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La vuelta al colegio suele implicar nervios en niños y adolescentes

La vuelta al colegio suele implicar nervios en niños y adolescentesPexels

Dos expertas desvelan cinco cosas que los padres pueden hacer para facilitar la vuelta al cole de sus hijos

El regreso a la rutina escolar puede implicar momentos de mucha tensión durante las primeras semanas, que las familias pueden combatir con mano izquierda y siguiendo estos consejos

Después del desajuste de horarios y hábitos durante casi tres meses, la vuelta al colegio puede suponer para las familias un cóctel explosivo de nervios, emoción, miedo, cansancio, alegría y frustración.

Una auténtica «bomba emocional» que muchos adultos pueden recordar de su propia niñez, y que abruma tanto a los niños más pequeños como a los adolescentes (aunque estos ya no lloren a la puerta del colegio).

Aunque no suele ser posible escapar por completo del impacto que el regreso a las aulas tiene en las familias, sí que se puede minimizar el desgaste emocional que implica, de forma que la convivencia en casa sea, durante los primeros compases del curso, lo más llevadera posible.

Porque, como explican Guadalupe Barrado, profesora y educadora, y Cristina Arana, psicóloga y formadora de la asociación educativa Recurra Ginso, el factor clave para un inicio de curso más equilibrado es «el acompañamiento de las familias».

Cinco hábitos saludables:

Para ello, estas expertas sugieren a los padres cinco hábitos, que conviene poner en práctica con varios días de anticipación «para que la transición sea más progresiva y fácil de asimilar»:

1. Horarios de descanso y alimentación: «Establecer una rutina de sueño regular ayuda a que los estudiantes lleguen descansados y con mayor capacidad de atención. Dormir entre ocho y diez horas, según la edad, y mantener horarios estables de comidas facilita la digestión y ayuda a mantener la energía necesaria para afrontar el día escolar», destacan Barrado y Arana. Con un matiz «muy importante: es fundamental desayunar bien antes de salir de casa».

2. Limitar las pantallas: Los expertos coinciden en que, antes de los 6 años, el tiempo de pantallas debería ser cero. Y, al menos hasta los 12, no debería superar la hora. La realidad, sin embargo, suele ser otra. Por eso, estas expertas reconocen que «es un reto al que todas las familias se enfrentan a diario, porque el uso excesivo de móviles, tabletas y videojuegos puede interferir con el descanso y la concentración». Por eso, recomiendan «establecer límites diarios con horas específicas para su uso, evitarlas por la noche, sobre todo antes de acostarse, y favorecer momentos de lectura, estudio o actividades creativas sin dispositivos electrónicos».

Antes de que empiece el curso hay que limitar el tiempo de pantallas y evitar su uso, sobre todo antes de acostarse

3. Aire libre y actividad física: Sobre todo después del verano, «la práctica regular de ejercicio físico y el juego al aire libre contribuyen a reducir el estrés, mejorar la autoestima y promover la socialización. Además, el movimiento ayuda a que niños y niñas mantengan un peso saludable y a que liberen endorfinas, que ayudan a regular el estado de ánimo», destacan estas expertas.

4. Detectar ansiedad o apatía: «Es habitual –explican Arana y Barrado– que los más pequeños y los adolescentes experimenten nerviosismo o desmotivación al inicio del curso. Debemos estar atentos y observar si hay cambios de comportamiento, como irritabilidad, falta de interés o quejas frecuentes de malestar». Prestar atención a estos posibles cambios «permite actuar a tiempo y ofrecer apoyo emocional o profesional si fuera necesario», indican.

Es habitual que pequeños y adolescentes sientan nerviosismo o desmotivación al inicio del curso

5. Implicación familiar en las rutinas: Aunque siempre sea importante, en los primeros compases del curso «la participación activa de la familia en las actividades de estudio, ocio y descanso refuerza la seguridad de los estudiantes y ayuda a consolidar hábitos saludables». Así, por ejemplo, «organizar horarios, acompañar en la planificación de tareas y fomentar conversaciones sobre emociones y experiencias escolares son estrategias efectivas», recuerdan.

«Cuando escuela y hogar trabajan de forma coordinada, no sólo se facilita el aprendizaje, sino que también se previenen problemas emocionales, conductuales y de rendimiento, y se garantiza un desarrollo integral en esta etapa clave», recuerdan estas expertas.

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