En la fiesta de Pentecostés
«Para muchos el Rocío es la historia de una peregrinación pese a que haya quien mire con recelo desde la distancia»
Al final de esta semana habrán pasado cincuenta días desde la Pascua de Resurrección. La fiesta de Pentecostés que tendrá lugar el próximo domingo 8 de junio, según se nos cuenta en el libro de los Hechos de los Apóstoles, recuerda la venida del Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico (los apóstoles fueron los elegidos para propagar el Reino de Dios) en presencia de María: «al cumplirse el día de Pentecostés, se hallaban todos juntos en el mismo lugar» (Hch 2,1). No hay que perder de vista que el pasado domingo 1 de junio se producía la Ascensión del Señor al cielo; se leía el final del evangelio de Lucas (autor también del libro de los Hechos de los Apóstoles) «…y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado al cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios» (Lc 24, 51-53).
En Pentecostés se celebra la entrega del don del Espíritu Santo, se celebra el nacimiento de la Iglesia. Y en esta Fiesta tiene lugar una romería que traspasa fronteras y congrega a un número cercano al millón de personas en torno a una imagen de la Virgen que se venera bajo la advocación de Rocío. A su encuentro van los romeros, como gotas de agua que se juntan en un mismo mar y que confluyen, en este caso, en las Marismas. «Qué bonito es el Rocío / qué bonita la marisma / y qué bonita es Doñana / mi orgullo ser marismeño / de esa marisma huelvana», dice el estribillo de unas sevillanas de Los Marismeños.
Para muchos el Rocío es la historia de una peregrinación pese a que haya quien mire con recelo desde la distancia. Reconocida como una de las más relevantes de España, esta peregrinación reúne una serie de características que la hacen singular. Ya están en camino la mayoría de las hermandades; un reguero de rocieros se encuentra recorriendo los distintos senderos desde sus localidades de origen. El jueves pasado Córdoba daba sus primeros pasos. El Vado del Quema, Palacio, el Ajolí, la Raya o la Marisma serán algunos de los hitos que se vayan alcanzando en el trayecto transitado hasta la llegada a la aldea almonteña.
Habrá momentos para la convivencia y para la soledad, para la risa y el llanto, para la emoción contenida y revelada, pero prevalecerá un mismo objetivo y todos los participantes se entenderán en un mismo lenguaje.
«En la mañana de Pentecostés, ella presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la Estrella de la Evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza» (San Pablo VI, Evangelii nuntiandi).