Los micro-hábitos son gestos sencillos y fáciles de mantener, pero de gran impacto emocional
Los cinco microhábitos que pueden trasformar tu familia con solo dos minutos al día
La doctora Beatriz Crespo, autora de Microhábitos Saludables, propone cinco sencillos gestos para mejorar el día a día en el hogar.
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¿Pueden dos minutos diarios transformar el ambiente de tu familia y mejorar la relación con tus hijos o con tu cónyuge? Según la doctora Beatriz Crespo, autora de Microhábitos Saludables (Penguin Random House), sí: es perfectamente posible y realista que a través de pequeños gestos de menos de dos minutos se puedan fortalecer los vínculos en el hogar, mejorar la autoestima de niños y mayores, y reducir tensiones sin incrementar la carga de la agenda diaria.
Crespo, que es doctora en Medicina y en Alto Rendimiento Deportivo, y que ha sido incluida dentro del 3 % de talentos a nivel mundial en la categoría de Healthcare & Lifestyle por la prestigiosa agencia Nova Talent, explica que no se trata de incorporar simplemente nuevas rutinas, sino de adoptar pequeños gestos capaces de mostrar «que el amor también se demuestra en las cosas pequeñas».
De hecho, según argumenta, este tipo de conductas breves y fáciles de sostener en el tiempo funcionan incluso mejor que los grandes propósitos, «porque no exigen más tiempo, sino más intención, y son sostenibles, expansivos y profundamente humanos».
Además, «frente a modelos de crianza basados en los premios y en los castigos, los microhábitos saludables nos devuelven, en menos de dos minutos, al vínculo real: ese que no exige perfección, sino sólo presencia», apunta.
La doctora Beatriz Crespo, autora de Microhábitos Saludables,
Cinco microhábitos para el día a día
Además del centenar de pequeñas acciones que incluye en su libro, la doctora Crespo desgrana cinco microhábitos saludables para disfrutar en familia.
Un guiño es un gesto de complicidad
1. Guiñar un ojo con intención: «Hazlo durante una actividad compartida, como una señal secreta de complicidad. Este gesto no verbal tiene efectos positivos en el desarrollo emocional, social y cognitivo de bebés y niños. En la adolescencia, refuerza además la empatía y la conexión silenciosa».
Una rutina sencilla se transforma en recuerdos positivos
2. Lavarse los dientes juntos y terminar con un «choque de sonrisas»: Un ritual diario «que se transforma en juego, vínculo y construcción de emociones saludables entorno al cuidado personal». Al hacerlo, «las neuronas espejo favorecen con este microhábito la sincronía emocional entre miembros de la familia, lo que crea memoria afectiva, incluso cuando cada uno esté solo frente al espejo».
Los microhábitos relacionados con la música favorecen el bienestar emocional
3. Bailar una canción por la mañana al despertar o compartir un casco para escuchar una misma canción: «Uno tú, otro tu hijo: Ideal para los fines de semana (o entre semana)», apunta. De hecho, los microhábitos relacionados con la música «favorecen la comunicación emocional, la empatía y los recuerdos positivos entre generaciones», tal y como han demostrado «estudios longitudinales que han encontrado que los niños y adolescentes que crecen con estos microhábitos en su seno familiar tienden a mantener relaciones más estrechas y satisfactorias en la adultez. Además, reducen la ansiedad, mejoran el estado de ánimo y establecen una estructura emocional positiva en todos los miembros que los comparten».
Un corazón en el espejo del baño es una píldora emocional para los hijos
4. Enviar un mensaje de afecto por WhatsApp o dejar un mensaje en el espejo del baño: Un «confío en ti», «me encanta cómo piensas» o un corazón dibujado cuando aún no saben leer. «Da igual la edad: funciona. Son píldoras de validación emocional que, gestionadas de forma equilibrada y respetuosa en la adolescencia, fortalecen la autoestima y la autoaceptación de cada miembro de la familia potenciando la regulación positiva del estrés y la ansiedad».
El olfato está conectado con el sistema límbico, donde se generan los recuerdos
5. Oler la comida antes de probarla: «Invita a tus hijos a cerrar los ojos y oler la comida antes del primer bocado. El olfato está conectado con el sistema límbico, donde habitan las emociones y los recuerdos. Este microhábito estimula el desarrollo sensorial, refuerza el vínculo emocional en torno a la mesa y favorece la aceptación de nuevos sabores. Comer se convierte así en una experiencia compartida, curiosa y consciente».
Como concluye la doctora Beatriz Crespo, a través de este tipo de acciones sencillas, «fáciles de llevar a cabo en tu día a día, y que aportan placer inmediato», es posible poner «la crianza y el cuidado de tu familia» en el centro de la vida del hogar, «sin estrés, ni esfuerzo».