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Más del 30% de la generación Z reconoce procrastinar tareas a diario

Más del 30% de la generación Z reconoce procrastinar tareas a diarioGetty Images / iStock

¿Perezosos o agotados? Por qué la Generación Z procrastina tres veces más que los 'boomers'

Dice el acervo popular aquello de «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Sin embargo, parece que el famoso refrán ha caído en el olvido, junto a la enseñanza clásica de «contra la pereza, diligencia». Al menos, entre los jóvenes de la llamada Generación Z, es decir, los nacidos (aproximadamente) entre 1995 y 2012.

Así se deduce de un estudio recién publicado por Preply, que recoge cómo los llamados centenials procrastinan un 30% más que los de la generación del baby boom (aquellos que nacieron entre 1957 y 1977).

La paradoja que recoge el informe es que, lejos de vivir instalados en una apática inactividad, la parálisis de los jóvenes se debe, precisamente, a un exceso de estímulos.

«Fatiga decisional»

Dicho de otro modo, los jóvenes viven tan rodeados de herramientas para mejorar –idiomas, fitness, productividad, hábitos–, y reciben tantos impactos diarios a través de la tecnología, que les suponen una carga mental agotadora y paralizante. El resultado se parece mucho a la pereza… pero no lo es.

La clave está en lo que el estudio denomina «fatiga decisional»: un desgaste mental que aparece tras acumular un exceso de decisiones diarias y que, paradójicamente, termina haciendo más difícil elegir y actuar.

En concreto, el 84% de los consultados en el estudio afirma experimentarla de forma habitual, pero en la Generación Z el porcentaje sube hasta el 92%: el grupo más afectado.

35.000 microdecisiones al día

Según el estudio, a causa sobre todo del uso de tecnologías (con su conexión a redes sociales y sus aplicaciones con notificaciones), cada día los centenials toman cerca de 35.000 microdecisiones, que van desde qué ropa ponerse, hasta responder al Whatsapp, atender la notificación de Outlook, hacer scroll por TikTok, subir un storie en Instagram o empezar –o no– con un objetivo personal.

Esta mezcla de obligaciones, distracciones y metas propias se vuelve en contra de la productividad, porque el cerebro se agota y la capacidad de empezar o proseguir con una labor se atrofia en ocasiones casi hasta el colapso.

En ese contexto, el informe habla de la Gen Z como de «la generación de la autoexigencia», marcada por el estrés cotidiano. De hecho, para el 39% de estos jóvenes, la decisión diaria más estresante es trabajar en sus propios objetivos, muy por encima de la media general (24%). Es decir, que aquello que más debería motivarlos, en realidad, les supone una presión extra.

La rueda de la presión irradia una suerte de contagio al resto de aspectos cotidianos, hasta el punto de que elecciones corrientes como qué ropa ponerse (19%) o asistir a un evento social (17%) ya pesan en una parte relevante de los jóvenes. Algo en lo que la hiperexposición de las redes sociales juega un papel determinante.

La marca de una generación

El estudio recoge cómo más del 30% de la Generación Z reconoce procrastinar sus objetivos y evitar tomar decisiones relacionadas con ellos. Un comportamiento recurrente que se produce, al menos, «entre dos y tres veces por semana», y que es «tres veces» el de los baby boomers.

Eso sí, no se trata de una generación sin metas. Según el estudio, en la franja comprendida entre los 18 y los 24 años, los objetivos de los jóvenes se orientan sobre todo a su desarrollo personal. En cabeza, como cabía esperar, el ejercicio físico aparece como prioridad para el 94%, seguido del aprendizaje de idiomas, para el 53%.

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