27 de noviembre de 2021

El componente solidario es una de las mayores motivaciones para los adolescentes

El componente solidario es una de las mayores motivaciones para los adolescentesPexels

Adolescentes

El valor del esfuerzo: cómo motivar a los adolescentes a estudiar

Los jóvenes se rebelan contra las reglas establecidas de forma natural. Por ello es importante encontrar los motores que los motivan a continuar con sus responsabilidades
La adolescencia: esa etapa vital tan complicada, tan transformadora y rebelde. Desde que el hombre es hombre, las personas que atraviesan la pubertad se niegan por regla general a acatar las normas sociales. Los jóvenes cuestionan el orden establecido y las obligaciones que se les imponen de manera natural, casi instintiva. No es necesario recordar que son momentos de grandes cambios y reajustes a nuevas realidades, en la que muchas veces ni ellos mismos se reconocen.
Una de las maneras en las que se manifiesta esa rebeldía adolescente tan característica es negarse a cumplir con sus responsabilidades académicas, es decir, rehúsan estudiar. En muchos de los casos, no es solo por hacer lo contario de lo que se les dice, sino que pueden perder el sentido del estudio y la motivación para continuar. Llegando al extremo, pueden llegar también a dejar el colegio. En el año 2020, la tasa de abandono educativo temprano se situaba en el 16 %, según los datos de la Encuesta de Población Activa, analizados por el Ministerio de Educación.
Ana Cobos Cedillo, orientadora y presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, afirma que muchos niños se pierden porque el sistema educativo no ha dado una buena respuesta adaptada a sus necesidades. Por ello es tan relevante el papel de los orientadores, pero también el de las familias. Guiarles y apoyarles durante su etapa formativa, insiste Cobos, es la solución para que su potencial se desarrolle al máximo. 
Poder ayudar a los demás es un poderoso aliciente

Poder ayudar a los demás es un poderoso alicientePexels

Componente solidario

Si un adolescente se niega a estudiar resulta contraproducente obligarle a ello, ya que, como afirma María Solano, decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo, especialista en educación y madre de familia, «si ante actitudes negativas, como padres, se tiende a ejercer sobre ellos un castigo, se van a rebelar aún más».
Una buena motivación es aquella que lleva implícita un componente solidario. Decirle, por ejemplo: «estudia esto que se te da muy bien y así podrás ayudar a tus hermanos o a tus compañeros de clase», es según Solano, una vía para que se sientan orgullosos de lo que están haciendo. Ese estímulo de solidaridad, el sentirse capaz de echar una mano a quien lo necesite, es muy importante en los adolescentes. «Está demostrado que, psicológicamente, por solidaridad los adolescentes se mueven en una mayor medida, y ellos se mueven por muy pocas razones. Es un poderoso aliciente». Les hace sentirse también útiles e importantes. 

Con decirle: qué bien lo has hecho, estamos orgullosos de ti; la autoestima que se genera en el adolescente es suficiente para motivarle a estudiar

El futuro está muy lejos para ellos

Gema Azpeitia Baeta, pedagoga y orientadora escolar, afirma que «es difícil pensar en el futuro en la sociedad actual, donde prima la inmediatez, la imagen estética, la superficialidad …y no tiene ningún valor el esfuerzo, el respeto o la educación». Al adolescente de hoy le cuesta entender que tiene que estudiar nueve meses para un examen que tendrá lugar a final de curso, y más aún que todo ese esfuerzo le valdrá para conseguir un buen trabajo el día de mañana. En esto coincide con María Solano, que explica: «para ellos el futuro está muy lejos. Por ello, la superación personal a corto plazo es una motivación muy buena. Un consejo es poner retos cortos y celebraciones grandes. Están acostumbrados a retos cortos y recompensas altas, por las redes sociales y los videojuegos».
Este proceso de gamificación ha hecho que se acostumbren a tenerlo todo a golpe de clic. «No hay que ofrecerles regalos, ni premios, si no que la recompensa ha de ser la superación propia, las buenas notas. Con decirle: qué bien lo has hecho, estamos orgullosos de ti; la autoestima que se genera en el adolescente es suficiente para motivarle a estudiar», afirma Solano. Por otro lado, como orientadora escolar, Azpeitia recomienda dividir un objetivo a largo plazo en pequeñas etapas que hay que ir alcanzando. «Si un alumno quiere ser maestro, primero debe terminar la ESO, luego el Bachillerato y posteriormente la universidad. O si lo prefiere, podría optar por otra vía», explica.
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Animarlos a investigar

Una vía también muy útil, continúa Solano, es que investiguen. «Facilitarles, como un curador de contenidos, ideas que les puedan ayudar a investigar y ofrecer vías alternativas de aprendizaje o libros complementarios a lo que estudian en el colegio. Cualquier cosa que es investigada por nuestra cuenta se aprende mejor». Esto les traslada también cierta sensación de independencia y la confianza depositada en ellos para que se formen de manera autónoma.
Cambiarles de ambiente es, asimismo, una forma de que se sientan mayores y emancipados. «Llevarlos a la biblioteca, y procurar que lo hagan con amigos. Sienten que estamos confiando en ellos, y entre sus iguales, se empujan entre ellos. La educación por pares es mucho más importante en adolescentes que la educación directa de los padres», explica la especialista en educación. 

Que se esfuercen en ser tan buenos que no se les pueda ignorar

Encontrar una vocación

«Es importante guiarles y que reflexionen si se ven trabajando en una oficina, en un hospital, al aire libre, con animales, con personas…», afirma la pedagoga. No se trata de encontrar lo que a uno le gusta, sino lo que se le da bien, ya que como explica Solano, «de lo que nos gusta nos cansamos, de lo que se nos da bien, no. Nos acabamos enamorando de las cosas que hacemos bien». Algo así como profesionalizar aquello en lo que uno es bueno.
La base se encuentra en explicar la parábola de los talentos. «Hacerles ver desde muy pequeños que están en el mundo para hacer de él un lugar mejor. Para ello, hay que descubrir cuáles son tus talentos y ponerlos al servicio de los demás. Algo que hacen muy bien está para cambiar el mundo. Que se esfuercen en ser tan buenos que no se les pueda ignorar». Se va descubriendo el placer del esfuerzo para mejorar poco a poco en la vocación, aquella profesión de la que uno se enamora, y deja de costar para convertirse en una motivación más.
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