Las discusiones pueden aumentar cuando coinciden los dos mayores cambios hormonales de la vida
Una «tormenta perfecta» en casa: cuando la menopausia y la adolescencia coinciden bajo un mismo techo
El retraso de la maternidad ha llevado a que, en muchos hogares, los cambios hormonales de la adolescencia y del final del ciclo fértil de la mujer se den de forma simultánea
No es un estereotipo manido, ni un cliché de sitcom televisiva: la menopausia y la perimenopausia son dos de los momentos –o dos fases de un mismo proceso– más convulsos para la vida y la salud de cualquier mujer. Y, junto con la andropausia del varón, pueden suponer un reto para la estabilidad familiar.
Sólo otro momento en el desarrollo personal puede equipararse a la ebullición hormonal y a los desajustes físicos que se producen en esa etapa: los que acontecen entre la pubertad y la adolescencia.
El retraso sistemático de la maternidad en las últimas décadas, sin embargo, ha hecho que cada vez sea más frecuente que ambas etapas se produzcan de forma simultánea en una misma familia.
Si, conforme a los datos del INE, la edad promedio en España para la primera maternidad está en los 32,6 años, eso implica que muchas mujeres llegan al entorno de los 50 justo en el momento en que sus hijos e hijas cumplen entre 15 y 17 años.
Y cuando ambas etapas se cruzan, el hogar puede convertirse en una suerte de campo minado para la convivencia, que «exige un esfuerzo emocional adicional, muchas veces invisibilizado», tal y como acaba de publicar la especialista en familia Natalia Posada en el portal especializado Lafamilia.info.
Dos etapas largas y convulsas
En realidad, los cambios fisiológicos asociados a ambos momentos pueden llegar mucho antes y prolongarse durante varios años.
«La adolescencia y la menopausia no son momentos puntuales, sino etapas largas de transición que suelen coincidir más de lo que imaginamos», explica Natalia Posada.
Así, mientras «la adolescencia suele comenzar entre los 10 y 13 años y extenderse hasta los 19 o incluso más allá, con cambios físicos, emocionales y sociales profundos», la perimenopausia «puede iniciar desde los 40 años», y la menopausia «entre los 45 y 55 años, cuando cesa la menstruación».
Sin embargo, «sus efectos emocionales y corporales pueden sentirse mucho antes y continuar después».
Tensiones nuevas
Posada constata que «muchas madres atraviesan sus propios cambios hormonales, al mismo tiempo que acompañan a sus hijos en plena adolescencia».
Y «no es una coincidencia menor: es un cruce de etapas que transforma la dinámica familiar» y que puede provocar que aparezcan «tensiones nuevas, malentendidos frecuentes y una sensación compartida de no sentirse del todo comprendidos».
Como explica la especialista, los cambios fisiológicos pueden provocar, tanto en madres como en hijos, «cansancio, irritabilidad y tensiones en la convivencia diaria». Con un elemento físico adicional, propio de ambas etapas: la falta de sueño, que incrementa la irritabilidad durante el día.
Escuela de empatía familiar
Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, «vivir estas dos etapas juntas puede convertirse en una verdadera escuela de empatía familiar», recuerda Posada.
Y recomienda algunos aspectos a tener en cuenta, empezando por caer en la cuenta del fenómeno: «Entender qué está pasando –tanto en los hijos como en las madres– es el primer paso para afrontar estas dos etapas de cambio bajo el mismo techo con mayor empatía, respeto y conciencia».
Además, Posada explica que dan pie a comprender «las emociones no son el enemigo, sino señales que necesitan ser escuchadas» y que «pedir ayuda, poner límites y cuidarse también es parte de crecer».
«Acompañar a hijos adolescentes mientras se transita la menopausia no es sencillo, pero tampoco debería convertirse en un campo de batalla. Es una doble transición que pide más comprensión que exigencia, más escucha que control y más cuidado, propio y mutuo, que perfección», concluye Natalia Posada.