De comienzo en comienzoElena Murillo

Puro teatro

«No somos otra cosa que actores en el gran escenario del mundo»

Cuando el tiempo marca el final del calendario académico, llega el temido ciclo de exámenes. Temido por todas las partes implicadas, estudiantes y profesores, que tienen que cumplir con su correspondiente rol, opuesto al tiempo que complementario. Se hace inevitable, en las distintas disciplinas, la elaboración de una batería de preguntas que permita a los alumnos demostrar el aprendizaje adquirido a lo largo de un periodo. Afortunadamente no se reduce todo a una prueba oral o escrita; ya ha habido ocasión a lo largo del curso, o del cuatrimestre, de ir observando dicha adquisición a través de otros instrumentos.

Andaba en esta vorágine de redacción de exámenes cuando tocaba el turno a los tópicos literarios. Como coincidía que en pocos días he asistido a tres representaciones teatrales completamente diferentes, me permitía pensar en el tópico de la vida como teatro. Y es que no somos otra cosa que actores en el gran escenario del mundo; un escenario cambiante en función del desarrollo de la representación, en función de la escena que en cada momento corresponde interpretar. Andamos a medio camino entre la realidad y la ficción.

El teatro me resulta una actividad gratificante porque siempre abre la puerta a la meditación. Valgan para pensar en voz alta los tres ejemplos ya nombrados, de los que he disfrutado durante la semana, con sus respectivas aportaciones: El último Osio, Los lunes al sol y La principita.

El último Osio es un magistral auto sacramental de Daniel Cotta que acerca la distante figura del obispo cordobés que presidiera el Concilio de Nicea en el siglo IV. Con la estructura propia del Barroco y un lenguaje actual y comprensible, esta brillante obra pone en valor la figura de Osio mil setecientos años después. Además, está de plena actualidad ya que es objeto de estudio en el Congreso que acoge desde hoy nuestra ciudad, «Símbolo: Luz de Nicea».

Los lunes al sol muestra las diversas orientaciones que toman las vidas de distintas personas ante una misma situación. Las condiciones económicas conforman la identidad de los individuos y sus relaciones sociales. La frustración o la falta de esperanza se ponen de manifiesto, marcan la realidad.

La principita, como se puede intuir, está basada en la célebre obra de Antoine de Saint-Exupéry y ha sido una excelente interpretación de alumnos de siete y ocho años que se forman en el Teatro Avanti. Fuera de cualquier indicio de reivindicación, el cambio de nombre en el título obedece a que en porcentaje altísimo este grupo está compuesto por niñas, por esas «principitas» que viven sus aventuras viajando de un planeta a otro.

Aprendizaje, imaginación, reflexión, inquietudes…; todo ello y mucho más converge en actores experimentados y en aquellos que empiezan a dar sus primeros pasos en el mundo de la dramaturgia. Y, por qué no, en todos nosotros. Citando a Mario Vargas Llosa, «cuando la realidad se hace irresistible, la ficción es un refugio».

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