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La psicoterapeuta familiar, Teresa Moratalla

La psicoterapeuta familiar, Teresa MoratallaCedida

Teresa Moratalla, psicoterapeuta: «Evitar el divorcio a los 60 y salvar tu matrimonio es posible, pero cuesta»

En 2024 se produjeron en España 86.595 rupturas matrimoniales. Dicho de otro modo, 173.190 personas se separaron o divorciaron en el último año. Y aunque el imaginario colectivo puede dar la impresión de que la mayoría de estas parejas estarían formadas por hombres y mujeres jóvenes, agobiadas por las cargas de la paternidad y que quieren «volver a estar en el mercado», la realidad es diferente: según los datos del INE analizados en el informe El divorcio en España, de CEU-CEFAS, la gran mayoría de los que se divorcian tienen entre 40 y 59 años.

Y un dato más: el número de rupturas en personas mayores de 60 años ha crecido un 47 % entre 2013 y 2023.

Es el llamado «divorcio gris» o «divorcio tardío», que surge de la suma de factores biológicos –cuando la menopausia y la andropausia se topan en el hogar–, sociales –debido a la jubilación–, y familiares –con el llamado síndrome del nido vacío tras la emancipación de los hijos–.

Sin embargo, el camino de la separación no es, ni la mejor, ni la única alternativa, como explica para El Debate la psicoterapeuta familiar Teresa Moratalla, psicoterapeuta de familia y expresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar.

–Las cifras de rupturas en parejas de en torno a los 60 años no dejan de crecer. ¿Cuáles son las causas más comunes de estas crisis matrimoniales en ese momento de la vida?

–Efectivamente, hay un cambio importante respecto al número de divorcios en edades avanzadas. Y esto, como es lógico, no es casual, sino que está relacionado con cambios sociales que ya afectan a las generaciones de esta edad. Uno de ellos es la progresiva independencia de las mujeres a nivel laboral, económico y social, que da lugar a la posibilidad, si es el caso, de seguir la vida por caminos separados.

Además, es un momento vital complejo. Por una parte, puede ser muy positivo, porque las personas han alcanzado muchas de las metas que se habían propuesto y, en general, tienen cierta estabilidad. Pero al mismo tiempo, es un momento de replantearte la vida y evaluarte a ti mismo, con lo que has logrado y lo que todavía quieres alcanzar.

–¿Influye también que hoy las personas llegan a los 50 mucho mejor que antes?

–Claro, porque hoy los 50 son prácticamente la mitad de la vida y, en ese proceso de reflexión, la pareja es una parte muy importante a considerar, sobre todo si no se siente como positiva y satisfactoria, sino más bien como una carga que produce malestar. Además, las personas en esta edad son jóvenes todavía para establecer nuevas relaciones que impliquen un bienestar renovado y la proyección de un futuro mejor.

–¿Realmente pesa tanto en este tipo de rupturas el llamado 'síndrome del nido vacío'?

–Sí. Esta fase de la vida es tan significativa, si pensamos en la familia, porque se produce un cambio de etapa, un cambio del ciclo vital. Durante años los hijos han estado presentes en la vida familiar de forma cotidiana, incluso ocupando en muchas ocasiones el centro de la vida de los padres. Pero ahora están ya saliendo de la adolescencia, o incluso saliendo de casa, y dejan un espacio vacío en la labor de la pareja. Eso es lo que llamamos el 'nido vacío, ese momento de reencuentro de la pareja como tal, ya no como padres, sino como pareja.

Durante años los hijos han estado presentes en la vida familiar de forma cotidiana, incluso ocupando en muchas ocasiones el centro de la vida de los padres.

–Pero eso no es malo...

–En absoluto, pero pone de manifiesto y en primer plano la relación que han construido a lo largo del tiempo entre los dos. Si ha sido conflictiva, aparecen los conflictos, si no queda nada de lo que fue, no hay nada que los una, si se ha perdido el amor ya no se puede sentir. Y eso, junto a los otros factores, hacen que los divorcios a esta edad sean tan numerosos y no pocos, como cabría pensar.

–Un cónyuge que, de pronto, se vea en ese escenario de desilusión o desencanto, ¿qué pasos debería dar para salvar esa situación?

–Las relaciones de pareja son complejas, y la desilusión, el desencanto y la insatisfacción provocan un malestar que puede derivar incluso en psicopatología.

La alternativa es clara: o mejorar la relación y cambiar el escenario en el que se encuentran hacia un reencuentro, o recurrir a la separación. Por otro lado, un divorcio cuando se ha estado 30 años con una persona no es fácil e implica pérdidas a veces difíciles de superar: el espacio compartido, la casa, las cosas, el barrio, los amigos, las costumbres, el nivel de vida, la familia... Todo eso, desde lo material a lo emocional y a lo relacional, conforma lo que ha sido parte de la propia vida hasta el momento. Aparecen además miedos y temores de diferente índole: a quedarse solo, a no recuperar la vida que se tenía, a perder relaciones afectivas, a perder estatus social, a perder a los hijos o a los nietos... Hablamos, por tanto, de una decisión difícil de tomar incluso cuando la desesperación y el bloqueo que ha provocado la situación nos lleva a pensar que no hay otra alternativa. Así que en este caso, como en otros, la recomendación es siempre buscar ayuda especializada, no dejarse llevar por opiniones ni precipitarse por la dificultad.

–¿Y cuál es la mejor alternativa?

–La mejor alternativa, siempre, es realizar una terapia de pareja con un profesional experto, que les ayude a desbloquear la situación. La peor alternativa sin duda es mantener bloqueada una situación de malestar que lleva a las personas a consecuencias indeseadas.

–¿Es posible volver a enamorarte de tu marido o de tu mujer cuando ya rondan los 60?

–Es posible, siempre y cuando se mantenga de alguna manera cariño y amor, incluso ternura. Enamorarse no tiene edad: en cualquier momento es posible, y aunque «volverse a enamorar» de la misma persona carece, por lógica, de la novedad –y posiblemente también de la pasión inicial–, no deja de ser un proceso emocionalmente renovador que genera gran satisfacción.

Aunque «volverse a enamorar» de la misma persona carece de la novedad –y posiblemente también de la pasión inicial–, no deja de ser un proceso que genera gran satisfacción.

–¿Genera satisfacción? ¿Por qué?

–Porque la sensación de recuperar lo perdido, de reencuentro en lo que a cada uno le gustaba del otro, recuperando lo que les había enamorado una vez, incluso volver a hacer cosas que se habían perdido en el tiempo, es totalmente posible y deseable. Eso sí, para lograr poner en marcha este proceso de recuperación hay que poder enfrentar lo que separa, lo que hace daño, lo que genera sufrimiento, y empezar a trabajar en un proceso de reparación y de cambio que facilite y permita aflorar las emociones positivas: el amor, la ternura y también el sexo, que tampoco tiene edad.

–Y, por el contrario, ¿qué actitudes debe evitar quien se encuentra en una situación así?

–Pues, justamente, esa es la palabra clave: evitar. Porque hay que evitar «evitar». La evitación de las dificultades y de los problemas es una actitud que provoca que los temas no se resuelvan y se enquisten. Y eso provoca un gran malestar en la relación, y también personal. Algunas veces, estas actitudes generan una sensación de que nada puede cambiar. Y tanto si es por miedo, como si es por conformismo, la tendencia es «aguantar». Pero «aguantar» sin más significa malestar, porque no es posible eludir una vida cotidiana siempre difícil.

–Así que, primero, evitar evitar. ¿Y algo más?

–Otra actitud que debería evitarse es la de mantener el conflicto siempre abierto, llegando a normalizar una vida de discusiones y peleas. Eso provoca un desgaste relacional muy grande para todos. En realidad, lo que ayuda a superar estas situaciones es enfrentarlas de forma adecuada, resolverlas, y buscar alternativas que den lugar a un espacio de mejora y recuperación.

–¿Hasta qué punto puede influir negativamente el ejemplo de matrimonios cercanos que se hayan separado, para tomar la decisión de romper la pareja?

–A veces, que otros hagan lo que estamos dudando en hacer ayuda a tomar decisiones. En este caso, la decisión de separarse, sobre todo si esos otros, una vez divorciados, parecen seguir su vida satisfactoriamente, con caminos separados, pero no por ello peores.

El problema surge cuando por influencia de otras personas se lleva a cabo de forma precipitada un acto tan relevante como es un divorcio, sin haber considerado todas las variables que están alrededor de esa decisión. Hay que tener en cuenta que las situaciones, aunque parecidas, nunca son iguales, ni tienen el mismo significado para cada persona, ni para cada pareja. Cada persona es única y cada relación también lo es, y por tanto, identificarse con otros por semejanza en algunas situaciones es simplificar en gran manera la complejidad que las relaciones tienen.

La unidad del matrimonio es una decisión que compete exclusivamente a cada uno de los miembros de la pareja, porque son ellos los que conocen en profundidad el problema, y también son ellos los que, en un sentido u otro, cuentan con los recursos necesarios para resolverlo.

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