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19 de julio de 2024

El candidato del PNV, Imanol Pradales, votando este domingo

El candidato del PNV, Imanol Pradales, votando este domingoEFE

El perfil

Pradales, el lendakari gris e independentista «con los pies en el suelo»

Andoni Ortúzar, presidente del PNV, apostó por un hombre gris con perfil técnico como último clavo ardiendo para no perder el poder

El que probablemente sea el próximo presidente autonómico vasco, Imanol Pradales Gil (Santurce, Vizcaya, 1975), salía de un mitin en Baracaldo con prisas para llegar al estudio de la ETB donde se iba a celebrar el último debate electoral, cuando una persona se le acercó y le roció la cara con un spray de pimienta. No tardaron en atenderle en el hospital de Cruces, aunque el agredido perdió por unas horas la visión del ojo izquierdo. Uno de los primeros en llamarle fue Íñigo Urkullu, su antecesor en la candidatura y su exprofesor de Ciencias Naturales en EGB. Inopinadamente, un PNV en horas bajas y con el aliento de Bildu en el cogote, decidió abrir la puerta de salida al que había sido su candidato, y lendakari durante los doce años anteriores, con el objeto de rejuvenecerse. Para ello colocó al alumno del defenestrado intentado así neutralizar la fuerza de Otegi, impulsado por el blanqueamiento de Pedro Sánchez. Aunque el partido guardó el secreto, alguien se fue de la lengua y a Urkullu no le gustó nada enterarse por los periódicos de que le habían jubilado. Por El Correo, concretamente.

Así llegó este doctor en Ciencias Políticas y Sociología por Deusto, que casualmente hoy cumple 49 años, a la cúpula del PNV, proveniente de la Diputación Foral de Vizcaya, donde silentemente hizo carrera, lo que le permitió engrosar su currículum durante doce años. Con raíces familiares en Burgos, se vanagloria de ser vasco a pesar de sus ocho apellidos castellanos, como presumió en una entrevista en campaña. La pérdida de más de la cuarta parte del electorado del PNV, según vaticinaban las encuestas, llevó a Andoni Ortúzar, presidente del PNV, a apostar por un hombre gris con perfil técnico como último clavo ardiendo para no perder el poder. Y parece que ha salvado los muebles. No en vano, los nacionalistas vascos necesitaban un revulsivo para recuperar a los votantes moderados -definitivamente defensores del libre mercado y de las políticas liberales-, desencantados con su dirección por su sostenida estrategia de mantener a Sánchez y a sus políticas de ultraizquierda en Moncloa, y compartir alianza con Podemos, Bildu, Junts y ERC. A Ortúzar la música le sonó mal el pasado 23 de julio: su partido perdió el 27,2% de su electorado en las generales y cada vez era menos necesario para el PSOE, que incorporaba a su nómina de costaleros a Puigdemont.

El candidato del PNV al Gobierno vasco, Imanol Pradales

El candidato del PNV al Gobierno vasco, Imanol PradalesEuropa Press

Hijo de peneuvistas de toda la vida y padre de una niña de dos años, Pradales se declara «independentista con los pies en el suelo» y ha jugado durante la campaña a compaginar una imagen clásica de la derecha nacionalista vasca con un perfil más juvenil, para competir con Otxandiano, de Bildu, su gran rival, y tan desconocido para la ciudadanía como él. Cuando dejó la docencia en la Universidad para saltar a la política, con solo 30 años, siempre manifestó una especial obsesión por la inmersión lingüística del euskera, idioma que habla perfectamente. Dice estar preocupado por la bajísima natalidad vasca y por la decadencia empresarial de la Comunidad autónoma, dos de las grandes lagunas del partido que ha gobernado siempre esta Autonomía, salvo de 2009 a 2012, cuando lo hizo el socialista Patxi López gracias al apoyo del PP. Pero, a pesar de su discreción, el aspirante a presidente del PNV protagonizó hace unos años un escándalo: en 2015, cuando gestionaba Desarrollo Económico, reconoció haber adquirido 7.200 acciones de la constructora Sacyr, contratada por el Gobierno vasco para hacer los túneles de Autxagane y la variante de Igorre. No dimitió, pero terminó pidiendo perdón.

Al sucesor de Urkullu, le gusta Fito, Bruce Springsteen y Dire Straits, ir al monte a buscar setas, pescar chipirones, y cuenta que la única vez que le echaron de clase fue por reírse cuando hablaba el profesor. Pero su vocación es la de remero, deporte que practicó en La Sotera, la trainera de Santurce. Va a tener que bogar, y mucho, si su partido sigue de la mano de un presidente echado al monte de la ultraizquierda.

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