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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Lindsay Clancy, la madre modelo

Aludo a la prolija colección de mujeres que han rasgado la cortina revelando su verdadera naturaleza. El insoportable sufrimiento que, según dicen, acumulan las madres, el suplicio que les supone o supuso su propia maternidad

El triple filicidio cometido por Lindsay Clancy nos ha dejado un dibujo en la arena, como cuando la mar retrocede y en la orilla quedan extraños trazos. Es el retrato de una condición femenina. Artículo indeterminado, por fortuna. Pero condición de una parte suficiente de mujeres. ¿Suficiente para qué? Para alarmarte, para estremecerte, para mirar alrededor y, si tienes cerca a alguna de las fans de la asesina de sus tres hijos, salir corriendo. Porque una existencia llevadera, la paz mental, una vida sin demasiados sobresaltos, son imposibles, inalcanzables con uno de esos perfiles cerca.

No aludo aquí a la oscura Clancy, que va de suyo. Será imputable o no, aún está por determinar. Aludo a sus admiradoras desencajadas, sulfuradas, arrebatadas, verraqueantes, hipantes. Aludo a la prolija colección de mujeres que han rasgado la cortina revelando su verdadera naturaleza. El insoportable sufrimiento que, según dicen, acumulan las madres, el suplicio que les supone o supuso su propia maternidad. Algo pavoroso, culpa del padre. De ahí su identificación con la oscura filicida. Ellas también son Lindsay Clancy. Dan por hecho, sin condena todavía, más allá de lo que terminen estableciendo los peritajes, que su modelo de madre no puede ser castigada.

¿Qué oigo? ¿Qué dice ese coro? ¿Que la oscura no es su modelo de madre? ¿Que eso me lo invento yo? ¡Ajá! Es la señal. Hemos llegado al meollo del asunto. Lindsay Clancy ha tocado en lo más profundo de su ser doliente a una legión de madres disconformes con su vida. No ha sido otra persona ni otro suceso. Ha sido la oscura Clancy, y ha sido el hecho reconocido de que dio muerte a sus tres hijos. El inesperado, deprimente y disolvente fenómeno del apoyo masivo nos obliga a mirar al monstruo de frente, porque el monstruo puede estar cerca. La oscura no solo es su modelo de madre sino de persona.

Si se tratara de comprensión hacia los afectados por trastornos mentales, este movimiento sería virtuoso, no tomaría pie en el homicidio de tres niños, arrojaría luz sobre el persistente estigma que pesa sobre dichas enfermedades. Es más, este movimiento es una patada, un escupitajo sobre los que de verdad luchan contra el estigma, puesto que insiste en relacionar enfermedad psiquiátrica y violencia, agresión, asesinato, cuando la proporción de personas peligrosas dentro de la población afectada por trastornos mentales es ínfima.

Claro que la oscura es su modelo. La oscura es José Bretón. La oscura es la enésima filicida que, después de liquidar a sus hijos, no acaba de saber suicidarse. La oscura cubre la tierra de negrura, afilia contra la vida, contagia para el caos a todas aquellas que portan el instinto de matar al hijo porque el hijo las ata, que prefieren el recuerdo del hijo muerto al hijo vivo. La literatura y la mitología vienen llenas. No habría sorpresa… si hubieran sido cuatro. Pero son millones, y su discurso no es compatibles con mitología ni literatura alguna. Seguimos descendiendo.

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