29 de junio de 2022

Josep Miró es el presidente de e-Cristians

Josep Miró es el presidente de e-Cristians

Entrevistas por la Vida

Josep Miró i Ardèvol: «En Europa la respuesta fuerte de la vida todavía no se ha producido y hay que trabajar por ello»

El presidente de e-Cristians charla sobre la lucha por la Vida, de cara a la próxima Manifestación en Defensa de la Vida y la Verdad

Josep Miró i Ardèvol fue hasta 2002 concejal del Ayuntamiento de Barcelona, su último cargo en política. De formación, ingeniero, y también católico y provida. Miró abandonó su cargo para fundar e-Cristians y dos años después el portal de noticias Forum Libertas. En la actualidad es también coordinador de la Asamblea de Asociaciones por la Vida, la Libertad y la Dignidad, una de las tres convocantes principales de la Manifestación en Defensa de la Vida y la Verdad del próximo domingo y que agrupa más de 150 organizaciones diferentes.
–¿Qué cabe esperar para el próximo 26 de junio?
–Va a constituir un antes y un después. No solo por la movilización de personas, familias y organizaciones de toda España, sino porque este trabajo habrá significado una capacidad de coordinación y de trabajar juntos en objetivos concretos sin por ello desatender lo que son fines propios de nuestras respectivas vocaciones y fines como asociación. Este gobierno, esta cultura dominante de Estado, incluso el próximo gobierno, si es que en un futuro el cambio se produce, ha de saber que una proporción creciente de la sociedad civil, que defiende que la solución es la acogida y cuidado de toda vida humana y de su dignidad, del derecho de los padres a la educación de sus hijos especialmente en el ámbito moral y religioso y las consecuencias que ello comporta, el respeto real a los derechos y libertades, especialmente los que refiere la Constitución, el fin de la ingeniería cultural que quiere construir otra antropología humana contraria nuestra naturaleza, todo esto, nos tendrá decididamente movilizados en todos los ámbitos.
–¿Qué dice de esta sociedad ya no solo que se ataque a la vida constantemente, sino que también se quede en silencio ante ello?
–Que el silencio hace cómplices. Y como dice aquel Soneto de Moabit escrito por Albrecht Haushofer en su celda a la espera de ser asesinado por los nazis, «Mis culpas verdaderas otras son; / tardanza en conocer mi cometido, /no llamar perdición a lo perdido/ y confiar demasiado en mi opinión» Y para quien se sienta concernido por ello que atienda a esa historia pasada que narra presente y futuro: «Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» - Ap. 3,16.
–¿De qué manera implica la cultura de la muerte un ataque directo a la familia y a los valores sociales propios de los españoles?
–Esta cultura considera que determinados problemas humanos, muy distintos, el embarazo, el sufrimiento, la soledad, se arreglan matando. Es una brutalidad, es volver a la negritud de los tiempos, porque precisamente el cuidado de la vida, el ayudar con eficacia al que sufre, el acompañar, es el mejor estimulo para el progreso de un mundo más humano. Y la institución que condensa todo esto es la familia. Sin una cultura de la vida, la familia es imposible. Y no se trata solo de valores sociales españoles, que lo son, sino de algo mucho más universal. Se trata del seguimiento de la ley natural.
¿Se está viendo a nivel internacional un movimiento social mucho más activo a favor de la vida? ¿Qué puede implicar esto para España? La posible revocación del fallo Roe vs. Wade en Estados Unidos, las limitaciones para acceder al aborto en Polonia...
–En Estados Unidos es evidente que hay una gran respuesta a favor de la vida. Un mínimo de 22 estados han promulgado leyes o están preparadas para cuando el Tribunal Supremo dicte sentencia. Es una demostración clara de cómo el empeño, la continuidad, la capacidad de organizar, movilizar, razonar y motivar, de incidir en el ámbito político, acaba decantando la balanza hacia lo que es realmente humano. En Polonia, desde siempre, ha habido una defensa clara de la vida. Seguramente a causa del sufrimiento histórico del pueblo polaco a manos de la muerte y la ocupación, y a pesar de la presión de la Comisión Europea, cada vez más convertida en un lobby pro aborto. Y esta es la otra cara de la moneda. En Europa la respuesta fuerte de la vida todavía no se ha producido y hay que trabajar también por ello, porque además todo conduce a que nos convirtamos en un gran geriátrico precisamente por falta de vida, de nacimientos.
–Sin embargo, mientras las instituciones supranacionales continúan con sus debates sobre convertir el aborto en un derecho fundamental y sobre la eutanasia. ¿Qué opina sobre esta contradicción?
–Porque en Occidente, cuyo efecto se extiende en parte de América Latina, continúa funcionando la alianza objetiva, que ha conseguido un poder hegemónico, entre el liberalismo globalizado de la desregulación y el progresismo de género. Por razones en parte distintas, ambas comparten objetivos, que tienen en el aborto y la eutanasia, junto con las ideologías de género, un terreno común. Es, por tanto, una gran fuerza, una pinza a la que hay que superar y eso solo es posible, con una institución eclesial que realmente evangelice, y no confunda tal cosa con la reunionitits, la construcción de la alternativa cultural, y la capacidad para incidir con eficacia en el ámbito político.
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