de ese encuentro avisó al presidente del Gobierno de que iba a reunirse con varios mandos de la Guardia Civil para mostrarles su «apoyo» frente a la cloaca. Y que a Sánchez le pareció muy bien.