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Un bebé que gatea desarrolla su psicomotricidad fina y gruesa

Un bebé que gatea desarrolla su psicomotricidad fina y gruesaPexels

Antes de andar hay que gatear: estos son sus beneficios para el cerebro de los bebés

El gateo es la actividad física más completa que realizan los niños, además de ser la manera de descubrir el mundo que les rodea

en torno a los ocho meses de edad la mayoría de bebés se alzan sobre las rodillas y apoyan sus manos en el suelo para empezar a recorrer los pasillos de la casa a toda velocidad. El gateo es la actividad física más completa que realizan los niños, además de ser la manera de descubrir el mundo que les rodea.

Como paso previo a echarse a andar, tiene una serie de beneficios que van más allá de preparar su resistencia par aguantar todo su peso sobre sus pies. No solo ayuda a la psicomotricidad gruesa y fina, sino que también activa la respiración. «Además de volverse más fuerte, oxigena mejor el cerebro», incide Carmen Romero, psicóloga infantil.

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El gateo es bueno por muchas cosas, porque fomenta la coordinación, la autonomía y, por tanto, la autoestima del niño; porque a través del gateo es como los niños ponen a sus dos ojos a trabajar en la convergencia ocular –«Cuando un niño está gateando, tiene que fijar sus ojos en un punto y se acerca a él para explorar», comenta la psicóloga–. Y también porque moviendo de manera coordinada sus manos y pies los dos hemisferios del cerebro comienzan a coordinarse para definir su lateralidad (la preferencia por usar un lado u otro del cuerpo para alguna actividad, que hace a las personas diestras o zurdas).

La vista y el tacto manual trabajan consigo mismos, pero también entre sí. Todos los metros que el niño recorre a gatas se está desarrollando una coordinación ojo-mano que va a ser fundamental para el momento en el que el niño aprenda a leer y escribir.

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Además de todo este impacto físico, Romero hace hincapié en que esta actividad fomenta también el desarrollo neurológico, es decir, que el verdadero protagonista de tanto movimiento es el cerebro. «Lo que se consigue es que desde edades tempranas se establezcan unas bases neurológicas que favorezcan el desarrollo cognitivo adecuado y faciliten el aprendizaje del niño», comenta al respecto la psicóloga.

Si bien es hacia los ocho meses aproximadamente cuando los niños se lanzan a cuatro patas por toda la casa, hay muchos otros que nunca llegan a gatear, o que empiezan antes o quizá después. Dos puntos clave destaca Romero sobre esto: primero, que lo importante es respetar el tiempo de cada menor, y segundo: no tener prisa en que comience a andar, porque una vez que deja de gatear, no volverá a hacerlo nunca más.

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