Las chanclas hacen que los pies estén más expuestos y requieren de adaptación previa debido a su estructura
Protección y comodidad del menor
A partir de qué edad pueden los niños dar el paso a las chanclas de playa
Este calzado acuático tiene una serie de peculiaridades que hacen que los músculos de los pies requieran de mayor fuerza para hacer de soporte, según advierten los podólogos
las chanclas son, sin duda alguna, el calzado estrella del verano. Sin embargo, pueden convertirse en un verdadero desafío para infinidad de niños, cuyos pies se están aún formando. La falta de sujeción y el diseño abierto pueden afectar la forma de caminar y aumentar el riesgo de caídas, sobre todo durante los primeros años de vida. En este artículo te contamos a partir de qué edad es recomendable que los niños empiecen a usarlas, y qué otras alternativas ofrecen seguridad y comodidad al menor, sin renunciar a la diversión en playas y piscinas.
Lo cierto es que los especialistas no recomiendan usar chanclas abiertas del estilo 'Havaianas' hasta los 10 años, ya que no cuentan con sujeción alguna y son los dedos los encargados de realizar esa función. Así lo confirma la podóloga infantil Neus Moya: «Las chanclas no son recomendables porque no aportan la sujeción suficiente, teniendo que trabajar los dedos con un comportamiento de garra, pudiendo dar lugar a deformidades en los mismos».
Por ende –y al estar en proceso de formación la pisada y el pie– hasta los 3-4 años no deben utilizarse chanclas, aunque sean cerradas y se ajusten correctamente al pie, coinciden los profesionales de clínicas y centros como 'Pegadas' o 'DePie'.
En este sentido, 'Podoactiva' advierte sobre la probabilidad de presentar fascitis plantar si se hace un uso indebido de estos calzados.
Motivos para la precaución
Por todo lo anterior, conviene buscar otras opciones más efectivas y válidas, puesto a que las previas pueden dejar consecuencias como estas:
Falta de sujeción del pie: no sujetan el talón ni los lados del pie. Esto obliga a los niños a «agarrarlas» de forma poco ortodoxa, lo que acaba provocando alteraciones en la forma de caminar y sobrecarga muscular.Inestabilidad y lesiones diversas: su suela fina y la falta de ajuste hacen que el pie se deslice fácilmente dentro de la chancla, por lo que se incrementa el riesgo de tropiezos, cortes, torceduras de tobillo y golpes.Alteraciones en la postura y la biomecánica: la ausencia de soporte hace que el pie, la rodilla y la cadera compensen el movimiento de forma inadecuada, lo que causa posibles problemas de alineación.
Sandalias de goma para niños
Según la zapatería 'Carrilé' –que cuenta con más de 50 años de experiencia en calzado para toda la familia– son una excelente alternativa a las chanclas tradicionales. «Más cerradas y con mejor sujeción, están hechas de materiales resistentes al agua y a la abrasión, lo que las hace perfectas para excursiones, playas rocosas o días enteros en la piscina».
Existen, asimismo, modelos más resistentes que pueden ir cerrados con velcro, en vez de goma o silicona, lo que aporta –según ciertos gustos y preferencias– mayor comodidad.
Chanclas cangrejeras
«Aportan una protección total durante el verano. Las chanclas de tipo cangrejera son ideales para los más pequeños. Su diseño cerrado y flexible protege el pie entero mientras permite moverse con libertad» explica esta empresa zaragozana en su página web.
Además –continúa– se trata de las preferidas por muchos padres, quienes buscan seguridad en terrenos irregulares o en el agua, sin dejar de lado la suavidad de su material y adaptándose a cualquier edad.
Por su parte, las alpargatas o las menorquinas también son alternativas populares fiables en cuanto a la infancia, y deben quedar justas al pie, sin ser pequeñas, para que sujeten correctamente, tal y como asegura en su portal la firma española de calzado infantil 'Okkaspain'.